Era el 2 de octubre de 2010, Morena se había conformado en Asociación Civil. Una fecha significativa, una especie de homenaje a los estudiantes de 1968 masacrados por el gobierno de Gustavo Díaz Ordás.
Por Mario A. Medina
El escenario, un Auditorio Nacional lleno de “Protagonistas del Cambio Verdadero”. El objetivo: “lograr la transformación de la vida pública de México por la vía electoral y pacífica”.
Ese día Andrés Manuel López Obrador calentó el escenario: «si la encuesta me favorece estoy preparado para ser candidato, para volverle a ganar a la mafia del poder y encabezar junto con ustedes y con todos los mexicanos la transformación del país».
Ese día mencionó una frase que hoy, 17 años después, no sólo debe obligar a los morenistas a hacer conciencia de su compromiso con los mexicanos. El tabasqueño advirtió sobre el movimiento que nacía: “…es la última esperanza».
Una de las crónicas de ese evento destacaba que “antes de finalizar el acto, el Notario Público número 128 Sergio Navarrete Nortueño omitió leer la totalidad del acta constitutiva, pero refirió tener en sus manos “la escritura constitutiva de un movimiento que nos va a devolver la dignidad como mexicanos”, desatando aplausos en la multitud”.

Para la mayoría de los mexicanos, decepcionados del PRI y del PAN, Morena era “la esperanza de México”. Andrés Manuel triunfó en 2018, y el movimiento se significó precisamente como una organización que los mexicanos tenían a la mano para sacar al PRIAN del poder; echarlos de Los Pinos; acabar con la corrupción y no permitir “nunca más” a funcionarios aprovecharse de los cargos.
Antes de Ariadna Montiel Reyes, Morena ha sido presidido por Martí Batres, Andrés Manuel López Obrador, Yeidckol Polevnsky, Alfonso Ramírez Cuéllar, Mario Delgado, y Luisa María Alcalde Luján. En sus discursos describían que Morena era un partido diferente. “No somos iguales”, presumían.
El esfuerzo y el compromiso se puso en marcha; en la práctica, los privilegios habían dejado de ser para los hombres en el poder, para los funcionarios. Aquello de “Por el bien de todos, primero los pobres”, no sólo era una frase propagandística. Los programas de Bienestar se hicieron derecho universal y constitucional.

Las cosas en México empezaron a cambiar particularmente para los estratos sociales que los gobiernos neoliberales olvidaron, despreciaron. Aquellos deciles de la población encontraron en Morena un partido que sí volteaba a verlos, pero también, atendía sus necesidades que el PRI y el PAN no cumplieron.
Pero como todo proceso de cambio, Morena enfrentó una suerte de descomposición “natural”. Comenzó a enfrentar problemas debido a sus propias “manzanas podridas”, aquellas que eran parte de la AC que nació en 2010 y de los oportunistas, priístas y panistas, que se afiliaron al morenismo a pesar de las advertencias de “CUIDADO”, particularmente, incluso, aquellos que palomeó el mismo Andrés Manuel, por “conveniencia política”, “conveniencia electoral” y/o “conveniencia legislativa”.
Si bien la “descomposición” era un hecho que sí o sí, habría de ocurrir en menor o mayor grado, el consejo nacional morenista que encabezada Luisa María hizo bien poco para evitar que esa descomposición fuera más que una piedra en el zapato del partido; partido cuya dirigencia creyó que le bastaba el éxito de López Obrador para ganar hacerse del poder siempre.
Con Luisa María Alcalde, Morena entró en un prolongado letargo; suponía ella, al parecer, que con el legado de AMLO era suficiente para crecer y ganarle a la derecha, menos hizo nada por llevar al cabo una “limpia” de quienes estaban adentro, o llegaron de afuera: personajes corruptos, farsantes, demagogos o caballos de Troya.
La acción política de Alcalde sólo era reactiva. La mandataria Sheinbaum no encontraba en su partido el apoyo que necesitaba frente a una guerra de la derecha y del gobierno de Donald Trump que sólo disparan fraseos: “narco-gobierno”, “narco-presidenta”, sin que hubiera habido una consecuencia de esa dirigencia morenista.

Montiel llega para que haya consecuencias y las está generando. Ha empezado a mandar mensajes para quienes los deben de entender. Ha empezado a poner orden y disciplina, pero también está a exigiendo compromiso.
Hace 17 años AMLO hablaba de que su movimiento era “la última esperanza” de los mexicanos frente al proyecto neoliberal. Ariadna no debe de representar “la última esperanza” del morenismo. Debe significarse como el “cambio verdadero” de un movimiento que soñó con “devolverle la dignidad” a los mexicanos.
Que no le cuenten…
Que el silenció y la indiferencia de los gobernantes del mundo no vuelvan acompañar a la próxima Global Sumud Flotilla. Reconocimiento a los mexicanos Sol González, Violeta Núñez, Paulina del Castillo, Al Muataseem Flores y Diego Vázquez, y a los 400 participantes más de la misión humanitaria a Palestina secuestrados y humillados por el sionismo.
*Periodista: @MarioA_Medina


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