La colaboración entre sectores, el uso estratégico de datos y una regulación adecuada serán claves para consolidar esta nueva etapa de innovación en la banca.
Por Deyanira Vázquez | Reportera
El sector financiero en México atraviesa una transformación profunda, guiada por la disrupción tecnológica y una renovada orientación al cliente. En este contexto, el modelo de Open Finance —que promueve el intercambio de datos financieros entre actores diversos del ecosistema con autorización del usuario— se perfila como el siguiente gran paso en la evolución del sistema bancario y de servicios financieros en el país.
De acuerdo con Raymundo Ramírez Rochin, Director de Business Consulting en Minsait, empresa del Grupo Indra, este modelo representa mucho más que una innovación tecnológica: es una nueva misión para modernizar de fondo el sistema financiero nacional y conducir hacia una inclusión más amplia, equitativa y efectiva.
"Quienes han afrontado el reto de transformarse, rara vez se han equivocado", afirma el ejecutivo. "Están adoptando una opción alternativa para llevar a sus organizaciones hacia una transformación distinta a la que conocíamos hace algunos años".
Ramírez destaca que la apertura a modelos innovadores ha dejado de ser una aspiración para convertirse en una necesidad estratégica. Actualmente, bancos tradicionales, fintechs, neobancos e insurtechs ofrecen una variedad creciente de productos digitales; Mientras tanto, empresas de sectores como retail, energía, salud o telecomunicaciones están incursionando en servicios financieros como pagos digitales, microcréditos y tarjetas virtuales.
Según datos de mercado, durante 2024 se reportó que el número de usuarios de servicios digitales financieros en México creció 35%, alcanzando la cifra de más de 45 millones de usuarios. Además, un informe del Banco de México destacó que las transacciones realizadas a través de aplicaciones Fintech superaron los $200,000 millones de pesos, lo que representa un aumento del 50% con respecto al año anterior.
Así, ya no se trata solo de cuestionar si el sector financiero ha sido innovador, sino de analizar si la puerta a la innovación está lo suficientemente abierta como para maximizar los beneficios y dar apertura a nuevos jugadores en el mercado.
Sin embargo, Ramírez advierte que aún existen obstáculos importantes para consolidar el modelo de finanzas abiertas en el país, siendo el principal la falta de un marco regulatorio maduro. "El proceso de concretar una regulación definitiva avanza a un ritmo pausado", subraya. "Es indispensable que las instituciones financieras, las autoridades y los entes reguladores trabajen en conjunto para liberar todo el potencial del Open Finance".
En esencia, el modelo se basa en la posibilidad de que diferentes entidades financieras compartan —a través de APIs— información del cliente, como historial de pagos, ingresos, hábitos de consumo o inversiones. Esto, autorizado expresamente por el usuario, permite desarrollar productos más ágiles, personalizados y alineados a sus necesidades reales. "Un consumidor mejor atendido, a través de una oferta más oportuna y personalizada, es un detonante de valor para toda la industria", enfatiza el directivo.
Ramírez plantea un ejemplo claro: si una empresa de comercio minorista que ofrece servicios financieros se asocia con un banco para compartir información, ambos pueden crear una oferta más completa. A través del análisis de datos con inteligencia artificial, podrían identificar que un cliente que utiliza una tarjeta digital también podría beneficiarse de un seguro médico, una inversión o un crédito personalizado. –sn–

