Los sistemas fragmentados, las comisiones y la dependencia del efectivo están limitando el impacto económico real del dinero digital.
Por Deyanira Vázquez | Reportera
México ha logrado avances significativos en los pagos digitales durante la última década. Los sistemas de transferencia en tiempo real, un ecosistema fintech en crecimiento y los vastos flujos de remesas han redefinido la forma en que el dinero ingresa al país. Según el informe más reciente del Banco de México, el país recibió 61,000 millones de dólares en 2025, posicionando a México como uno de los mayores receptores de estos flujos a nivel mundial.
Sin embargo, a pesar de este progreso, persiste un desafío estructural que limita el crecimiento económico a largo plazo del país. Si bien México ha digitalizado con éxito la forma en que el dinero entra al país, no ha logrado integrar plenamente los sistemas que permiten que esos fondos circulen digitalmente una vez que llegan.
Como resultado, una parte significativa de las remesas y otros ingresos se retiran de inmediato en efectivo, saliendo del sistema financiero antes de que puedan ser ahorrados, invertidos o conectados a créditos y otros servicios financieros. Este desequilibrio subraya un problema mayor: la fragmentación de los pagos.
De acuerdo con un informe de la Fundación Interledger, titulado The Missing Link: Remittances and Socially Trusted Financial Intermediation (El eslabón perdido: remesas e intermediación financiera socialmente confiable), los flujos de remesas en la región a menudo operan dentro de un "círculo vicioso".
El análisis académico independiente, desarrollado por investigadores de instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), LA Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) revela que los recursos llegan principalmente en efectivo, se utilizan de inmediato para el consumo básico y no logran fortalecer el ahorro, el acceso al crédito o la inversión productiva a largo plazo. –sn–

