En Latinoamérica y el Caribe alcanzamos capacidad de respuesta de 13% ante los ciberataques. Se requiere resiliencia digital a riesgos sistémicos por ataques.
Por Gabriela Díaz | Reportera
La ciberseguridad se ha convertido en el principal factor de estabilidad para las organizaciones de Latinoamérica y el Caribe, así lo afirmó Ezequiel Aguiñiga Tinoco, presidente del Consejo de Administración de Proyectos y Suministros Interdisciplinarios (PSI-México).
El también investigador del Instituto Politécnico Nacional (IPN) explicó que, mientras en los Estados Unidos y Europa la confianza en la capacidad de respuesta ante ataques a infraestructura crítica promedia el 84%, en Latinoamérica y el Caribe apenas alcanza el 13%; por lo que, esta diferencia es un reflejo de vulnerabilidades estructurales que inciden directamente en la continuidad operativa y la rentabilidad empresarial.
“La ciberseguridad es hoy un componente de gobernanza corporativa y de estabilidad económica. Las organizaciones que no fortalezcan su resiliencia digital quedarán expuestas a riesgos sistémicos, tal y como se ha visto en recientes días con ataques sistemáticos a infraestructura pública”, sostuvo.
Fraude sistémico
En entrevista, el ingeniero Aguiñiga Tinoco identificó tres ejes que marcarán el rumbo de la región para los próximos meses. El primero es el auge del fraude sistémico impulsado por inteligencia artificial generativa. Advirtió que el 77% de los líderes globales considera que el fraude cibernético y el phishing son su principal amenaza, por encima del ransomware. Además, el 87% advierte que la IA representa el riesgo de crecimiento más acelerado debido a su capacidad de automatizar engaños a gran escala.

“Estamos frente a una industria del fraude que opera con precisión algorítmica. Ya no busca únicamente interrumpir sistemas, sino infiltrar procesos, suplantar identidades y erosionar la confianza de manera silenciosa”, explicó Aguiñiga Tinoco. Añadió que la única respuesta viable es incorporar inteligencia artificial defensiva, analítica predictiva y monitoreo continuo para reducir tiempos de detección y evitar impactos financieros irreversibles.
El segundo eje es la denominada “ciber-inequidad”, es decir, la brecha de talento especializado. Indicó que el 85% de las organizaciones con baja resiliencia atribuye su vulnerabilidad a la falta de personal capacitado. En Latinoamérica y el Caribe, el 69% de las empresas reconoce que su principal debilidad es la escasez de habilidades técnicas.
Calidad del servicio
“La falta de talento genera una deuda técnica que compromete la calidad del servicio y la sostenibilidad financiera. La estabilidad empresarial es proporcional a la profundidad técnica de sus equipos”, afirmó.
El tercer eje se relaciona con el marco normativo. Frente a la baja percepción de seguridad en la región, Aguiñiga Tinoco subrayó que el fortalecimiento de leyes y regulaciones es un elemento clave para elevar estándares de protección.
“Más que soberanía geográfica de los datos, necesitamos soberanía jurídica. Normativas exigentes, mecanismos de supervisión y cumplimiento efectivo permiten generar confianza, independientemente de dónde se encuentren alojados los sistemas o la información”, señaló.
Inversión estructural
El investigador politécnico enfatizó que la resiliencia digital debe integrarse a la planeación estratégica de las organizaciones, no como un gasto operativo, sino como una inversión estructural. “Proteger la integridad del dato es proteger la reputación, la rentabilidad y la permanencia en el mercado”, puntualizó.
“La ciberseguridad será el principal garante de estabilidad para las instituciones que aspiren a sostenibilidad en el mediano y largo plazo”, concluyó el ingeniero Ezequiel Aguiñiga Tinoco. –sn–


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