Cultura

El presidente López Obrador encabeza la ceremonia por aniversario de la Batalla de Puebla

SN Redacción

El presidente Andrés Manuel López Obrador encabezó la ceremonia de conmemoración del 159 Aniversario de la Batalla de Puebla.

En el Patio Mariano de Palacio Nacional el mandatario rindió honores a las víctimas de la epidemia del Covid-19. 

Estuvo acompañado por el secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval González y el director del Fondo de Cultura Económica, Francisco Ignacio Taibo Mahojo.

Asistieron a la ceremonia integrantes del gabinete Legal y Ampliado. –sn–

Versión estenográfica

MODERADORA: Damos inicio a esta ceremonia con los honores al presidente de los Estados Unidos Mexicanos y comandante supremo de las Fuerzas Armadas.

(HONORES)

MODERADORA: Preside esta ceremonia conmemorativa al 159 aniversario de la Batalla de Puebla el presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Andrés Manuel López Obrador.

Lo acompañan en la línea de honor el general Luis Cresencio Sandoval González, secretario de la Defensa Nacional.

El ciudadano Francisco Ignacio Taibo, director del Fondo del Cultura Económica.

También contamos con la presencia de los integrantes del Gabinete Legal del Gobierno de México, representantes de medios de comunicación y quienes nos siguen por internet a través de las redes sociales.

Reciban todos la más cordial bienvenida.

Hace uso de la palabra el ciudadano Francisco Ignacio Taibo, director del Fondo de Cultura Económica.

FRANCISCO IGNACIO TAIBO II, DIRECTOR DEL FONDO DE CULTURA ECONÓMICA (FCE): Habitualmente no creo en los milagros, pero las cosas que sucedieron ese 5 de Mayo del 862,los personajes que ahí intervinieron y la forma en cómo se conjuntaron estos materiales obliga de repente a decir: Ah, caray, aquí se produjo un milagro.

Vean el marco en el que está dándose la situación. La triple invasión francohispanofrancesa se ha desarticulado gracias a las habilidades de Juárez, diplomáticas, y los franceses desenmascaran el verdadero sentido de su internación: no cobrar una deuda, que además es fraudulenta e inexistente, sino controlar un país, dominarlo, y avanzan.

¿Qué se les opone?

Se les opone la División de Oriente, un ejército de unos cinco mil hombres en condiciones muy precarias.

Leyendo la correspondencia de Zaragoza descubres que la mitad de ellos no trae zapatos, que no tienen rifles para todos. Hay algunos elementos de solidez en esta División de Oriente, bueno, están los compañeros de las brigadas de Zacatecas, de Querétaro, el Estado de México y sobre todo están sus oficiales, porque los oficiales de la contraintervención vienen fogueados por la guerra Reforma, son además leídos y escribidos, son poetas, tinterillos, con formación política, son hombres de la Reforma estos oficiales medios, tenientes capitanes, mayores, y son la solidez de la División, que viene muy desarticulada económicamente, pasando hambres en su retirada desde Veracruz.

Zaragoza trata de frenar a los franceses en Acultzingo sin lograrlo, primera derrota del Ejército mexicano, y se repliega hacia Puebla, intentando crear un vacío en la defensa de la capital, de la Ciudad de México. 

Se dice, y de repente esto sorprende, que enfrentamos al mejor ejército del mundo. Yo toda mi vida, antes de haber estudiado el problema en serio dije: No, esto es demagogia nacional, ¿esto es el mejor ejército del mundo?, eran los franceses y, cuando empiezas a analizarlo, sí era el mejor ejército del mundo.

Los batallones que intervienen en esta primera campaña vienen fogueados por la guerra de Italia, la guerra de Crimea, la guerra de Argelia; mandos medios muy capaces, surgidos de las academias de guerra y un armamento muy superior, el fusil minié que trae te hace puntería a 700 metros. 

