Lylli Tellez

Opinión | ¡Quiero que me oigan! | Lealtad al interés particular y traición a la patria

En 2018, Lilly Téllez asumió temporalmente un disfraz de humanismo para incorporarse mañosamente a Morena, presentándose como una ciudadana afín al Movimiento Social de Transformación…

Por Hilda Teresita Bautista Villegas

(…) Una vez dentro, reveló su verdadera identidad política y dio el salto hacia el PAN, evidenciando una estrategia de oportunismo que poco tuvo que ver con principios o convicciones.

No resulta sorprendente que en su paso por el periodismo televisivo —dentro de una empresa como TV Azteca, cuyo propietario ha sido señalado por prácticas fiscales cuestionables— haya cultivado en sí misma la habilidad para cambiar de rol con la facilidad de una actriz de melodrama.

El problema no es únicamente su metamorfosis política, sino el costo que sus actos tienen para el país. En tiempos de definiciones trascendentales, la senadora ha decidido colocar su voz del lado del interés privado y extranjero, aún a costa de la dignidad nacional.

Hace unos días, Lilly Téllez se presentó en un noticiario de Fox News —una cadena notoriamente crítica del gobierno mexicano— para solicitar la intervención de los Estados Unidos en territorio nacional con el argumento de “combatir al narcotráfico”. Ahí afirmó: “Es absolutamente bienvenida la ayuda de los Estados Unidos para combatir a los cárteles en México. Ese es el sentir de la mayoría de los mexicanos”.

¿Quién le otorgó la voz de la mayoría? ¿Con qué derecho habla a nombre de un pueblo que ha luchado por su independencia durante más de dos siglos?

Este acto no solo es desafortunado: es una traición abierta al principio de autodeterminación. Solicitar la intervención de una potencia extranjera, históricamente promotora de conflictos armados por el interés económico y geopolítico, es un acto personal y servil de sometimiento inaceptable haciendo alarde del cargo público que ocupa.

Más allá de sus calumnias al gobierno de México, de sus desplantes escandalosos en el Senado o su desprecio hacia colegas como Gerardo Fernández Noroña, lo verdaderamente imperdonable es su desprecio por la soberanía nacional. Su actuación, más cercana al servilismo que a la representación popular, es una vergüenza para quienes creemos en una patria libre, fuerte y dueña de su destino.

México no necesita una vocera que hable desde el resentimiento ni que actúe por encargo del interés empresarial o mediático. Necesita representantes con visión, compromiso y respeto por la voluntad de su pueblo.

La historia juzgará a quienes, en momentos cruciales, decidieron entregar su dignidad al extranjero en lugar de defender y enaltecer a su nación.

Y, tristemente, el nombre de quienes así actuaron no quedará inscrito entre los constructores del porvenir, sino en las páginas más amargas y censurables de la deslealtad y sus protagonistas.

Columna anterior: El Camino de la Marihuana: De lo Sagrado a la Regulación Moderna



Escritora independiente. Apasionada de temas políticos, sociales y espirituales. Estudiosa de la salud holística y de la física cuántica, desarrollo personal, psicología e historia. Poeta, compositora de canciones y creadora de recetas de cocina, ¡deliciosas!

Lylli Tellez
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