Se trata de un proceso de exploración identitaria propio de la adolescencia. Etapa en la que los jóvenes buscan definirse, encontrar pertenencia y construir una narrativa sobre quiénes son.
Por Gabriela Díaz | Reportera
El fenómeno conocido como “therian”, donde algunas personas se manifiestan e identifican como animales, no es una enfermedad mental, “debe comprenderse desde un ámbito de la construcción de la identidad y no como un trastorno mental”, afirmó la psicóloga Mireya Nájera.
“Este fenómeno, que ha aparecido de manera reciente en nuestro país, debe obligar a padres y docentes a priorizar la salud emocional de los jóvenes por encima de etiquetas”, dijo la especialista en la salud mental.
Explicó que una persona “therian” es aquella que se identifica a nivel psicológico o simbólico con un animal no humano, ya sea de forma parcial o total, y que puede expresar esa afinidad mediante movimientos, dinámicas grupales o el uso de accesorios, como ha ocurrido en la víspera en instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), tras una convocatoria pública para manifestarse.
Diagnóstico clínico
La psicóloga Nájera Villeda descartó, sin embargo, que esta identificación, por sí misma, genere un diagnóstico clínico; “no estamos hablando de una enfermedad, ni de un cuadro psiquiátrico. En la mayoría de los casos se trata de un proceso de exploración identitaria propio de la adolescencia, una etapa en la que los jóvenes buscan definirse, encontrar pertenencia y construir una narrativa sobre quiénes son”, señaló.

La especialista en la salud mental indicó que este tipo de expresiones pueden compararse con fenómenos juveniles de otras generaciones, como las tribus urbanas o las subculturas musicales. “Cada época tiene sus códigos. Lo relevante no es la etiqueta que adopten, sino si el adolescente mantiene bienestar emocional, vínculos sanos y funcionalidad en su vida cotidiana”, puntualizó.
La especialista en la salud mental enfatizó que la verdadera preocupación clínica debe centrarse, en su caso, en posibles señales de alerta como el aislamiento prolongado, pérdida de interés en actividades habituales, cambios drásticos en el rendimiento escolar, irritabilidad persistente, alteraciones del sueño, autolesiones o conflictos familiares constantes.
Comunicación familiar
“Si un adolescente se identifica con un animal y está emocionalmente estable, tiene amigos, cumple con sus responsabilidades y mantiene comunicación familiar, no hay motivo para alarmarse. El foco debe ponerse en conductas que indiquen sufrimiento psicológico, no en la identidad en sí”, sostuvo.
En entrevista, la maestra en psicología Mireya Nájera también resaltó el papel de las redes sociales en la expansión del fenómeno; explicó que los algoritmos digitales refuerzan intereses específicos, mostrando contenidos similares de manera reiterada, lo que facilita la formación de comunidades virtuales con intereses compartidos. Este entorno, dijo, puede fortalecer el sentido de pertenencia, un elemento crucial durante la adolescencia.
“Sentirse parte de un grupo es fundamental para el desarrollo emocional. Cuando un joven encuentra personas que comparten sus intereses, experimenta validación y comprensión. Eso puede ser positivo, siempre que no derive en conductas de riesgo o en un aislamiento extremo del entorno real”, añadió.
Comportamientos en el hogar
No obstante, Nájera Villeda subrayó la importancia de la guía familiar; recomendó escuchar sin burlas, ni descalificaciones, abrir espacios de diálogo y, al mismo tiempo, establecer límites claros respecto a comportamientos en el hogar y en espacios públicos.
“La clave está en el equilibrio. La familia debe mostrarse disponible para comprender lo que el adolescente siente, pero también debe marcar normas de convivencia. Si las conductas se vuelven extremas o interfieren con la vida diaria, entonces sí es necesario buscar acompañamiento profesional”, explicó.
Finalmente, la psicóloga Mireya Nájera reiteró que la salud mental juvenil requiere atención temprana y acompañamiento empático. “Más allá de modas o etiquetas, lo verdaderamente importante es que nuestros adolescentes se sientan seguros, escuchados y emocionalmente sostenidos. Esa es la base de cualquier identidad saludable”, concluyó.–sn–


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