Se registra un atentado contra Evo Morales, acusa a Luis Arce de intentar eliminarlo

SN Redacción | Agencias

La Paz, Bolivia. El expresidente Evo Morales denunció que su coche fue atacado por encapuchados armados, quienes dispararon al menos 14 veces mientras él se dirigía a su programa en la radio cocalera. Este incidente ocurrió en el contexto de los bloqueos carreteros de sus partidarios, quienes rechazan la orden judicial que obliga a Morales a responder por acusaciones penales.

Morales relató los hechos durante su transmisión habitual, afirmando que los atacantes intentaron emboscarlo. Sus allegados difundieron imágenes de los vehículos con impactos de bala en el parabrisas y la carrocería. El expresidente aseguró que helicópteros sobrevolaron la zona durante el ataque.

Denuncia de Morales y silencio gubernamental

Morales responsabilizó directamente al presidente Luis Arce, su sucesor y heredero político, de haber ordenado el presunto ataque. Acusó a Arce de querer eliminarlo y calificó su gobierno como el “peor de la historia”. La acusación de Morales ha generado una ola de reacciones en el país.

Desde el Chapare, donde Morales se ha mantenido refugiado, denunció las intenciones de Arce, mientras dirigentes cocaleros organizaron vigilias para su protección. Hasta el momento, el gobierno no ha respondido a las acusaciones, y The Associated Press informó que intentó obtener comentarios sin éxito.

La relación entre Arce y Morales se ha deteriorado profundamente en los últimos meses, en medio de la lucha por el control del Movimiento al Socialismo (MAS) y con miras a las elecciones presidenciales de 2025. Morales ha acusado a Arce de llevar al país hacia el “descalabro económico” y de armar un caso judicial para apartarlo de la contienda.

Tensión en el Movimiento al Socialismo

Por su parte, Arce ha acusado a Morales de “boicotear” su administración, afirmando que el exmandatario intenta acortar su mandato en beneficio propio. Este enfrentamiento ha fragmentado al partido gobernante, generando incertidumbre en la política boliviana.

La noche del sábado, en un giro inesperado, el presidente Arce reemplazó a la cúpula militar del país. Al presentar a los nuevos jefes militares, el mandatario les encomendó la tarea de “garantizar el restablecimiento del orden público” en medio de las protestas de los seguidores de Morales.

Esta decisión fue vista como un mensaje claro de que el gobierno no tolerará las protestas que han desabastecido a las ciudades y generado escasez de alimentos y combustible. La población enfrenta un alza en el costo de vida, lo que incrementa el malestar social.

Crisis económica y social en aumento

Los cortes carreteros, promovidos por partidarios de Morales, han bloqueado rutas cruciales, afectando el suministro de productos esenciales en las principales ciudades del país. Esta situación ha desatado un fuerte descontento entre la ciudadanía, que enfrenta aumentos en los precios de alimentos y combustibles.

La crisis económica que atraviesa Bolivia se ha agudizado con las protestas, generando temor entre los sectores más vulnerables. Los analistas advierten que la tensión podría agravarse si no se restablece el abastecimiento en las ciudades afectadas.

Morales se encuentra en el Chapare desde hace dos semanas, resguardado por dirigentes cocaleros, luego de que la fiscalía emitiera una orden de detención en su contra. Esta orden responde a acusaciones por presunto abuso a una menor, una denuncia que Morales niega y considera como parte de una estrategia política.

El impacto de las vigilias y la orden de detención

El conflicto ha provocado que sus seguidores organicen vigilias para protegerlo, intensificando el ambiente de confrontación y polarización. La movilización de los cocaleros es vista por algunos sectores como una muestra de lealtad hacia el líder histórico.

El conflicto entre Morales y Arce revela la lucha interna por el poder dentro del MAS, un partido que ambos lideraron en distintas etapas. El enfrentamiento tiene implicaciones profundas, tanto para la estabilidad del gobierno como para las perspectivas electorales de 2025.

El desgaste de la relación entre el actual presidente y su predecesor representa un riesgo para la cohesión del partido y para la gobernabilidad en un país que enfrenta una compleja situación económica y social. Esta pugna añade una capa de incertidumbre a un escenario ya de por sí volátil. –sn–