Crean videojuego para concientizar sobre derechos de trabajadoras textiles
Por Verónica Estrada | Reportera
Verónica dejó la maquila de ropa para poner su propia boutique y tratar de mejorar sus ganancias. Ivonne negocia con sus empleadoras los permisos para ir a recoger a su hija porque no puede llevarla al taller de costura. Inti y Martín luchan contra los daños ambientales que ha provocado en su pueblo la industria textil, como la contaminación del agua que se ha vuelto color azul mezclilla.
Estas y otras historias dieron vida a la campaña y al videojuego “Hecho en México ¿pero a qué costo?”, creados por Data Cívica y Pie de Página para generar conciencia sobre las historias de vida y falta de derechos laborales que hay detrás de la ropa que usamos día a día.
Con este desarrollo tecnológico, se busca que el usuario tenga perspectiva sobre las dificultades para sacar adelante el trabajo de “Vicky”, una costurera que, como muchas otras en México, enfrenta retos importantes para llevar a cabo sus labores de cuidadora, madre y trabajadora.
De acuerdo con datos del Instituto de Estadística y Geografía (Inegi), el 68% de las personas empleadas en la confección en México son mujeres. Pero la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) muestra que el 52% de ellas gana apenas un salario mínimo, mientras que entre hombres ese bajo sueldo lo recibe solo el 31%. Además, muchas de ellas no tienen un contrato ni prestaciones laborales, por lo que tampoco gozan de vacaciones pagadas o licencias de maternidad y llegan a trabajar jornadas de hasta 19 horas.
Por ley, el salario mínimo de una persona dedicada a la costura debe ser de entre 215 y 314 pesos diarios, dependiendo de si es en fábrica o a domicilio y si es en la zona fronteriza o el resto del país. En Uriangato, Guanajuato, costureras entrevistadas señalaron que sus ingresos van de los 1,000 a los 3,000 pesos semanales.
Según la organización Acción ciudadana frente a la pobreza, el 57% de la población empleada en industria de la moda que no tiene salario fijo, contrato o seguridad social son mujeres, y casi dos tercios no tienen un ingreso suficiente para comprar dos canastas básicas, necesarias para mantenerse a sí mismas y a otra persona.
Las costureras se enfrentan a que sus lugares de trabajo muchas veces no cumplan con medidas mínimas de seguridad, como demostró el terremoto del 19 de septiembre de 2017 con el derrumbe de una fábrica en la calle Chimalpopoca en la Ciudad de México, en el que murieron 21 personas. Y por si fuera poco, lidian con acoso sexual de parte de empleadores. –sn–