Piensen de repente, cuando dos ejércitos se enfrentan, que el ejército que te dispara desde 700 metros tira y da, y tú tienes que esperar a que se acerquen a 150 metros para que tus malvados obsoletos rifles Baker que tienes -el Ejército mexicano- hagan puntería, tienes que resistir 350 metros de ellos disparando y tú sin disparar.

Pero además el Ejército mexicano con suerte trae Baker, en el Ejército mexicano hay espindargas, hay fusiles arcabuces de la época de la guerra de Independencia; y en algunos casos, ni eso.

Acompañan en la retirada desde Veracruz los artilleros jarochos, muy importantes en esta batalla, van a ser definitivos porque saben el oficio, pero el problema es que no hay fusiles para ellos, atienden la artillería que se trajo penosamente desde Veracruz, piensen echarse las Cumbres de Maltrata empujando cañones de 700 kilos; y esos eran los chiquitos, porque había unos cañonzotes que se trajeron de Veracruz que subirlos era casi imposible, no había mulas ni hombres que pudieran llevarlos hasta la cima y bajarlos hacia Puebla.

Este ejército hambriento, descalzo, mal armado, se va a enfrentar a este sector de los mejores del mundo, franceses. El equivalente es el mismo, cinco mil de un lado, cinco mil del otro, hombres, no se mide por cantidad, sino por capacidad de fuego.

De un lado, Lorencez, el general francés, es un prepotente y un pedante, y en el lenguaje de todos los días es un tarado; viene animado por espíritu de grandeza, viene haciendo discursos ridículos: ‘Desde esta pirámide -imitando a Napoleón cuando estuvo en las pirámides de Egipto- desde esta pirámide hemos conquistado México’.  La pirámide era un túmulo funerario ahí en Veracruz, no daba para más y viene con toda la prepotencia de un general en territorio extranjero, que la primera vez que choca logra romper rápidamente el frente republicano.

Del otro lado, Zaragoza. Zaragoza es todo un personaje, ¿cómo no lo vamos a querer?, ¿cómo de veras no lo vamos a querer? Es un soldado del pueblo, trabajaba en una sastrería, ha sido elegido por sus hombres como guardia nacional, oficial, fue subiendo en la escala; estuvo en todas las batallas de la guerra de Reforma, humilde, con voz finita, atiplada, no da pa mucho para los discursos, lentecitos redondos de miope, profundos, no da pa mucho pa ver de lejos, pero uniformado de una manera supersencilla, con el paño azul del ejército mexicano, del que tiene uniforme, y un capote ahí viejo que carga sobre sí mismo, y una gorra de quepí, no usa camisa con entorchados, no tiene rangos.

Se niega a parecerse a lo que en el pasado eran los generales de la época previa, quiere distanciarse, él es ejército del pueblo y lo adora el ejército, lo adora el ejército; el Ejército de Oriente, que serían llamados luego por las crónicas francesas ‘los zaragozas’, lo adoran, porque todo el día está tratando de conseguir comida, tratando de conseguir zapatos, cuidando a la gente, animando, estimulando.

Llega a Puebla y se encuentra con una Puebla que no le gustó demasiado, y haciendo justicia a la historia a la historia, si lees las cartas de Zaragoza al ministro de la Guerra, Blanco, y al propio Juárez, vas a descubrir que andaba irritado.

Se le niega por parte de la oligarquía poblana apoyos, no les dan comida, nos les dan dinero, todo lo contrario, pone en reserva, llega un momento en que Zaragoza dice: ‘Dan ganas de voltear los cañones y tirar para adentro’, de ese tamaño está su conflicto con la reacción.

Y es que el país está cortado, no sólo hay una República en defensa de la invasión extranjera, también hay una antirrepúblicaconservadora que ha estado combatiendo con las armas; de hecho, el día previo a la batalla un ingeniero poblano, cuyo nombre no he podido descubrir para sacarlo a la luz, llega a contarle a los franceses cómo está la disposición defensiva de los fortines de Loreto y Guadalupe, ese desgraciado, lamentablemente las crónicas no me han permitido ponerle nombre y apellido, y Leonardo Márquez, el asesino de Ocampo, está con una fuerza armada de caballería ofreciéndose apoyar a los franceses en las afueras de Puebla. Así la situación, el momento se vuelve terrible.

