Cada septiembre, comerciantes mexiquenses viajaron a Puebla para vender accesorios patrios y sostener a sus familias.
Por Jorge Hernández | Corresponsal
Cada año, a finales de agosto, Norma Gutiérez salie de su hogar en Santa Ana Jilotzingo, Otzolotepec, estado de México, para viajar a Puebla. Llevó consigo un carrito repleto de banderas, bigotes, trenzas, sombreros y accesorios patrios. El recorrido marcó el inicio de una temporada intensa de ventas.
Desde hace diez años, junto a su esposo Daniel, emprendió este viaje de manera constante. La pareja convirtió la venta en una actividad que les permitió sostener a sus hijos. Sin embargo, reconoció que los ingresos disminuyeron de manera significativa en la última década.
“Cuando llegamos a Puebla hace diez años, vendíamos más de tres mil pesos diarios. La gente se detenía en las esquinas y compraba con facilidad. Hoy, si logramos 600 pesos en toda la jornada, ya consideramos que el día fue bueno”, relató Gutiérrex.
La comerciante recordó que sus ganancias sirvieron para dar educación a sus tres hijos. Uno trabajó en una tienda, otro la acompañó en la venta y la más joven concluyó enfermería. Pese a las dificultades, sostuvo que el negocio mantuvo a la familia unida y activa.
Del edomex a Puebla
La tradición comercial inició con Daniel y su hermano, quien falleció durante la pandemia. Posteriormente se integró un sobrino al negocio familiar. Con el tiempo, la actividad se consolidó como la principal fuente de ingresos en septiembre.
“El jefe de este trabajo siempre fue mi esposo. Él organizó a los jóvenes que se sumaron, compró la mercancía y sacó las cuentas. También consiguió pensiones para guardar las camionetas y tener dónde dormir”, expresó Gutiérrez.
La vendedora permanece en un punto fijo de la 3 Sur y la 27 Poniente. Trabajó de 9:00 a 19:00 horas, cuando Daniel la recogió para regresar a la pensión. Esa rutina se repitió a lo largo de la estancia en Puebla.
Llegaron el 24 de agosto y partieron el 16 de septiembre. “Son casi cuatro semanas fuera de casa. Más allá del cansancio, lo difícil fue comer poco y en horarios irregulares. La alimentación se redujo a galletas o papas, con escasa agua”, dijo.
Trabajo con sacrificios
García explicó que el costo de los sanitarios públicos influyó en la hidratación. “Cada ida cuesta cinco o seis pesos, y al vender no puedes dejar tu mercancía sola. Eso complica hasta beber agua en días de calor”, relató.
La preparación de productos fue otra parte del trabajo. “Mi esposo calculó lo que más se vendió, compró el material y nosotros lo armamos. Las banderas y rehiletes se entregaron por partes, y en la noche los ensamblamos para venderlos al día siguiente”, señaló.
Por motivos de seguridad, ella permaneció en el mismo lugar. El resto del grupo caminó por el Zócalo de Puebla, El Mirador, avenida Juárez y La Ánimas. Bajo la lluvia o el sol, ofrecieron los productos a transeúntes y en viviendas.
La historia de Norma reflejó la de decenas de comerciantes que dejaron a sus familias para generar ingresos. Muchos vivieron la venta de septiembre como una oportunidad única de asegurar recursos hasta el siguiente año.
Negocio familiar en resistencia
Los accesorios patrios elaborados en Jilotzingo tuvieron una fuerte tradición comunitaria. La zona se consolidó como cuna de productos alusivos a las fiestas patrias. Desde ahí salieron familias enteras hacia distintas ciudades, principalmente Puebla, para abastecer los festejos.
Aunque los ingresos disminuyeron, la actividad continuó siendo vital para comunidades enteras. Los vendedores se organizaron en grupos familiares y recorrieron calles con mercancías que iban desde banderas hasta collares tricolores. El esfuerzo se mantuvo como una estrategia económica local.
La pandemia alteró el ritmo del negocio y provocó la pérdida de integrantes como el hermano de Daniel. Sin embargo, los sobrevivientes reforzaron la unión y mantuvieron la actividad en memoria de quienes iniciaron. La venta representó tanto tradición como subsistencia.
El mes patrio finalizó con la partida de los comerciantes. Regresaron a sus comunidades con las ganancias obtenidas. Para muchos, esos ingresos representaron el ahorro necesario para cubrir gastos hasta la llegada del próximo septiembre. –sn–


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