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Opinión | Que no le digan… | 2022-2023

El año que termina ha sido un periodo sumamente álgido.

Por Mario A. Medina                                                            

El año que termina ha sido un periodo sumamente álgido. Nunca antes en la historia del país se había dado tan interesante debate y confrontación pero al mismo tiempo preocupante, entre un presidente de México y un sector social conservador lastimado por los privilegios que en el pasado obtuvo, y que con la llegada del nuevo gobierno perdió.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha ejercido su derecho de réplica frente a los señalamientos de los llamados “analistas” que a diario escriben en diversos medios de comunicación. Unos, periodistas de oficio; otros, políticos de carrera. Unos y otros en este gobierno han ejercido sin censura alguna su derecho a escribir y a publicar.

En este 2022, el jefe del Ejecutivo volvió a salir a defender su proyecto de nación, el de la Cuarta Transformación, frente a los “señalamientos”, por decirlo amistosamente, de quienes desde mucho antes de haber ganado la Presidencia lo atacaron. De eso sabemos perfectamente quienes, como reporteros, fuimos objeto de la “línea” de las redacciones de diarios o estaciones de radio para descalificarlo, por ejemplo, cuando fue candidato a la gubernatura de su natal Tabasco, cuando llegó a ser dirigente nacional del PRD o durante su desafuero.

Lo he dicho aquí en otras ocasiones, creo que AMLO dedica mucho tiempo a sus opositores, particularmente a analistas y columnistas. Claro, insisto, tiene y debe responder al cúmulo de mentiras que se publican, como también dejar en claro sus desacuerdos con los opinadores; no así cuando persiste en referirse a ellos a diario.

Durante este tiempo López Obrador tuvo que distraer su atención para rebatir la mentira y la calumnia de quienes a diario descalificaron sus proyectos como el aeropuerto “Felipe Ángeles”, la refinería “Dos Bocas”, las pensiones para adultos mayores o el Tren Maya, obra que representa el esfuerzo del gobierno para “compensar la falta de crecimiento económico que se dio, sobre todo en el siglo XX en el norte y centro de México”, y no así en la región del sureste que siempre había quedado en el olvido.

Desde luego son necesarias las opiniones, los puntos de vista que buscan ofrecer información distinta a la del gobierno; siempre deben ser bienvenidos cuando su propósito es enriquecer y, por qué no, denunciar cuando hay irregularidades y corrupción. El problema es que la mayoría de las ocasiones, esas “denuncias” han estado patrocinadas por intereses políticos y económicos para golpear a una administración que les quitó privilegios.

Lamentablemente en estos 365 días de 2022 se dieron enfrentamientos que no son nada sanos para la nación. Antes cuando los había, los mexicanos ni nos enterábamos, y el presidente de la República no se tomaba la molestia de reclamar lo que no le gustaba o debatir las diferencias, simplemente su jefe de comunicación social era el encargado de llamar a los dueños de los medios para exigir quitarle al comunicador el espacio en un diario o cerrarle el micrófono o, incluso, se pedía se le corriera.

Hoy no sucede esto. Lo vuelvo a repetir, nunca como ahora hay plena libertad de expresión, pero no sólo de expresión sino incluso muchas veces la calumnia ha prevalecido junto con la mentira. Se acusa a AMLO de polarizar pero también del otro lado se polariza. Son muchos los ejemplos de quienes lo hacen de manera común y corriente. Ahí están Carlos Loret, Carlos Alazraki, Beatriz Pagés, Ricardo Alemán, Juan Ignacio Zavala, Carlos Marín, Claudio X. González, entre otros muchos.

Ya apuntaba que estas discusiones pueden ser interesantes porque enriquecen los puntos de vista de una sociedad que durante décadas estuvo ausente del debate nacional, pero al mismo tiempo, es preocupante porque como mexicanos nos enfrentamos en una guerra sin cuartel donde todos perdemos.

En Perú, el país mismo y la población inca han sido derrotados por una oligarquía que depuso de la presidencia a Pedro Castillo Terrones, maestro rural que fue electo en segunda vuelta con algo más de 50.13 por ciento de los votos. Más de 8.8 millones de personas sufragaron por su programa que incluía profundas reformas sociales y la promesa de una nueva Constitución. Igual que aquí, la élite política, económica y militar financió acciones de protesta y huelgas para derrocar a Castillo y, de manera particular, nunca pudo aceptar que un maestro rural y líder campesino pudiera haber llegado a la presidencia de aquel país.

A López Obrador lo llevaron a Palacio Nacional con su voto más de 33 millones de mexicanos. Aquí una élite oligarca pretendió que, uno ajeno a ellos no llegara al gobierno, por ello han buscado de mil maneras ablandarlo, y ante su negativa de dejarse moldear, vino la guerra en su contra, la estrategia del “golpe blando” que no ha tenido el efecto que ellos quisieran.

En este marco se dio el lamentable y preocupante atentado contra la vida del periodista Ciro Gómez Leyva, con el cual el presidente ha tendido fuertes diferencias. Tras conocerse el hecho, un sinnúmero de esos personajes acusaron al presidente de ser el autor intelectual del atentado, mientras que Gómez Leyva decidió no externar ninguna conjetura, porque, como bien dijo, “no tengo ninguna prueba”. Esto debe reconocerse.

¿En verdad se puede creer que el atentado se planeó desde Palacio Nacional? Haberlo hecho hubiera sido no como darse un balazo en el pie, habría significado autodispararse en el corazón. De haberse cumplido ese propósito, en este momento estaríamos viviendo una situación muy grave. El país estaría incendiándose y la derecha feliz.

Es igualmente lamentable y preocupante, en contraposición, que muchos seguidores del presidente aseguren contundentes que “bien merecido se lo tenía Ciro”. No alcanzan a dimensionar sus palabras, sus afirmaciones.

Llama la atención el desplegado de 180 comunicadores y políticos donde expresan su solidaridad con Ciro. Muy bien, no se puede esperar menos, pero también es de lamentar el llamado que hacen ahí al presidente López Obrador para que “asuma su responsabilidad política en este intento de asesinato” por “todas sus emanaciones de odio”. Pero, ¿cuál es la de ellos?, pues “son lo mismo que culpáis”.

Bienvenido el periodismo crítico, sano, no así el periodismo propagandístico, panfletario, y sí, porque no decirlo, “chayotero” de uno y otro lado.

Se va este 2022, llega el 2023, año que si partimos de lo que dicen las encuestas sobre las simpatías al presidente, la mayoría de los mexicanos esperan la consolidación del proyecto político de la Cuarta Transformación, un proyecto que ha volteado a ver a los de abajo.

Este 2023 puede significar un espacio corto o prolongado para seguir ejerciendo la libertad de prensa, el derecho de cada mexicano a decir su verdad, nuestra verdad, a expresar nuestras diferencias, pero a no mentir ni calumniar, menos a atentar contra nuestra paz social. “Asesinar” al país sería más que lamentable y preocupante, sería grave, muy grave para todos.

Que no le cuenten…

A todos y todas quienes cada semana me siguen y leen mis textos, pero también a quienes lo hacen cuando sus tiempos se lo permiten, les envío de todo corazón mis mejores deseos para el 2023 que ya está tocando las puertas; que está Navidad la pasen con sus seres queridos. Mucha, mucha salud, trabajo, amor y armonía entre todos los mexicanos. Los abrazo con mucha gratitud.

*Periodista: @MarioA_Medina

Columna anterior: Córdova, Marko, Zambrano, Alito; a oscuritas

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