¿Qué puede hacer Zaragoza?

Los famosos fortines de Loreto y Guadalupe, que hoy conocemos gracias al Instituto de Antropología y a su preservación, no eran eso, eran dos casamatas con una capillita y un pequeño muro de defensa mínimo.

Lean las cartas, es verdaderamente terrible. 

¿Qué pide Zaragoza a Juárez?

‘Presidente, mándeme picos y palas para levantar la defensa desde la Ciudad de México’. Los batallones de la Ciudad de México todavía no están integrados, el ejército no puede crecer, los de Sinaloa no llegan, los del Bajío no llegan y ahí está Zaragoza con cinco mil hombres y con la derrota de Acultzingo a las espaldas esperando a los franceses que suben por la garita de Amozoc. 

Zaragoza lo que hace es una línea defensiva, el punto de apoyo de los dos fuertes con la artillería jarocha que logró jalar, los batallones que más confianza le dan y una extensión de la línea que termina con las pequeñas caballerías que tiene, que no son gran cosa, y la división, que no es tal, de oaxaqueños que comanda Porfirio Díaz.

Por cierto, que la división de oaxaqueños trae un tercio de lo que debería traer, dos tercios murieron un mes antes en un accidente, cuando explotó un polvorín, o sea, están mermados al 30 por ciento. 

Y entonces este frente que ocupa cuando lo ordena Zaragoza para recibir el primer impacto francés, pues es un frente en los cuatro, cinco kilómetros, cinco mil metros.

Amenaza lluvia ¿y qué hace Zaragoza? En la madrugada del 5 recorre la línea. Imagínenselo, porque estas cosas hay que… La historia es ponerse ahí, vivir. Y se echa el discurso más loco que yo haya leído jamás en un libro de historia. 

Va a caballo, con su capote, si quepí, sus lentes de miope y repite cada equis metros o cada equis cantidad de metros, dice: ‘Tenemos enfrente al mejor ejército del mundo, pero nosotros somos los mejores hijos de México’.

Ignacio, contrólate, ¿cómo le dices a un ejército que lo que tiene enfrente es el mejor ejército del mundo y termina: ‘Pero nosotros somos los mejores hijos de México’.

Fíjense que un discurso como este, que está testimoniado varias veces, cuando va recorriendo una línea de cuatro fondos, digamos, cada 20 metros lo repites, entonces lo que vas construyendo es un eco y que además en cuatro metros, con la voz de Zaragoza no da pamucho, entonces el que va hasta atrás dice: ‘¿Qué dijo?’ y entonces vas construyendo un segundo eco, un eco que suena cuando dice: ‘Pero nosotros somos los mejores hijos de México’, seis kilómetros construyendo este eco.

Y cuando les decía que no creo en los milagros, caray, no puedes menos que quedar absolutamente conmovido por un llamado como ese.

Cuando los franceses se despliegan, comenten un error táctico gravísimo, que es ‘de frente’.

¿Cómo de frente?

Puebla, cuando ha sido tomada a lo largo de la guerra de Reforma, se le hizo por un ángulo, donde no hay defensas. No, ‘de frente, directamente, destruyamos los fortines de Loreto y Guadalupe, entramos a la ciudad y luego nos vamos paseando a la Ciudad de México’, diría Lorencez.

Y cuando Zaragoza descubre esta maniobra de los franceses, cambia su línea, la aprieta en la zona de los cerros, pone batallones de refuerzo, ahí estaba Berriozábal, en la retaguardia Mariano Escobedo; Negrete, un general chaparrito que estaba en el lugar equivocado, pero para su gloria, fue general conservador durante la guerra de Reforma, pero a la hora de la invasión dice: ‘Señor presidente, ahora sí vengo al bando bueno, el bando de la defensa de la patria’.

