México y Filipinas reforzaron vínculos culturales mediante una exposición histórica. Galeón une memorias compartidas.
Por Adriana López | Reportera
En el Colegio de San Ildefonso se inauguró la exposición El Galeón de Acapulco-Manila. Somos Pacífico. El mundo que emergió del trópico, donde se recuperó la relación construida por México y Filipinas a lo largo de 250 años, y se recordó la ruta marítima que conectó ambos territorios entre 1565 y 1815. La muestra presentó una visión integral sobre los intercambios culturales que definieron ese periodo transoceánico, y ofreció un panorama renovado sobre la influencia histórica entre ambas regiones. Las autoridades resaltaron que el recinto se convirtió en un espacio clave para comprender la profundidad de esa conexión.
La ceremonia de inauguración en el anfiteatro Simón Bolívar fue encabezada por el presidente de la República de Singapur, Tharman Shanmugaratnam, acompañado de Jane Yumiko Ittogi, así como por Claudia Curiel de Icaza, secretaria de Cultura del gobierno federal. También participaron Leonardo Lomelí Vanegas, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y José Alfonso Zegbé Camarena, jefe de la Unidad de Coordinación Intersectorial de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE). El acto oficial congregó a funcionarios, diplomáticos y representantes institucionales de ambas naciones.
Al dar la bienvenida, el rector Lomelí Vanegas afirmó que para el mundo que emergió del Trópico el océano fue un espacio que articuló economías, lenguas y devociones. Señaló que ese entramado abrió oportunidades de encuentro entre comunidades de distintos continentes, y subrayó que también produjo injusticias que era necesario reconocer. Afirmó que la memoria histórica debía revisarse con rigor para comprender su impacto en el presente.
Historia y vínculos culturales
La exposición mostró más de tres centenares de objetos provenientes de colecciones nacionales e internacionales, e integró cerámicas, textiles, mapas y documentos. Los curadores indicaron que no se trató solo de un recorrido estético o documental, sino de la reconstrucción de un sistema cultural que definió prácticas sociales durante siglos. El proyecto permitió reflexionar sobre similitudes entre México y el sudeste asiático.
La muestra unió elementos de dos exposiciones: Galeón de Manila: de Asia a América, del Museo de Civilizaciones Asiáticas de Singapur, y Tropical: Historias del sudeste asiático y Latinoamérica, de la Galería Nacional de Singapur y de los museos Ayala e Intramuros de Filipinas. Además, integró fondos nacionales públicos y privados con el objetivo de difundir la trascendencia de los vínculos entre México y Asia. Las instituciones participantes señalaron que el diálogo museográfico fortaleció la perspectiva global del proyecto.
El rector reconoció la colaboración de múltiples organismos y patrocinadores, y agradeció la participación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y del Archivo General de la Nación (AGN). También mencionó al Museo Franz Mayer, la Casa Estudio Luis Barragán, el Programa de Estudios Filipinas–México, y los institutos de Investigaciones Históricas e Investigaciones Estéticas de la UNAM. Destacó el trabajo de la Embajada de México en Singapur, que facilitó los procesos logísticos.
Cooperación internacional
Las autoridades resaltaron que el apoyo diplomático del gobierno federal permitió el intercambio necesario para concretar la exposición. La SRE y las embajadas de México en Singapur y Filipinas impulsaron los acuerdos institucionales. Se señaló que los gobiernos de Singapur y Filipinas ofrecieron respaldo para fortalecer la colaboración cultural entre naciones.
En su intervención, Claudia Curiel de Icaza afirmó que el Pacífico fue un puente vivo entre pueblos, saberes y culturas. Expuso que mirar el mundo desde el Pacífico implicó cuestionar relatos construidos desde un solo centro. Sostuvo que la modernidad también tuvo origen en otras rutas e intercambios históricos.
Curiel sostuvo que la exposición recuperó la perspectiva de los 250 años de la ruta Acapulco-Manila y los efectos que transformaron ambas orillas del océano. Señaló que lenguas, oficios, técnicas, artes y devociones cambiaron debido al flujo continuo de personas y conocimientos. La funcionaria recordó que la revisión histórica permitía comprender la magnitud de esa interacción. –sn–


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