El comercio del futuro no seguirá caminos predecibles y demandará adaptabilidad, y la omnicanalidad conecta tiendas físicas, digitales y puntos de entregas
Por Deyanira Vázquez | Reportera
La omnicanalidad se ha consolidado como uno de los mayores diferenciadores competitivos en el comercio global. Hoy ya no basta con ofrecer un buen producto o una tienda atractiva; los consumidores esperan experiencias coherentes, fluidas y personalizadas, sin importar si interactúan en un canal digital, físico o híbrido.
Esta transformación no solo responde a las preferencias de compra, sino que refleja un imperativo estratégico: en un mercado en constante cambio, la capacidad de integrar y coordinar múltiples canales es la clave para crecer de manera sostenible.
La historia reciente lo demuestra. Las marcas que sobrevivieron y prosperaron en medio de disrupciones logísticas, cambios en los hábitos de consumo y nuevos modelos de negocio, fueron aquellas que convirtieron la complejidad en ventaja. Y la omnicanalidad es precisamente eso: un puente entre sistemas, equipos y experiencias que, cuando está bien orquestado, multiplica el valor para el cliente y la eficiencia para la empresa.
"En nuestra compañía hablamos de omnicanalidad evolucionada: una propuesta donde inventarios, carritos y puntos de venta se integran para ofrecer soluciones que responden a la intención real del consumidor", sostiene Héctor Tinjacá, Gerente General para Latinoamérica Norte, VTEX. –sn–