Ahí está el refuerzo y se produce una batalla extraña, porque la artillería francesa no pudo operar bien, las zonas de disparo de la artillería pesada no intervienen y la ligera tiene que acercarse mucho, hasta caer en el terreno de los cañones veracruzanos.

Primer choque, los zuavos, excelente ejército de línea, llegan hasta las primeras líneas, son repelidos por el fuego de los cañones, etcétera.

Segundo choque de los zuavos, valientes y disciplinados, llegan hasta la segunda línea, están a metros de las trincheras y ahí se producen acontecimientos que otra vez te colocan en el terreno del ‘no me lo acabo de creer’.

Por ejemplo, Constantino Escalante, el gran grabador de la época, registra el momento en que un artillero veracruzano, le tira una bala con la mano al zuabo y yo dije: No, esto es heroísmo de cartón, esto es propaganda.

No, hay cuatro registros de testigos que cuentan cómo al jarocho no le dio tiempo meter la bala al cañón y con la bala se defiende, y le hizo pomada el morrión al francés, artilleros que además están en una situación trágica, les quitaron los fusiles porque no había para todos, entonces ellos su cañón y ahí te ves, y siguieron hasta la primera línea con lo que tengas. Repelida la segunda carga.

La tercera carga está apunto de triunfar, y en esos momentos claves la artillería jarocha da de sí lo que da. En términos de cómo se cuentan las historias: ‘firmes como el fierro en la primera línea, los hombres de la División de Oriente…’ No, no, hay testimonios que cuentan cómo de repente los michoacanos flaquearon y algunos empezaron a correr y fueron los oficiales los que tiraron de pistola y dijeron: ‘Al que retroceda lo mato’, y en algunos casos dispararon contra los que huían para frenar una desbandada.

Lo mismo pasa con el batallón del Estado de México y aguantan, y aguantan, y la tercera carga de los franceses se estrella contra las defensas de Loreto y Guadalupe.

Y entonces Negrete se sube a la bardita, con lo cual ganó estatura y dice otro discurso de esos de no creérselo, dice: ‘Y ahora, en el nombre de Dios, primero nosotros’. Es un discurso extrañísimo, ‘en el nombre de Dios, primero nosotros’ y baja.

¿Quiénes bajan con él?

El sexto de Puebla, los serranos de Puebla, los que se llamarían zacapoaxtlas, que no lo fueron, eran de Tetela de Ocampo, y machete en mano y descalzos en un terreno pedregoso se van sobre los zuavos y eso sí produce la desbandada del ejército francés que se ha desplegado. Este es el momento en que el ala de la caballería interviene y presiona, se avanzan las líneas y el ejército francés está derrotado y tiene que replegarse.

Este es el país de las injusticias históricas. Durante años los mexicanos celebramos a los zacapoaxtlas heroicos que ganaron la Batalla del 5 de Mayo.

Bueno, descubrí el estadio del sexto de Puebla. Hay un zacapoaxtla, el resto es son de Tetela de Ocampo y de la sierra, pero durante años, por este malentendido que causa la prensa en su época -no es el único momento en que la prensa causa malos entendidos, como ustedes bien pueden pensar-, les atribuyen a los zacapoaxtlas el mérito y todos los años se les entrega un millón de pesos para que hagan una gran fiesta en el pueblo y los de Tetela, ahí está en el Archivo General de la Nación, mandan todos los años una carta diciendo: ‘No fueron ellos, fuimos nosotros, y a nosotros no nos toca nada’. Ahí están los nombres de los Tetela, de los serraos de Puebla que remataron al ejército francés.

¿Zaragoza puede explotar la victoria?

No, calcula y dice: ‘Todavía no están derruidos, derrotados’, las bajas son enormes, pero hay números muy significativos que están escondidos en la historia.

El Ejército mexicano cada baja que causó le costó 300 proyectiles. Vean el nivel de ineficacia del armamento mexicano, 300 tiros para crear una baja enemiga.

La distancia con lo fusiles franceses, el hecho de que los franceses se repliegan con estructura napoleónica haciendo cuadro para impedir que la caballería los desborde y Zaragoza decide no explotar la victoria y decide bien, porque era muy riesgoso.

