Mario A. Medina reflexiona sobre el impacto de la inteligencia artificial, las redes sociales y los algoritmos en la lectura, la educación y la democracia, y advierte sobre los riesgos de la manipulación digital.
Por Mario A. Medina
Una breve charla vía Whatsapp con una amiga, Luz Elena Pereira, me motivó escribir el texto que abajo podrán leer. Luz es catedrática de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM; profesora en diseño y creación editorial, además de diseño publicitario.
La charla comenzó con una pregunta de su parte: “¿Ya viste Los Corruptores”? “No”, dije, y le expliqué que no estaba suscrito a la plataforma de streaming de Netflix donde se trasmite. Es una serie mexicana “El círculo”, que adapta la novela “Los corruptores”, publicada en 2013 por el periodista y escritor Jorge Zepeda Patterson.
Luego le pregunté de cómo le iba con sus alumnos. Me dijo, “difícil”. Me explicó que “la academia es hermosa”, y lamentó que la tecnología “nos ha sustituido (a los profesores) en la transmisión y comprensión de la información académica y, en esa competencia, es casi imposible lograr un equilibrio para el aporte teórico-práctico”.

Igual me expresó su preocupación acerca de que “los chicos” (licenciatura) “se distanciaron del conocimiento, al cual no le permiten ocupar espacio, reciben información con atención en los filtros y hacen eco”; pero también me dijo: “hay excepciones y en el intercambio con ellos nos siguen dando lecciones”.
Estoy convencido que la experiencia de mi amiga la deben de tener decenas y decenas de profesores no sólo en nuestro país, sino en todo el mundo.
En un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), “las habilidades de lectura de los adolescentes se han desplomado en los últimos años en EU”, pero también ha ocurrido en el resto de las naciones, “con las consecuencias que ello tiene para la preparación intelectual y las expectativas profesionales de las nuevas generaciones”, ha señalado el organismo.
La organización refiere que si bien la pandemia del COVID-19 “tuvo algo que ver”, y antes “influían factores estructurales” (…) “los peores resultados tendieron a estar asociados con tasas más altas de uso de smartphones (celulares) para el ocio; y los expertos sostienen que leemos menos y peor desde que internet nos hizo dependiente de las pantallas”.
En contraposición a lo anterior, encontré información que pareciera tiene el propósito de exculpar a los smartphones de ello. Por ejemplo, la doctora Laura Guerrero del Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana, publicó en septiembre pasado: “¿Las juventudes leen menos?” A decir de ella, “solo cambiaron la forma y el lugar”; apunta que “las imágenes, los gestos y otros signos forman parte de una lectura cotidiana del mundo por lo que el objetivo no debería ser solo incrementar el número de libros leídos, sino desarrollar estrategias para interpretar de forma crítica los contenidos que aparecen frente a las nuevas generaciones”.
Destaca que “Los jóvenes también leen en Whatsapp, TikTok y redes”; considera además que la lectura “está presente en chats, blogs, publicaciones y noticias digitales. Jóvenes leen en sus teléfonos y consumen información mediante múltiples formatos”.

Una nota publicada por El Heraldo de México destaca que “datos del Inegi cuestionan la idea de que los jóvenes no leen”. Precisa que “Los chicos entre los 12 y los 24 años forman parte del grupo más lector de todo el país: 89.1% de las personas en este grupo de edad leyó algún libro, revista, periódico, historieta, página de Internet, foro o blog en 2025”.
Sí, es claro que la inmensa mayoría de los mexicanos sabemos leer y escribir. El asunto aquí es que, como señala el estudio de la OCDE, “las habilidades de la lectura de los adolescentes se han desplomado” y más aún, y por igual preocupante, es el hecho que como dice mi amiga, la “tecnología”, es decir la IA, está sustituyendo a los profesores en las aulas, por lo que es, bien dice, “casi imposible lograr un equilibrio para el aporte teórico-práctico”.
Cabe una y muchas preguntas: ¿el internet, las redes sociales, la IA son un problema para la información, para el conocimiento, para la democracia? o debemos verlas como un horizonte para repensar estos conceptos? Estoy convencido que lo segundo. Son instrumentos valiosísimos. El problema es, ¿quiénes están detrás de estos instrumentos? ¿Quiénes son los dueños de estos medios de producción y poseedores de los medios de información?
Es claro que quienes acude a las redes sociales, a Youtube, a la IA, sea de ChatGPT, Perplexity, Copilot, Gemini, Claude, Deepseek, Meta o Grok -las más utilizadas en 2025-, es porque saben leer y escribir. El problema no es el no saber leer; el problema es conocer muy afondo, como ya decía antes, qué intereses representan y qué les conviene darnos o no darnos en sus plataformas.

Mucha de la información que vemos en redes sociales, nos van moldeando como una masa acrítica, no pensante.
El algoritmo no es apolítico, no es neutral, juega para alguien, pero, además, “el algoritmo comprime el tiempo democrático, desactiva la memoria y desplaza el debate sobre el futuro”.
Los “todo poderosos”, quienes deciden qué debemos ver, leer; qué debemos pensar, razonar, que nos inducen por quién votar, en el fondo el argumento de su trama se parece en mucho a la novela de Ray Bradbury, Fahrenheit 451 (que se trasladara al cine en 2018) en la que un “bombero” quemaba los libros prohibidos, a excepción de versiones simplificadas de la Biblia, Al Faro, y Moby Dick.
En fin, quizá el mayor problema no sea que los jóvenes hayan dejado de leer, sino que se estén acostumbrando a recibir información sin detenerse a cuestionarla, contrastarla o comprenderla.
Acceder a la información no significa necesariamente adquirir conocimiento, y repetir lo que una inteligencia artificial nos ofrece, no equivale a pensar por cuenta propia. El conocimiento exige tiempo, lectura, reflexión, dudas y confrontación de ideas; exige, en suma, una actitud crítica frente a lo que se nos presenta como verdad.
El riesgo es que, al delegar en la tecnología el esfuerzo de pensar y comprender, las nuevas generaciones terminen sabiendo cada vez más de lo que las pantallas les muestran, pero comprendiendo cada vez menos el mundo en el que viven.
Ahí está, me parece, la preocupación de mi amiga profesora: no en que sus alumnos utilicen la tecnología, sino en que esta termine ocupando el lugar de la curiosidad, el pensamiento propio y el conocimiento que la academia busca despertar.
Que no le cuenten….
Fernado Cerimedo, habría acordado con directivos de Meta en EU “acciones para invisibilizar” la campaña del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Sucedió lo mismo con otros candidatos del PT allá, y así ocurrió. Además, no es asunto sólo de bots, es desaparecer las campañas de candidatos que a la derecha internacional les incomoda. ¡Aguas aquí!, no descartemos que el súper poderoso Mark Zuckerberg efectivamente ya está cocinando algo para intervenir en las elecciones del 27. No olvidemos que es el dueño de Whatsapp, Facebook, Messenger Instagram, Threads. No es un asunto menor.
*Periodista: @MarioA_Medina


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