Durante la Semana Santa, el encantador Pueblo Mágico de Taxco se transforma en un escenario profundamente conmovedor donde la fe, la historia y la tradición se viven a cada paso.
Por Deyanira Vázquez | Reportera
Al caer la tarde, las calles empedradas comienzan a llenarse de velas, túnicas negras y miradas en silencio. Todo conduce al corazón de la ciudad, la imponente Parroquia de Santa Prisca y San Sebastián, cuya silueta barroca observa el paso de las procesiones que, más que eventos, son rituales cargados de simbolismo.
Caminar por Taxco en estos días es dejarse llevar por el sonido de las campanas o el murmullo de la gente para encontrarse con alguna de las procesiones que recorren la ciudad. Cada una tiene su propia esencia, pero todas comparten una misma atmósfera, respeto, solemnidad y un sentimiento difícil de describir.
Uno de los momentos más impactantes ocurre al anochecer, cuando aparecen los penitentes, figuras anónimas que, en silencio absoluto, recorren las calles como acto de fe. Es una de las tradiciones más arraigadas de Taxco, y observarla es asomarse a una expresión cultural única en México. Aquí, más que mirar, se trata de comprender y respetar. –sn–

