La carrera por las 17 gubernaturas que estarán en juego en 2027 ya comenzó y dentro de Morena hay dos personajes que tendrán sobre sus hombros una responsabilidad monumental: Ariadna Montiel y Citlalli Hernández.
Por Raúl García Araujo
La primera, al frente de la dirigencia nacional del partido; la segunda, como responsable de conducir los procesos internos de selección.
Ambas deberán sortear una de las pruebas más complejas que haya enfrentado el movimiento desde su llegada al poder: definir a los 17 abanderados sin fracturar la unidad interna ni la coalición que lo acompaña.
La tarea no es menor.
Morena llega al proceso como la principal fuerza política del país y gobierna la mayoría de las entidades que estarán en disputa. Sin embargo, el poder también genera tensiones.

Donde antes había oposición, hoy existen grupos, corrientes, liderazgos regionales y aspiraciones legítimas que buscan ocupar espacios.
Por eso el proceso interno será observado con lupa.
Hay estados donde las señales de unidad son evidentes. Campeche es quizá el ejemplo más claro. Ahí, la gobernadora Layda Sansores decidió adelantarse al calendario político y ordenar la sucesión con una definición que envió un mensaje inequívoco a la clase política local.
La designación de Pablo Gutiérrez Lazarus como coordinador estatal de la Defensa de la Cuarta Transformación no sólo despejó dudas, sino que cerró la puerta a una confrontación interna que hubiera desgastado innecesariamente al movimiento.

En lugar de una disputa prolongada, el oficialismo campechano parece encaminado a concentrarse en una sola tarea: salir a las calles y buscar el respaldo ciudadano.
Algo similar ocurre en Chihuahua.
La senadora con licencia Andrea Chávez se ha convertido en el rostro más visible de Morena en la entidad.
Su presencia política, posicionamiento y cercanía con la base morenista la colocan como una de las figuras más competitivas rumbo a la contienda constitucional.
En Quintana Roo también existen condiciones para construir acuerdos. Aunque diversos perfiles han levantado la mano, el proceso interno todavía tiene margen para consolidar una candidatura de consenso que permita evitar heridas innecesarias.
Pero no en todos lados el escenario es terso.
Guerrero se está convirtiendo en un foco rojo.
La disputa interna ha escalado a niveles preocupantes. Trece aspirantes buscan convertirse en la carta de Morena para suceder a Evelyn Salgado, y conforme avanzan los registros también han comenzado las descalificaciones, los ataques y las operaciones políticas.

Uno de los casos más evidentes es el de Esthela Damián.
La ex funcionaria federal, con una larga trayectoria política y reconocida cercanía con la mandataria Claudia Sheinbaum, se convirtió rápidamente en blanco de una campaña de desgaste que comenzó incluso durante el propio proceso de inscripción.
Versiones difundidas por algunos comunicadores buscaron instalar la narrativa de que la supuesta cuota de género ya estaría cubierta, dejando fuera de la competencia a Damián antes siquiera de iniciar la medición real de preferencias.
Posteriormente, durante encuentros con medios, quedaron en evidencia cuestionamientos claramente orientados a desacreditar su participación.
La guerra sucia arrancó demasiado pronto.
Y cuando las campañas negras aparecen antes de que exista candidatura, lo que está en riesgo no es una aspiración individual, sino la cohesión del proyecto político.
Otro caso delicado se encuentra en San Luis Potosí.
Ahí, el gobernador Ricardo Gallardo mantiene la intención de que su esposa sea quien lo suceda en el cargo. El problema es que esa aspiración choca frontalmente con la posición expresada una y otra vez por Claudia Sheinbaum.
La mandataria federal ha sido contundente: no comparte que familiares directos hereden espacios de poder, incluso cuando el acceso se pretenda justificar mediante una elección popular.

Su postura es clara. El combate al nepotismo no debe esperar hasta 2030; debe comenzar desde 2027.
El mensaje presidencial tiene destinatarios concretos.
Porque si Morena pretende sostener la narrativa de transformación, deberá demostrar que sus procesos internos son capaces de privilegiar la competitividad, la legitimidad y el consenso por encima de los intereses familiares o de grupo.
Las próximas semanas serán decisivas.
Ariadna Montiel y Citlalli Hernández tendrán que administrar ambiciones, contener inconformidades, neutralizar campañas de lodo y construir acuerdos en 17 estados distintos. La operación política será tan importante como las encuestas.
Porque una candidatura puede ganar una elección.
Pero una candidatura impuesta, cuestionada o nacida de la división puede poner en riesgo todo un proyecto.
Morena tiene hoy la fuerza electoral para competir y ganar la mayoría de las gubernaturas en disputa. Lo que todavía está por demostrarse es si tiene la madurez política para procesar sus diferencias sin destruirse desde dentro.
Y esa batalla, la más importante de todas, empieza mucho antes de que los ciudadanos lleguen a las urnas.
En Cortito
Nos cuentan que en Campeche los movimientos rumbo a 2027 comienzan a tomar forma y algunos nombres empiezan a aparecer en las conversaciones políticas de los distintos municipios.
Uno de ellos es el de Ambrosio Gutiérrez Pérez, periodista ampliamente conocido en la entidad y cuya trayectoria profesional lo ha colocado durante años como un observador permanente de la vida pública campechana.
Nos dicen que el comunicador podría convertirse en la apuesta de Morena para competir por la presidencia municipal de Palizada, municipio que conoce a la perfección por ser la tierra que lo vio nacer, crecer y abrirse paso en el ejercicio periodístico.
De concretarse dicha posibilidad, no se trataría de una incursión improvisada en la política.
Gutiérrez Pérez conoce de cerca la operación electoral y la comunicación gubernamental.
En 2021 desempeñó una función estratégica dentro de la campaña que llevó a Layda Sansores San Román a la gubernatura de Campeche, formando parte del equipo responsable de la comunicación política y de la estrategia mediática que acompañó aquella victoria histórica para Morena.
Esa experiencia le permitió conocer no solamente el funcionamiento de una campaña de alta competencia, sino también los mecanismos de construcción de narrativa, posicionamiento territorial y movilización política que terminan definiendo una elección.
Por ello, en diversos círculos políticos de Campeche no sorprende que su nombre comience a ser mencionado cuando se habla de la sucesión municipal en Palizada.
Periodista mexicano | Twitter @araujogar
Columna anterior: Sheinbaum y su gabinete de resultados


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