Un símbolo de paz y amistad
Por Eric Gómez | Reportero
El encendido del pebetero, que iluminará cada una de las participaciones de los 10 mil 500 deportistas, marcó el inicio oficial de los Juegos Olímpicos París 2024. Este acto simboliza la continuidad de los Juegos Olímpicos desde la Antigua Grecia, un evento que celebra la paz y la amistad entre las naciones.
En la ceremonia, Marie-José Perec y Teddy Riner resaltaron la importancia de estos valores. La presencia del fuego olímpico, desde su origen en Olimpia, Grecia, hasta su llegada a París, representa un hilo conductor a través de la historia de los Juegos.
Fuego Olímpico
En la Antigua Grecia, los Juegos Olímpicos se desarrollaron a partir del año 776 antes de Cristo y se celebraron por última vez en el 393 después de Cristo. Cada cuatro años, Olimpia se convertía en el epicentro de estos juegos, donde el fuego permanecía encendido durante las competencias.
Los primeros Juegos Olímpicos modernos, iniciados en 1896, no contaron con el fuego olímpico. No fue hasta los Juegos de Ámsterdam en 1928 cuando apareció por primera vez un pebetero, aunque de manera circunstancial.
Encendido del Pebetero
En Ámsterdam 1928, se construyó una torre de 40 metros que sirvió de pebetero, encendido por un trabajador de una compañía de gas. Sin embargo, fue en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 cuando se introdujo el ritual del encendido del fuego desde Olimpia, Grecia.
Para garantizar un fuego puro, se utilizó un espejo parabólico que reflejaba los rayos del sol, generando la llama. Esta llama fue transportada en relevos a través de varios países europeos antes de llegar a Alemania, en un acto que combinó simbolismo olímpico con propaganda política.
Momentos Memorables
Desde entonces, el encendido del fuego en Olimpia y el pebetero en la ciudad sede se convirtieron en momentos sublimes de la ceremonia de inauguración. La grandeza de quienes han encendido el pebetero ha creado momentos mágicos en la historia de los Juegos Olímpicos.
Enriqueta Basilio, la primera mujer en encender un pebetero en México 1968, y Muhammad Ali, quien encendió el pebetero en Atlanta 1996, son ejemplos de esta grandeza. Ali, además de ser un destacado boxeador, fue un ferviente luchador por los derechos civiles.
Proezas y Espectáculo
Uno de los momentos más grandiosos y espectaculares lo protagonizó Antonio Rebollo en Barcelona 1992. Rebollo lanzó una flecha con fuego olímpico que recorrió 80 metros para encender el pebetero.
Aunque más tarde se supo que la flecha pasó de largo y un dispositivo sincronizado encendió el pebetero, la primera impresión del acto quedó en la memoria colectiva como una proeza inaudita y fantástica. Este momento reflejó la magia del fuego olímpico y su espíritu inquebrantable. –sn–

