El capital minero elevó sus exigencias, al grado de que privilegia países con reglas claras, permisos ágiles e infraestructura operativa por encima del potencial del subsuelo.
Por Deyanira Vázquez | Reportera
En México, la exploración de nuevos yacimientos se ha desacelerado alrededor de 14.2% desde 2024, de acuerdo con la Asociación de Ingenieros de Minas, Metalurgistas y Geólogos de México (AIMMGM). El dato no solo refleja menor actividad, sino menos proyectos en desarrollo y un entorno más selectivo para la inversión.
“Hoy, un inversionista tiene más probabilidades de poner su dinero en un yacimiento que no tiene condiciones extraordinarias, pero ofrece reglas claras y permisos, que en uno con gran potencial, pero sin autorizaciones y con incertidumbre regulatoria”, afirma Zulma Herrera, CEO de Implacable Enterprises, ecosistema empresarial que integra liderazgo y ejecución para transformar industrias complejas.
Invertir o no, ya no depende únicamente del tamaño del recurso. También pesa la estabilidad del marco regulatorio, la velocidad y eficiencia con la que es posible tramitar permisos, la infraestructura disponible y la viabilidad social de los proyectos.
La competencia se está moviendo a nivel regional. Argentina ha impulsado incentivos fiscales y mayor flexibilidad para operar divisas; según datos oficiales, sus exportaciones mineras crecieron 29.2% en 2025 frente a 2024. Chile, pese a su liderazgo en producción de cobre, enfrenta límites en la ejecución de nuevos proyectos. –sn–


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