No participar en conversaciones virtuales puede ser una forma de aislamiento social. Quedan fuera de la información, decisiones y dinámicas grupales. Convivir de manera respetuosa en es tan importante como hacerlo en contextos presenciales.
Por Gabriela Díaz | Reportera
La exclusión digital entre menores, adolescentes, e incluso adultos, como quedarse fuera de grupos de WhatsApp o no ser considerados en planes sociales, representa un factor de riesgo emocional que suele intensificarse durante los periodos escolares, así lo consideró la especialista de la salud mental Mireya Nájera.
La maestra en psicología explicó que, aunque para los adultos pueda parecer un asunto menor, para adolescentes de entre 12 y 16 años este tipo de exclusión significa una pérdida real de vínculos, referencias compartidas y sentido de pertenencia, ya que gran parte de su vida social se traslada al entorno digital; “en esta etapa del desarrollo, no participar en conversaciones virtuales podía vivirse como una forma de aislamiento social”.
Nájera Villeda detalló que los efectos de la exclusión digital se manifiestan tanto a nivel emocional como social, generan inseguridad, frustración, tristeza persistente y una marcada sensación de rechazo. Añadió que, en el plano social, los adolescentes quedan fuera de la información, decisiones y dinámicas grupales que deben reforzar su identidad dentro del grupo.
Valor personal
Indicó que, en la mayoría de los casos, no existe una causa clara para la exclusión, sino que responde, a veces, a conflictos previos, dinámicas de popularidad o reacomodos dentro del grupo. “Esta falta de explicación lleva a muchos adolescentes, incluso adultos, a responsabilizarse de la situación, cuestionando su valor personal y su capacidad de encajar socialmente”.
La psicóloga alertó, además, que la normalización de estas prácticas puede convertirse en antesala de formas más visibles de ciberacoso, cuando el rechazo deja de ser pasivo y se convierte en explícito. Por ello, consideró fundamental atender con algún experto en la salud mental estos episodios desde etapas tempranas para evitar consecuencias más graves.
Respecto a la detección, la psicóloga Mireya Nájera señaló que la exclusión digital suele ser silenciosa y difícil de identificar, pero existen señales de alerta como cambios bruscos de humor, irritabilidad, apatía, tristeza constante o conductas contradictorias con el uso del teléfono móvil. Precisó que algunos adolescentes muestran un uso excesivo del dispositivo, mientras otros optan por evitarlo por completo.
Periodos de vacaciones
También mencionó que el aislamiento social, la falta de interés en actividades antes placenteras y la disminución del contacto con amistades, son indicadores relevantes, los cuales se intensifican durante periodos de vacaciones. Ante ello, subrayó la importancia de no minimizar estas conductas, ni compararlas con experiencias adultas.
La especialista en la salud mental enfatizó que la escucha activa, la validación emocional y la ausencia de juicios resultan herramientas clave para que los adolescentes se sientan acompañados. Afirmó que frases que minimizan el problema pueden reforzar la sensación de incomprensión y soledad.
En materia de prevención, Mireya Nájera resaltó la relevancia de la educación digital como un componente central del desarrollo emocional, ya que lo que ocurre en entornos virtuales tiene efectos reales en la autoestima y las relaciones personales. Sostuvo que enseñar a convivir de manera respetuosa en espacios digitales es tan importante como hacerlo en contextos presenciales.
Uso equilibrado
Añadió que el ejemplo adulto desempeñó un papel determinante, pues el uso equilibrado de la tecnología por parte de padres y cuidadores influye directamente en la forma en que los adolescentes se relacionan con sus dispositivos. Señaló que respetar tiempos de desconexión y priorizar la convivencia cara a cara envió mensajes claros sobre hábitos saludables.
Finalmente, la psicóloga Mireya Nájera recomendó dotar a los adolescentes de herramientas prácticas para gestionar estas situaciones, cómo establecer límites de uso del móvil, reducir la atención a dinámicas digitales que generen malestar y fortalecer alternativas de convivencia fuera de las pantallas; “el acompañamiento familiar y el diálogo constante favorecen un uso más empático y saludable de la tecnología, especialmente en etapas de mayor vulnerabilidad emocional. –sn–


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