Desde España, el Papa León XIV llama a renovar la misión de la Iglesia

Madrid – «Se me ha ocurrido proponeros la imagen de un viaje en el que el destino es Dios, hacia quien alzamos nuestra mirada». En el discurso a los obispos de España del 8 de junio, León XIV ha reiterado que la misión de la Iglesia es ante todo un camino de fe, más que un conjunto de cosas o de resultados que se pueden medir.

El Papa ha advertido contra la tentación de fijarse en lo que se deja atrás, «los lugares, las cosas, las formas», sin «abrirnos, en la docilidad al Espíritu, a la novedad de lo que encontramos», y ha invitado a «conjugar prudentemente libertad y valentía» para «dejar estructuras que no nos ayudan, no responden o incluso nos alejan de nuestro fin, con la fortaleza de conservar como un tesoro aquello que lo facilita». Al hacerlo, ha subrayado la belleza del patrimonio arquitectónico español, señalando el «enorme desafío» de lograr que «este patrimonio produzca los frutos de los que es capaz».

La fuerza de la Iglesia, ha reiterado el Papa, «no nace de la grandeza de los medios, sino de la santidad de sus hijos, de la comunión de sus pastores, de la fidelidad humilde y perseverante de quien se deja guiar por el Espíritu», del caminar juntos como un solo cuerpo, incluso en un tiempo «de polarizaciones y contraposiciones cada vez más duras».

La comunión se convierte así en el primer signo misionero, capaz de hablar al mundo más que las estrategias o el uso hábil de los medios disponibles. «Esta llamada a ser signo de comunión en Cristo, caminando en unidad y tendiendo nuestra mano al hermano que encontramos, nos pone delante de otro desafío que toca hoy el corazón de muchos: la dificultad de asumir compromisos definitivos y de tomar decisiones vitales profundas», ha proseguido.

En muchos jóvenes, y no sólo en ellos – ha señalado el Papa – la pregunta: «¿Para quién soy?» resuena como una búsqueda sincera de sentido, de pertenencia y de don. El corazón humano no se llena acumulando experiencias, posibilidades o seguridades provisionales: se llena cuando descubre una llamada, cuando comprende que la vida alcanza su plenitud sólo si es donada.

En este horizonte se comprende también el llamado a la pastoral vocacional, que «no puede reducirse a una simple búsqueda de números». Las vocaciones nacen en el camino, en comunidades vivas, «de sacerdotes felices» y de familias que testimonian «la belleza de la fidelidad». –sn–