Colima llega a la capital con arte, gastronomía y saberes tradicionales.
Por Paola Ramírez | Reportera
La riqueza cultural de Colima arribó a la capital nacional con un despliegue artístico. Durante el fin de semana, el Complejo Cultural Los Pinos albergó la tercera edición del festival. El evento fue organizado por la Secretaría de Cultura del gobierno federal en 2025.
La iniciativa “Colima en Los Pinos” buscó honrar el legado de las comunidades colimenses. El encuentro reunió danza, música, poesía, teatro y una muestra culinaria del estado. Los asistentes disfrutaron de ponche, café, ciruelas, pozole seco y sal de Cayutlán.
Desde la Plaza Jacarandas, Elisa Lemus Cano, directora del complejo, encabezó la apertura. La acompañó José Emiliano Zizumbo Quintanilla, subsecretario de Cultura de Colima. Ambos reconocieron la tenacidad del pueblo colimense para preservar su herencia.
El Semillero Creativo de Teatro de Tecomán ofreció la primera actuación del evento. La cantante Karla Verónica interpretó piezas representativas de la región occidente. Bailarinas del IUBA aportaron color con trajes blancos bordados en rosa.
Artesanías y tradición
El escenario principal se decoró con elementos tradicionales de las comunidades. Figuras guadalupanas, juguetes de madera y huaraches formaron parte del entorno. Las guitarras de Comala y los sombreros de Villa de Álvarez causaron interés.
También participaron artesanas de Minatitlán con sus cestos tejidos a mano. Además de exhibir sus productos, compartieron historias y técnicas con visitantes. Las y los creadores buscaron fortalecer el diálogo entre lo rural y lo urbano.
Mientras tanto, la poesía tomó el foro con voz de tres representantes colimenses. Indira Isel Torres, Arturo Hernández y Nancy Cruz ofrecieron piezas originales. Sus versos fueron acompañados por un ambiente de reflexión y escucha atenta.
El Grupo de Música Autóctona Macehual interpretó cantos ancestrales del occidente. Luego, el Mariachi Tradicional “Herencia de mi Tierra” ofreció un repertorio festivo. La bailarina Maritza Espinosa presentó “Vuelo suspendido”, coreografía contemporánea.
Gastronomía con identidad
La Compañía de Danza Escénica “Ensamble” cerró con un número colectivo. Mientras tanto, en la Cabaña 2, hubo degustaciones de productos locales. El chocolate artesanal fue uno de los mayores atractivos para las familias.
También se ofrecieron cafés de altura provenientes de zonas montañosas del estado. Los productores explicaron los procesos de cultivo y tueste a los interesados. Junto con las salsas de frutas, estos sabores generaron elogios del público.
Participaron expositores de Armería, Ixtlahuacán, Coquimatlán y Cuauhtémoc. Los productos evidenciaron el dinamismo económico de las comunidades rurales. La sal marina de Cayutlán fue uno de los elementos más solicitados por el público.
El festival promovió la identidad y la memoria de Colima en un espacio nacional. Las expresiones artísticas convivieron con la cotidianidad de Los Pinos. Familias enteras recorrieron los pabellones entre aromas, ritmos y colores colimenses.
Encuentro cultural en la capital
El evento cumplió su objetivo de vincular el pasado tradicional con el presente urbano. La muestra colimota dejó huella entre los visitantes de la capital. Los Pinos volvió a ser un punto de encuentro entre territorios y expresiones.
La Secretaría de Cultura reiteró su compromiso con la diversidad cultural del país. A través de estas plataformas, busca visibilizar los aportes de todos los estados. El festival permitió ese cruce de caminos entre arte local y audiencia nacional.
Los asistentes expresaron su interés por conocer más del estado del Pacífico. Muchos degustaron alimentos por primera vez y aprendieron sobre su origen. Las presentaciones escénicas fueron ampliamente ovacionadas al concluir cada número.
La experiencia consolidó a Los Pinos como espacio abierto al arte y la comunidad. En cada edición, los festivales suman nuevos públicos y voces regionales. Colima, con su calidez y colores, reafirmó su esencia en la capital del país. –sn–

