¿De qué debo escribir para esta semana?, me pregunté. Hice un recorrido sobre los temas que podía comentar. De repente saltó uno: Bad Bunny (BB) y su espectáculo histórico, inolvidable del Súper Bowl número 60.
Por Mario A. Medina
He de decir que no soy un fan del futbol americano y que he escuchado poco de la música del puertorriqueño. Sin embargo, me agrada. Camino por la tercera edad; me gustan el Cha-cha-chá; mambo; baladas, salsa, cumbia y, desde luego, la música mexicana. ¡Claro! Juan Gabriel, y otros muchos compositores e intérpretes de aquí y de afuera.
Se dice que BB rompió récord de audiencia en el intermedio futbolero; superó los 142,3 millones de espectadores alrededor del mundo, a pesar del intento de remplazarlo por el cantante de country, George Strait, quien fue condecorado meses atrás por el mismísimo Donald Trum. No sirvieron de nada las más de 100 mil firmas que en la plataforma “Change.org”, pedían no llegara al escenario.
El mensaje de Donald Trump en su red social Truth Social no me sorprendió. Un rato después de haber terminado el encuentro entre las Águilas de Filadelfia y los Patriotas de Nueva Inglaterra, Trump mostró su encabronamiento; estaba furioso por el mensaje del puertorriqueño, a pesar de que había anunciado que no lo vería.
“Es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia”. Habló cínicamente de falta de “valores” del cantante.
Le enojó el uso del idioma español: “Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo”. Pero no sólo esto, BB provocó que el cinismo trumpiano aflorara cuando calificó como “repugnante” el baile, “especialmente para los niños pequeños que lo ven desde todo los Estados Unidos y el mundo”, buscó descalificarlo cuando él está acusado en los “expedientes Epstein” de ser un pederasta.

He podido escuchar y leer varias decenas de interpretaciones, muy interesantes todas, de lo que BB y sus productores buscaron con música, baile y creatividad, denunciar al mundo en este momento en que los latinos allá, principalmente, están viviendo una de las situaciones más difíciles: perseguidos, acosados, asesinados por el ICE. Sí, en aquel país que presume ser la nación de la libertad.
Noam Chomsky, en una entrevista en La Jornada en mayo de 2023, llegó a decir que “Estados Unidos es el país más libre del mundo, pero el más adoctrinado” porque la palaba “socialismo” estaba prohibida. Con Trump estamos presenciando que EU es la nación menos libre, más corrupta y antidemocrática que se conozca.
El espectáculo del medio tiempo estuvo lleno de simbolismos que han sido descifrados de distinta manera, pero no contrapuestos; se retroalimentan, confluyen al final en un mismo punto: “somos uno”, “somos latinos”; “somos fieles a nuestras raíces, a nuestras costumbres, a nuestro idioma, a nuestras culturas, a nuestra música, a nuestros bailes”, y sí, tenemos muchos “huevos”, y por eso estamos aquí, juntos, unidos con nuestras banderas acompañando a la de las barras y las estrellas.
Dice Trump que BB canta “horrible”. Juan Ortega en un texto que compartió el periodista Alejandro Caballero expone: “el mérito de Benito no es cantar bonito ni bailar mejor, es incomodar, abrir conversación y poner temas en la mesa que otros prefieren no ver”.
Efectivamente, como señala Ortega, el mensaje de Benito Antonio no es genérico. Tenía un destinatario preciso, lo que “explica la incomodidad y la reacción”.
Al recibir su Grammy, hace poco más de una semana, ya se había sumado al hartazgo de la comunidad latina y aprovechó el escenario para dar gracias a Dios por el reconocimiento y expresó un contundente: “fuera ICE”.

Bien vale recordar y reconocer a otros personajes como el mexicano, César Chávez, considerado “ícono de la lucha social” reconocido por su liderazgo en la defensa de los derechos de los trabajadores agrícolas de México y de Latinoamérica, allá en 1962.
Desde luego al panameño Rubén Blades, un maestro, digo yo, de la “crónica de color”, que en “Tiburón”, en una “hermosa metáfora” se referirse a la política exterior de EU en Centroamérica y el Caribe. Tiburón representa un “reclamo y una denuncia” contra el imperialismo estadounidense, y otros muchos que, como el guatemalteco, Ricardo Arjona, compuso “Mojado” allá en 2005, “considerado por los migrantes como un himno durante sus presentaciones en EU.
Desde luego, Los Tigres del Norte que en sus letras se observa cómo las vivencias de los migrantes han influido en su música. “De paisano a paisano” que han cantado en tierras gringas: “Nos han hecho la guerra patrullando fronteras, no nos pueden domar…”.
En el mismo escenario alzó la voz otro boricua, Ricky Marti, quien interpretó en 20 segundos una canción del mismo BB: “Quieren quitarme el río, también la playa; quieren el barrio mío y que mi abuelita se vaya…”. Fue una advertencia a los intentos de despojo de empresas inmobiliarias de EU que buscan desplazar a familias puertorriqueñas de sus propiedades, que no les pase lo que a Hawaii; además de un llamado a no perder su identidad.
El “Show de Medio Tiempo”, no solo fue un espectáculo musical, fue un evento cultural, pero sobre todo político porque precisamente estuvo pensado para mandar un fuerte, fuertísimo mensaje a quien habita la Casa Blanca.
La contrariedad de Trump es que un personaje al que él repudia, se atrevió a contrariarlo, a desafiarlo, a enfrentar a la moral enferma y corrupta del presidente de la nación más poderosa del planeta; a denunciar al “nuevo orden de cosas” que aquel quiere imponer.
Como Fidel Castro, BB puso el “mal ejemplo” en vivo -en 13 minutos durante el mayor espectáculo estadunidense trasmitido en televisión abierta y digital-, que a Trump se les puede retar, resistir, ganar, cantar, bailar a nuestros ritmos: reggaetón, salsa, merengue, mambo; sembrar nuestras culturas y que florezcan; hablar en español, y que la Real Academia de la Lengua Española haya felicitado al boricua por defender su idioma, pero sobre todo, porque se puede ser dignos frente a ellos, nunca vasallos.
Los simbolismos del espectáculo de Benito Antonio Martínez pueden tener mil interpretaciones y todas innegables, pero una cosa es cierta, fue un triunfo inolvidable durante el halftime show, cuando el “Conejo Malo” le salió al Diablo pelos de zanahoria.
Que no le cuenten…
Hablando de “Julios”, de la denuncia periodística, de su ejercicio, no podemos decir: “De tal palo, tal astilla”.
*Periodista: @MarioA_Medina


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