En estos días pude leer algunos artículos sobre la solidaridad con Cuba, su pueblo y lo que representa esa solidaridad que, plantea Fernando Buen Abad, “no debe entenderse como filantropía, sino futuro”.
Por Mario A. Medina
Uno de esos textos, fue el de un personaje anticastrista (“Inviten a Cuba, canijos”) en El Heraldo de México que, en un pretendido “incisivo humor” – bastante chafa-, dice “envidiar” “que un contingente de todo el mundo, algo así como las Brigadas Internacionales en versión siglo XXI, se lancen a Cuba para apoyar a la isla en su lucha gloriosa contra el imperialismo”.
Este Patán ve y concibe hoy a Cuba con los ojos de Donald Trump y Marco Rubio. Está lejos de entender la parábola de “El buen samaritano” del libro de Lucas; capítulo 10 versículos del 25 al 37. En su libro: “Cuba sin Fidel” dice: “El socialismo como el infierno: una sociedad sin whisky”. Esta frase lo describe.
Lo que nos cuenta esta parábola es cómo un hombre en el camino de Jerusalén a Jericó fue golpeado, robado y dejado medio muerto; un sacerdote y luego un levita lo vieron y siguieron su camino sin importar su condición; después un samaritano “se acercó, curó sus heridas, lo subió a su propio animal, lo llevó a una posada y pagó para que lo cuidaran”.
En estos tiempos en el que el imperialismo amenaza, como ha señalado Fernado Buen Abad en La Jornada, el pasado miércoles, “Solidarizarse con Cuba no es un gesto accesorio ni una concesión sentimental en la retórica de la beneficencia; es, en su sentido más profundo, una afirmación histórica del porvenir. No se trata de un acto moral aislado, sino de una práctica consciente que interpela la estructura misma de las relaciones sociales contra el capitalismo contemporáneo.

“Reducir la solidaridad a filantropía implica despolitizarla, despojarla de su contenido histórico y convertirla en un gesto compatible con el orden existente.
“La solidaridad revolucionaria, en cambio, se sitúa en el terreno de la causalidad, no busca mitigar la injusticia, sino abolir las condiciones que la producen”, señala Buen Abad, quien es doctor en filosofía y miembro del Comité Científico de la Asociación Mundial de Estudios Semióticos.
Leo, escucho a quienes como Patán, reclaman que la mandataria Claudia Sheinbaum esté enviando ayuda humanitaria al pueblo cubano y busque mecanismos para poder seguir haciéndoles llegar petróleo.
Y es que, como señala, Luis Linares Zapata (Cuba, Trump: política interna), “la Cuba actual, (está) sometida al más burdo, desparpajado e inhumano tratamiento”, y por “la triste y torpe expectativa expresada por algunos difusores de cargar la culpa y responsabilidad a los sucesivos gobernantes de Cuba es parte de lo que ha llevado a tan difícil penuria actual”, producto de un grosero e implacable bloqueo que desde el triunfo de la revolución ha buscado asesinar a mansalva a un pueblo.
Bien recuerda y precisa el coordinador de opinión de La Jornada: “la élite americana junto con la cubana en el exilio llegó hasta la manufactura y exportación de plagas, así como dinamitar aviones en vuelo para lograr sus aviesos propósitos”, de volver hacer de la isla, digo yo, el “putero” de los americanos y un gran negocio de bienes raíces que ya imagina suyo Trump.
Efectivamente, México siempre ha sido solidario con Cuba y su pueblo; hoy se ha vuelto más difícil y preocupante serlo frente a las amenazas arancelarias del loco de la Casa Blanca, y por ello es de reconocer y agradecer el arrojo de la mandataria Claudia Sheinbaum de no amilanarse y sí de ofrecer un acto de amor.

Fidel le llegó a decir a Frei Betto, teólogo e intelectual brasileño, que “la Revolución no es solo un proyecto político, sino también espiritual: se trata de convertir la utopía en actos concretos de amor al prójimo”.
En la biblia la palabra “amor” aparece más de 300 veces, hay quien dice que son más de 500 y pico. Gálatas 5:14, recuerda uno de los máximos principios cristianos: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”
Fidel y los cubanos lo entendieron a la perfección. Han sido los más solidarios en todo el planeta, no solo con sus brigadas liberadoras en Bolivia, Angola, Etiopía Namibia, Congo, Sudáfrica; con sus médicos y sus avances en la medicina desde hace décadas; en México contra el COVID-19 y su vacuna Abdala; en los terremotos de Haití, Chile; en la atención a la población de Chernóbil en la ex Unión Soviética por el desastre nuclear.
Al conmemorarse el año pasado los 40 años del lanzamiento de “Fidel y la religión”, en una entrevista que Castro le concedió en mayo de 1985 a Frei Betto, éste ha destacado que Fidel “fue el primer líder comunista en el poder que reconoció el carácter liberador de la religión” y que “la religión, como la política, puede servir tanto para liberar como para oprimir, depende de cómo la asimila el pueblo”.
Leo a otro, Román Revueltas Retes. En Milenio se pregunta: “¿Cuándo nos va a cobrar Trump la factura?” Pobre -por culpa de la solidaria Claudia, por ayudar a la “tiranía castrista”-, “nosotros”, o sea él, se ve víctima Trump y por eso reclama al morenismo: “cambiar el rumbo del barco para no tener luego que saltar al agua”.
Patán y Revueltas, no son suyos amor y revolución, menos se atreven a desobedecer al tirano, a su rey. Su papel triste, ser súbditos, lacayos. Simplemente.
Que no le cuenten…
Vale, por supuesto, recordar al Ché: “(…) el verdadero revolucionario está guiado por sentimientos de amor. Es imposible pensar en un auténtico revolucionario sin esta cualidad». Esto, en su carta publicada en el libro “El socialismo y el hombre nuevo” (1965)).
*Periodista: @MarioA_Medina


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