Rosca de reyes

Qué significa el «Día de la Candelaria», su historia, significado y tradición en México

Por Adriana López | Reportera

Cada 2 de febrero, el Día de la Candelaria reúne a familias mexicanas en torno a una tradición gastronómica y religiosa que ha perdurado por siglos.

La fecha se relaciona con la costumbre de compartir tamales, en cumplimiento de la «deuda» adquirida por quienes encontraron al Niño Jesús en la Rosca de Reyes.

Más allá de la comida, la celebración tiene un significado religioso vinculado con la purificación de la Virgen María y la presentación de Jesús en el templo.

Su origen combina influencias de la Iglesia católica y prácticas prehispánicas, reflejando la fusión cultural que caracteriza a muchas festividades en México.

El Día de la Candelaria no solo es una fiesta de índole religiosa, sino también un evento social que refuerza la identidad y las costumbres de millones de mexicanos.

El origen del Día de la Candelaria

El arqueólogo Víctor Joel Santos Ramírez, egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), explicó que la fecha proviene de una celebración católica.

“El 2 de febrero se conmemora el Día de la Purificación de la Virgen María, también conocido como ‘la fiesta de las velas’ o ‘de las candelas’», mencionó el especialista.

En España, la festividad honra a la Virgen de la Candelaria, patrona de las Islas Canarias, con desfiles y ceremonias religiosas encabezadas por el gobierno.

Con la colonización, la tradición se trasladó a América Latina, donde adquirió características propias según las costumbres de cada región.

En México, la festividad se fusionó con rituales prehispánicos relacionados con la bendición del maíz, alimento sagrado para las civilizaciones indígenas.

La influencia prehispánica en la tradición mexicana

El 2 de febrero coincidía con la fecha en que los antiguos mexicanos rendían tributo a Tláloc, dios de la lluvia, en un acto de agradecimiento por las cosechas.

Para los aztecas, el maíz representaba la base de su alimentación y era objeto de ofrendas en ceremonias que garantizaban la fertilidad de los campos.

Con la evangelización, la Iglesia católica adoptó estas costumbres e incorporó el maíz como parte del simbolismo del Día de la Candelaria.

El consumo de tamales en la festividad tiene su origen en este sincretismo cultural, pues los tamales eran ofrendas utilizadas en los rituales indígenas.

Así, la costumbre de compartir este platillo se consolidó como un elemento central en la celebración que hoy sigue vigente en todo el país.

El simbolismo religioso de la fecha

Según la tradición judía, las mujeres debían cumplir un periodo de purificación tras dar a luz antes de presentarse en el templo con su primogénito.

En el caso de la Virgen María, la ceremonia ocurrió cuarenta días después del nacimiento de Jesús, lo que dio origen a la conmemoración del 2 de febrero.

“La iglesia romana defendió esta celebración y aclaró que la fiesta estaba dedicada a la pureza de María”, detalló el arqueólogo Víctor Joel Santos Ramírez.

En México, esta tradición también está vinculada con la costumbre de vestir al Niño Dios, en un acto que simboliza la presentación de Jesús en el templo.

Las figuras del Niño Dios son ataviadas con trajes especiales, que varían desde vestimentas tradicionales hasta atuendos representativos de santos y vírgenes.

El Día de la Candelaria en la actualidad

Hoy en día, el Día de la Candelaria sigue siendo una de las festividades más arraigadas en México, con celebraciones en hogares, parroquias y plazas públicas.

Las familias que encontraron al Niño Jesús en la Rosca de Reyes organizan reuniones para compartir tamales y atole, en un gesto de convivencia.

Las iglesias llevan a cabo misas especiales, donde los fieles acuden con imágenes del Niño Dios para recibir la bendición.

En algunos estados, como Veracruz y Puebla, se realizan ferias gastronómicas dedicadas a los tamales, en las que se ofrecen diversas variedades regionales.

Además de su significado religioso, el Día de la Candelaria es una oportunidad para preservar las costumbres que han pasado de generación en generación. –sn–