Sin embargo, se produce otro de los elementos del milagro del 5 de Mayo que es ¿cómo se sabe esto?

Zaragoza emite tres partes de guerra conforme va produciéndose la batalla y estos partes de guerra entran en el telégrafo central de Puebla y viajan por telégrafo al Palacio de Comunicaciones de la Ciudad de México.

Ahí, Guillermo Prieto lo recibe, saca copia, le pone en la boca a un mensajero, copia que viene corriendo para Palacio para informarle a Juárez del mensaje de Zaragoza, pero antes que lo conozca el presidente los mensajes de Zaragoza los conoce el pueblo, porque Prieto sale a la ventana del Palacio de Comunicaciones a contarle y así llega ese famoso mensaje de ‘las armas nacionales se han cubierto de gloria’.

Yo no sé ustedes si están demasiados acostumbrados a los discursos y ya no les conmueve nada, pero yo sí me conmuevo y he contado esta historia 50 veces, la conté en Tetela de Ocampo, la conté en Puebla con estudiantes y me conmueve. Me conmueve, porque es el triunfo del bien contra el mal, de la civilización contra la barbarie que representa la intromisión imperialista en nuestras vidas.

Espero que cuando repiensen la Batalla del 5 de Mayo la repiensen en toda su riqueza, en toda su dimensión y todo el orgullo que a mí y que a todos ustedes nos produce.

Muchas gracias. 

MODERADORA: Escuchemos el mensaje que dirige el general Luis Cresencio Sandoval González, secretario de la Defensa Nacional. 

LUIS CRESENCIO SANDOVAL GONZÁLEZ, SECRETARIO DE LA DEFENSA NACIONAL: Licenciado Andrés Manuel López Obrador, presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y comandante supremo de las Fuerzas Armadas; apreciables compañeros integrantes del Gabinete de la República, invitados especiales, compañeros de armas, representantes de los medios de comunicación.

Muy buenos días a todos.

Es un honor hacer uso de la palabra en esta fecha emblemática en la que conmemoramos el 159 aniversario de la Batalla de Puebla, relevante hecho de armas en México que se remonta al 5 de mayo de 1862, cuando tropas francesas pretendían ultrajar la soberanía nacional.

Fue la confrontación armada contra un invasor más importante de nuestra historia, ya que en esta fecha no sólo se defendió a Puebla, sino que se preservó la dignidad nacional y se venció al ejército considerado en aquella época como el más poderoso del mundo, proeza lograda con el patriotismo, el valor y arrojo del soldado mexicano que junto al pueblo respaldó al presidente Juárez y enfrentó cuerpo a cuerpo en la primera línea de combate a los invasores, impidiendo su avance y obligándolos a retirarse del campo de batalla.

Ese día el pueblo se vistió de soldado para engrosar las filas del Ejército de Oriente, eran hombres y mujeres sencillos, de los estratos más humildes de nuestra sociedad, imbuidos de un profundo amor a México que comprendían cabalmente que aquel 5 de mayo estaba en riesgo algo más que una ciudad o su vida misma: el destino de México. Ellos sabían que lo principal era salvar a la patria. Para lograrlo, eran necesarios liderazgos con carácter y determinación. 

Por parte del gobierno de la República, un patriota que tenía una convicción plena en la victoria, el licenciado Benito Juárez García, presidente de México en ese momento, gran estadista de origen humilde que supo guiar los destinos de la nación en un entorno complicado y de peligro que representaba esta invasión francesa.

Fue indispensable el llamado que hizo a la consciencia colectiva popular para preservar la identidad mexicana animando a todo un pueblo a defender la soberanía la libertad y el honor nacional para impedir la imposición de un imperio.

La fe inquebrantable del presidente Juárez impulsó a los mexicanos a que hicieran suya esta determinación de lucha por la existencia del país.

