La trampa, alimentos como recompensa: Labdo

Por Gabriela Díaz | Reportera                                           

Satisfacer algunos alimentos producen puede ser una acción adictiva.

Las drogas y los alimentos “sabrosos” comparten varias propiedades, entre ellas, que ambos tienen poderosos efectos de refuerzo que están mediados, en parte, por aumentos abruptos de dopamina en el sistema de recompensa del cerebro.

Un artículo titulado “Cravings” publicado en el sitio de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard y consultado por el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (Labdo), advierte que más allá de catalogar a las personas como “adictas” a ciertos ingredientes y productos como el azúcar o el chocolate, es fundamental observar e intentar comprender la compleja interacción de los mensajes cerebrales que derivan en la necesidad de ingerir o premiarse con una comida.

“Cuando comemos ciertos productos, las neuronas en la región de recompensa se vuelven muy activas, creando sentimientos de placer muy positivos, por lo que queremos seguir buscándolos con regularidad”, destaca.

De acuerdo con los especialistas, dichos productos también conocidos como “hiperpalatables” mantienen combinaciones atractivas de grasas, azúcar o sodio que pueden estimular la liberación de hormonas metabólicas: del estrés y del apetito, incluidas la insulina, el cortisol, la dopamina, la leptina y la grelina, las cuales juegan un papel crucial en los antojos.

Otro artículo científico publicado en la revista  Biological Psychology, sostiene que los alimentos gratificantes, a través de efectos condicionantes y de refuerzo, estimulan las hormonas metabólicas con tanta frecuencia que podrían interferir o alterar la forma en que el cerebro procesa las señales que derivan en antojos continuos a pesar de haber comido suficiente.

Respecto a las similitudes que tienen las drogas y los alimentos “sabrosos”, un estudio de la revista Nutrition Reviews de la Universidad de Oxford, apunta que, ambos activan los circuitos de recompensa tanto en animales como en humanos. Y afirma también, que los dos (alimentos y drogas) activan las regiones de aprendizaje de recompensa y la señalización de dopamina.

En la vida diaria, cuando se habla de adicción, se piensa de inmediato en el consumo de alcohol o drogas y suele no repararse en un segundo grupo de conductas adictivas, entre ellas, la adicción a la comida.

Y de acuerdo al neurobiólogo, José Ramón Alonso, catedrático de la Universidad de Salamanca, el consumo crónico de alimentos apetitosos o palatables de alto contenido en grasas y/o azúcar conduce al desarrollo de obesidad, síndrome metabólico y diabetes, así como alteraciones cognitivas.

Ante este panorama y con el objetivo de poder identificar y sobreponerse a este tipo de sentimientos vinculados con los alimentos, los expertos proponen hacer ejercicios de atención plena, conocidos como “mindfulness”, mientras se come, como: usar todos los sentidos para concientizar plenamente lo que degustamos.

¿Cómo se ve la comida? ¿Qué recuerdos te trae? y ¿Cómo te hace sentir? son algunas de las preguntas a hacerte. Este proceso, refieren, ralentizará el proceso de comer, prestará más atención a las señales de hambre y saciedad  y tal vez evitará comer en exceso. –sn–

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