Declaratoria del danzón y presencia de Omara Portuondo impulsan reconocimiento cultural.
Por Fausto Hernández | Reportero
Clara Brugada Molina, jefe de Gobierno de la capital del país, encabezó la declaratoria del danzón como patrimonio cultural inmaterial de la Cdmx y afirmó que la práctica fortaleció la identidad capitalina al reunir a cientos de bailarines provenientes de alcaldías locales y municipios cercanos de distintas entidades.
La ceremonia reunió a grupos de Puebla, Querétaro y Estado de México, y se desarrolló con un acto en el que la funcionario capitalina afirmó que la capital asumió la responsabilidad de proteger la tradición por su valor social y artístico dentro del patrimonio vivo reconocido por autoridades culturales.
La participación de contingentes de maestros reforzó el carácter comunitario del encuentro, mientras asistentes destacaron la historia compartida en salones emblemáticos que impulsaron la expansión del danzón como una práctica colectiva arraigada en múltiples generaciones.
Ceremonia cultural
La presencia de Omara Portuondo, reconocida como “la diva del Buena Vista Social Club”, aportó relevancia internacional al acto y permitió que la declaratoria adquiriera un sentido simbólico para comunidades dedicadas a la preservación del ritmo en espacios públicos y recintos tradicionales.
La jefe de Gobierno saludó a figuras como Miguel Nieto, del Salón Los Ángeles, y Simón Jara, fundador del Salón Colonia, al reconocer la labor que sostuvieron durante décadas para mantener activo un circuito cultural que favoreció la práctica del danzón en distintos puntos de la capital.
La funcionario mencionó que la ciudad celebró la consolidación de esta expresión, porque su permanencia fortaleció los vínculos sociales al reunir a bailarines de todas las edades que acudieron regularmente a plazas históricas y recintos donde la música estructuró dinámicas de convivencia.
Herencia popular
La jefe capitalina agradeció a comunidades que conservaron la tradición en Los Ángeles y Colonia, así como en sitios como La Ciudadela, el Kiosco Morisco o el Monumento a la Revolución, donde generaciones formaron redes afectivas alrededor de la danza y sus prácticas rituales.
Recordó que el danzón surgió en Cuba y adquirió arraigo profundo en México, porque su adaptación creó un lenguaje social que conectó a grupos diversos, integró identidades barriales y consolidó espacios de reunión que sobrevivieron al paso del tiempo en distintas zonas urbanas.
La funcionario afirmó que la práctica aportó beneficios para la salud, fortaleció la convivencia intergeneracional y reforzó expresiones culturales entre juventudes, quienes encontraron en el baile un ejercicio disciplinado que ofreció alternativas recreativas sin vínculos con expresiones violentas. –sn–


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