Por la parte militar, el general Ignacio Zaragoza quien, con conocimiento del arte de la guerra, sus dotes de estrategia y la invaluable experiencia que le dejó la guerra de Reforma supo conducir con destreza al pueblo y a las tropas mexicanas en la defensa de la patria logrando la cohesión de ambos a pesar de que la mayoría eran ciudadanos armados de las guardias nacionales, que no eran militares profesionales y provenían de todos los rincones de nuestro territorio.

Se trataba del pueblo y del Ejército unidos contra un enemigo que contaba con mayores recursos, adiestramiento y experiencia de combate. Pueblo y Ejército iniciaron la batalla con grandes desventajas orgánicas y materiales.

Sin embargo, durante el combate se puso de manifiesto su fortaleza moral inspirada en la lealtad, disciplina, honor, abnegación, honradez, espíritu de cuerpo, valor y un acendrado patriotismo, virtudes que fueron fundamentales para el triunfo y que hoy persisten como base axiológica en los miembros del Ejército mexicano.

Por ello, la victoria alcanzada en Puebla forjó un férreo espíritu militar en aquellas generaciones de mexicanos con tal magnitud que fue capaz de impresionar al mundo, pero además dio tiempo al gobierno constitucional de Benito Juárez para preparar la defensa de la República y, sobre todo, permitió confirmar a México como una nación independiente, libre y soberana.

Así se arraigó en el pueblo el sentido de pertenencia y la identidad característicos de nuestra esencia como mexicanos.

El 5 de mayo de 1862 quedó de manifiesto una de las mayores fortalezas de nuestro país: la unidad nacional. En esto radica la importancia de esta batalla que es la más significativa de nuestra historia.

Con la Batalla de Puebla, México aprendió que unido puede enfrentar y vencer cualquier amenaza contra su integridad y su existencia.

Después de la victoria de Puebla, nuestro país fue otro porque, con la noticia del triunfo que se esparció con rapidez, quedó claro que sin importar la superioridad del enemigo, con unidad y convicción patriótica se le podía vencer.

Hoy más que nunca estamos convencidos de que la unidad nacional es el único camino para hacer frente a cualquier reto o desafío, y en este sentido la conmemoración de la que somos partícipes constituye el pueblo de México y el soldado en momentos determinantes. 

Segunda, porque esta batalla significó un hito que marcó el rumbo al gobierno republicano para guiar a su ejército y a su pueblo en una prolongada lucha enfocada en expulsar a las tropas invasoras que trataban de imponer una monarquía, pero sobre todo significó la permanencia de nuestra República. 

Tercera, porque ilustra de manera ejemplar la primera misión general que establece actualmente la Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea, que es defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación, misión que invariablemente seguiremos cumpliendo al igual que las otras cuatro que tenemos asignadas.

Es claro que a todos como mexicanos nos llena de orgullo este tipo de conmemoraciones porque nos recuerdan la grandeza y la solidez de nuestro querido México, y nos recuerdan que todos defendemos la misma bandera y la misma patria.

Juntos, gobierno, pueblo y Fuerzas Armadas, constituimos una gran fuerza para hacer frente a cualquier desafío.

Juntos, gobierno, pueblo y Fuerzas Armadas, constituimos una gran fuerza para trabajar por un mejor futuro para las nuevas generaciones y el progreso del país.

Juntos, gobierno, pueblo y Fuerzas Armadas, somos una gran fuerza que en momentos decisivos con voluntad y unidad nacional realizaremos por el bien de nuestro país grandes hazañas como la de los héroes de Puebla.

La enseñanza de esta gesta heroica permanece en la consciencia nacional y nos motiva a seguir celebrando nuestra historia con orgullo y con determinación seguir honrando a México.

Muchas gracias.

MODERADORA: Finaliza esta ceremonia con los honores al presidente de los Estados Unidos Mexicanos y comandante supremo de las Fuerzas Armadas.

Se les invita a permanecer de pie para entonar nuestro Himno Nacional.

(HIMNO NACIONAL)

MODERADORA: El presidente de México se dirige a la escolta de bandera para despedirse de nuestro lábaro patrio.