El evento formó parte de la actividad natural del cinturón de fuego del Pacífico, donde se concentra una alta frecuencia sísmica. Las condiciones tectónicas de Japón explicaron la recurrencia de este tipo de fenómenos.
Por Gabriela Díaz | Reportera
Un terremoto de magnitud 6.1 se registró en la región de Hokkaido, en Japón, de acuerdo con el informe preliminar de monitoreo sísmico internacional. El movimiento telúrico ocurrió el 26 de abril de 2026 a las 20:23:56 horas en tiempo universal coordinado (UTC) (14:23 horas tiempo del centro de México), con impacto perceptible en diversas localidades cercanas. Autoridades especializadas activaron protocolos de observación ante la actividad sísmica en el norte del territorio japonés.
El reporte técnico indicó que el epicentro se localizó a 18.7 kilómetros al oeste de Sarabetsu y a 37.5 kilómetros al sur-suroeste de Obihiro, con influencia regional. También se ubicó a 44.6 kilómetros al sur-suroeste de Otofuke y a 54.8 kilómetros al norte-noreste de Urakawa, lo que permitió trazar el alcance del fenómeno. La distancia respecto a Sapporo fue de 140.3 kilómetros hacia el este-sureste, lo que ubicó el evento dentro de una zona sísmica activa.
Datos preliminares
La profundidad del sismo se estimó en 81 kilómetros, lo que correspondió a un evento de tipo intermedio dentro de la corteza terrestre. Los datos señalaron coordenadas geográficas de 42.631 grados norte y 142.962 grados este, con un margen de error reducido en su localización. El sistema de monitoreo registró un total de 119 lecturas sísmicas que permitieron establecer los parámetros iniciales.
El margen de error horizontal se calculó en 5.6 kilómetros, mientras que el vertical se estimó en 1.9 kilómetros, lo que indicó alta precisión en el registro. La estación sísmica más cercana se ubicó a 70.4 kilómetros del epicentro, facilitando la recolección de datos confiables. El error cuadrático medio del análisis fue de 0.75 segundos, lo que reflejó consistencia en las mediciones.
El máximo gap azimutal se ubicó en 35 grados, lo que permitió una cobertura adecuada de la red de detección sísmica en la región. Este indicador confirmó la correcta distribución de estaciones para el análisis del fenómeno. Los especialistas continuaron con la revisión detallada de los datos para descartar variaciones posteriores. –sn–


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