La política climática está desarticulada de la realidad.
SN Redacción | UNAM
En el mundo impera una visión antropocéntrica; aún creemos que el planeta está a nuestra disposición, y que los recursos son inacabables. Además, desde el ámbito jurídico, debemos revisar cómo se construyen políticas y su coherencia: “No es posible tener una política climática orientada a reducir gases de efecto invernadero, y una energética, dirigida a la extracción de combustibles fósiles y técnicas como la fracturación hidráulica”, advirtió Marisol Anglés Hernández, coordinadora del Programa de Posgrado en Derecho de la UNAM.
Añadió que las medidas tomadas en el tema ambiental son de corto plazo y poco fundadas en la ciencia. No tenemos una ruta crítica; tomamos decisiones desarticuladas. Hay un discurso normativo que no se empalma con los esfuerzos de política pública para hacerlo realidad. “Nos sentimos satisfechos porque algo está en la Constitución, pero ¿quién lo hace operativo?”.
Al participar en los Diálogos sobre el Día Mundial del Medio Ambiente, expuso que “ya llegamos a un punto donde algo tenemos que cambiar; es un imperativo”. El derecho, las políticas públicas, la ciencia política se deben nutrir del conocimiento científico; pero a veces no estamos dispuestos al diálogo y eso tiene como resultado la forma en que se toman las decisiones públicas. “A las universidades les toca construir un diálogo de saberes”.
La universitaria también habló de la desmitificación de los pueblos y comunidades indígenas como aquellos constructos sociales “en perfecta armonía con la naturaleza, que no producen destrucción. Hay que tener cuidado con las generalizaciones, porque en algunos casos destruyen los ecosistemas, y su propio hábitat”.
Enrique Provencio Durazo, coordinador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo, refirió que Naciones Unidas enfrenta una crisis institucional por diversas situaciones, como la incapacidad para lograr acuerdos. Tuvo una “época de oro”, cuando había capacidad de allegar apoyo técnico, promover alianzas, echarlas a andar y darles financiamiento, como fue la Convención de Viena y el Protocolo de Montreal sobre sustancias que agotan la capa de ozono.
Eso está perdido: en 2022 inició el proceso para crear un instrumento jurídico internacional para reducir “fugas” de plástico, sobre todo al mar. En 2023 se hizo un primer borrador y en 2024 se abrió la discusión; en lugar de pasar el proceso de aprobación, la Asamblea General lo envió a una revisión futura, lo cual ocurrió en octubre pasado. Pero entre EUA y Arabia Saudita “tronaron” el debate y hoy “está muerto”.
También se dice que está fracasando la acción climática. El Acuerdo de París no se va a cumplir y la temperatura en el planeta subirá hasta 2.3 grados, según estimaciones. “Ya tendríamos que haber disminuido alrededor de 14 millones de gigatoneladas de CO2 en la atmósfera”. Aunque la cifra sigue creciendo, se desaceleró, reconoció.
Decir que estamos ante un fracaso es no ver la otra parte de los datos, que dicen que estamos casi un grado por debajo de lo que se estimaba hace una década. Hay países que hicieron la transformación tecnológica a tiempo y que, gracias a la eficiencia e incorporación de renovables en la matriz energética, sí representan un cambio. Estados Unidos (a nivel estatal), Reino Unido, Canadá, Australia y la Unión Europea son un ejemplo, destacó.
En la sesión moderada por Eduardo Vega López, titular de la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad, Luis Bojórquez Tapia, investigador del Instituto de Ecología, aclaró que lo que llamamos crisis son transformaciones en los sistemas que debemos manejar. “El mundo va a cambiar de una manera que ni siquiera podemos imaginar, y eso se llama incertidumbre”.
Hoy tenemos grandes posibilidades para mejorarlo, es decir, propiciar aquellos valores que colectivamente consideramos importantes para la prosperidad de nuestra especie. En esta discusión la Universidad debe desempeñar un papel fundamental.
Por ejemplo, deberíamos estar analizando los cambios que se proponen a la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente “que son desastrosos”. También nos debería preocupar el sistema de justicia, porque hoy no hay manera de defender el ambiente. “Contamos con recursos tecnológicos y conceptuales para hacer un mejor trabajo y modificar los procesos de enseñanza”.
Los problemas complejos, de gran magnitud, con tantas aristas, no se resuelven, se gobiernan. Se trata de conducir el sistema socioambiental, o esa situación que llamamos crisis, a una condición mejor que la que teníamos, concluyó el científico. –sn–


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