Sindrome de Estocolmo

Síndrome de Estocolmo, el vínculo que puede convertir a una víctima en protectora de su agresor

Conoce qué es el síndrome de Estocolmo, cómo se desarrolla, cuáles son sus síntomas, qué tan frecuente es en México, cómo se trata y qué instituciones brindan atención psicológica y médica a las víctimas.

Por Martín García | Reportero                                      

Una persona secuestrada que termina defendiendo a su captor. Una mujer víctima de violencia que justifica las agresiones de su pareja. Un menor explotado que rechaza ser rescatado. Aunque parecen conductas incomprensibles, la psicología identifica en algunos de estos casos un fenómeno conocido como síndrome de Estocolmo.

El término surgió tras un asalto bancario ocurrido en Estocolmo, Suecia, en agosto de 1973. Durante seis días, cuatro empleados permanecieron retenidos por dos delincuentes. Al ser liberados, varias víctimas manifestaron simpatía hacia sus captores, se negaron a declarar en su contra e incluso llegaron a reunir dinero para su defensa legal.

Desde entonces, el fenómeno ha sido estudiado por psicólogos, psiquiatras y criminólogos, aunque actualmente no figura como un trastorno mental independiente en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) ni en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11). Los especialistas lo consideran una respuesta psicológica de supervivencia que puede desarrollarse en situaciones extremas.

¿Por qué ocurre?

Los expertos explican que el cerebro humano puede desarrollar mecanismos para aumentar las probabilidades de sobrevivir cuando una persona permanece bajo control absoluto de otra.

En estos contextos, la víctima depende completamente del agresor para comer, dormir, recibir atención médica o incluso mantenerse con vida. Esa dependencia puede generar un vínculo emocional que reduce el miedo inmediato y facilita la adaptación al entorno hostil.

La víctima comienza a interpretar pequeños actos de aparente amabilidad como muestras de afecto, minimiza la violencia sufrida y termina identificándose con quien la mantiene sometida.

Los especialistas describen este proceso como una estrategia inconsciente de autoprotección y no como una decisión voluntaria.

¿En qué casos puede presentarse?

Aunque suele asociarse con secuestros, actualmente la literatura científica describe situaciones similares en:

  • violencia familiar;
  • violencia de pareja;
  • trata de personas;
  • explotación sexual;
  • abuso infantil;
  • sectas religiosas;
  • organizaciones criminales;
  • casos prolongados de maltrato psicológico.

No todas las víctimas desarrollan este fenómeno. Su aparición depende de múltiples factores, como la duración del abuso, el aislamiento, la personalidad de la víctima y el grado de dependencia respecto del agresor.

Las señales de alerta

Especialistas en salud mental señalan que algunas conductas pueden sugerir la presencia de este fenómeno:

  • justificar constantemente al agresor;
  • minimizar las agresiones;
  • responsabilizarse por la violencia recibida;
  • rechazar ayuda de familiares o autoridades;
  • experimentar miedo al abandono del agresor;
  • defender públicamente a quien ejerce violencia;
  • romper vínculos con personas que buscan protegerla.

Estos comportamientos suelen confundirse con falta de voluntad para denunciar, cuando en realidad responden a procesos psicológicos complejos.

¿Existe en México?

Aunque en México no existen estadísticas oficiales específicas sobre síndrome de Estocolmo, especialistas consideran que algunos de sus mecanismos pueden observarse en diversos contextos de violencia.

El país enfrenta altos niveles de violencia familiar, desapariciones, secuestros, trata de personas y violencia contra las mujeres, escenarios en los que pueden desarrollarse relaciones de dependencia emocional con el agresor.

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) ha documentado que millones de mujeres han experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Sin embargo, ello no significa que todas desarrollen síndrome de Estocolmo; cada caso requiere una evaluación clínica individual.

Especialistas también advierten que el fenómeno puede presentarse en víctimas reclutadas por grupos criminales mediante coerción, amenazas o aislamiento prolongado.

No es amor ni lealtad

Uno de los principales errores consiste en interpretar la conducta de la víctima como una decisión libre.

Psicólogos explican que el síndrome de Estocolmo no implica que exista amor genuino hacia el agresor. Se trata de una adaptación psicológica destinada a disminuir el riesgo percibido y facilitar la supervivencia.

Por ello, presionar a la víctima para que abandone inmediatamente al agresor puede resultar contraproducente si no cuenta con acompañamiento profesional.

¿Cómo se diagnostica?

No existe una prueba médica específica.

El diagnóstico se realiza mediante entrevistas clínicas en las que especialistas analizan:

  • antecedentes de violencia;
  • grado de dependencia emocional;
  • percepción del agresor;
  • alteraciones emocionales;
  • presencia de ansiedad, depresión o estrés postraumático.

Generalmente participan psicólogos clínicos y psiquiatras especializados en trauma.

¿Cómo puede tratarse?

El tratamiento depende de cada caso.

Generalmente incluye:

  • psicoterapia especializada en trauma;
  • terapia cognitivo-conductual;
  • tratamiento para ansiedad o depresión cuando sea necesario;
  • fortalecimiento de redes familiares;
  • protección jurídica;
  • acompañamiento social.

En algunos pacientes el proceso terapéutico puede extenderse durante meses o incluso años.

¿Dónde recibir ayuda en México?

Las personas que viven situaciones de violencia pueden solicitar atención en diversas instituciones públicas:

  • Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), que ofrece apoyo psicológico, jurídico y social.
  • Centros de Justicia para las Mujeres, presentes en diversas entidades federativas.
  • Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).
  • Instituto Nacional de Psiquiatría «Ramón de la Fuente Muñiz», para atención especializada en salud mental.
  • Hospitales de salud mental de la Secretaría de Salud y servicios estatales de psicología y psiquiatría.
  • Líneas estatales de atención a la violencia familiar y de género.

En casos de riesgo inmediato, las autoridades recomiendan solicitar apoyo a los servicios de emergencia o acudir al Ministerio Público.

Un fenómeno que aún genera debate

Más de cinco décadas después del caso que le dio nombre, el síndrome de Estocolmo continúa siendo objeto de discusión entre especialistas.

Algunos investigadores sostienen que el concepto ayuda a explicar determinadas reacciones de supervivencia; otros consideran que puede simplificar procesos psicológicos mucho más complejos relacionados con el trauma, el control coercitivo y la violencia prolongada.

Lo que sí existe consenso es en que ninguna víctima debe ser juzgada por permanecer junto a su agresor. Comprender los mecanismos del trauma resulta esencial para brindar atención médica, psicológica y jurídica adecuada, favorecer la recuperación y prevenir nuevas situaciones de violencia. –sn–

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