Frente a este modelo funcional, pero despersonalizado, Subastero Palafrugell, dirigido por Jordi Cuxart, propone una metodología alternativa: aplicar criterios de curaduría a la circulación de objetos en el mercado secundario
Por Deyanira Vázquez | Reportera
La propuesta parte de una premisa clara: no todos los objetos son iguales, ni deben presentarse bajo un mismo formato. A diferencia de los portales generalistas, Jordi Cuxart estructura cada subasta como una edición cerrada, donde los lotes no solo responden a criterios funcionales, sino también a su coherencia estética, narrativa o temática. Esto permite dotar al conjunto de una identidad propia y convertir el proceso de subasta en una experiencia más cohesionada y diferenciada.
La curaduría digital que propone Subastero Palafrugell no se limita a seleccionar qué objetos entran o no en cada edición. Abarca también aspectos como:
- La documentación fotográfica con criterios compositivos específicos.
- Textos descriptivos que sitúan cada objeto en un contexto histórico, técnico o simbólico.
- Una temporalidad programada de publicación y cierre, evitando la rotación permanente de inventario.
Este enfoque genera valor agregado para el usuario, que no interactúa con una simple base de datos de productos, sino con una propuesta editorial digital estructurada. Además, permite activar nuevas lógicas de consumo basadas en el descubrimiento, la lectura pausada y la toma de decisiones informadas.
Desde una perspectiva técnica, el proyecto también introduce mecanismos de trazabilidad básica. Aunque no opera en entornos blockchain ni con sistemas de certificación avanzados, sí registra procedencias, fechas estimadas, materiales y ciclos de circulación, lo que mejora la transparencia de cada lote y aporta contexto útil tanto para coleccionistas como para compradores ocasionales. –sn–

