México enfrenta una temporada de ciclones 2026 activa en el Pacífico. CADENA llama a fortalecer la prevención, alertas y capacidades comunitarias antes de una emergencia.
Por Martín García | Reportero
México enfrenta una temporada de ciclones tropicales con actividad por arriba del promedio en el Pacífico, donde el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) prevé entre 18 y 21 sistemas con nombre, incluidos hasta cinco huracanes mayores. Ante este escenario, Cadena México llamó a fortalecer la prevención y las capacidades comunitarias antes de que un fenómeno represente una amenaza directa.
El pronóstico oficial contempla además entre 11 y 15 sistemas con nombre en el Atlántico, de los cuales uno o dos podrían alcanzar categorías 3, 4 o 5. El SMN ha advertido que una actividad menor en esa cuenca no significa ausencia de riesgo, debido a que un solo ciclón puede provocar afectaciones severas.
Para Jack Tronllan, director de Cadena México, la preparación debe comenzar antes de que se emitan los avisos de emergencia, debido a que durante la aproximación de un ciclón el tiempo disponible para tomar decisiones se reduce de manera considerable.
“La preparación no debe comenzar cuando aparece el primer aviso de un huracán. En ese momento, el tiempo es un recurso crítico”, señaló Tronllan.
Otis y John mostraron la rapidez con la que puede cambiar el riesgo
La experiencia reciente de Guerrero y Oaxaca muestra por qué el monitoreo meteorológico debe acompañarse de preparación comunitaria. En octubre de 2023, Otis pasó rápidamente de huracán categoría 1 a categoría 5 frente a Guerrero y tocó tierra en Acapulco con vientos máximos sostenidos de 270 kilómetros por hora.
Un año después, John alcanzó la categoría 3 antes de tocar tierra al sur-suroeste de Marquelia, Guerrero. El fenómeno provocó lluvias extraordinarias en Guerrero y Oaxaca y puso nuevamente a prueba las capacidades de prevención y respuesta en ambas entidades.
Estos episodios muestran que la magnitud de un desastre no depende exclusivamente de la categoría alcanzada por un ciclón. También intervienen las condiciones sociales, económicas, ambientales y de infraestructura de las comunidades expuestas, así como su capacidad para actuar ante una emergencia.
“Un huracán, una inundación o un sismo forman parte de los procesos naturales; el desastre ocurre cuando ese fenómeno interactúa con una población expuesta y vulnerable que no cuenta con las capacidades suficientes para enfrentarlo”, explicó el director de Cadena México.
La anticipación gana terreno en la respuesta humanitaria
El enfoque de atención ante desastres ha comenzado a desplazarse de una respuesta exclusivamente reactiva hacia modelos de anticipación, en los que el monitoreo, la evaluación de escenarios y la preparación de equipos se realizan antes del impacto.
Cadena México mantiene vigilancia de fenómenos que pueden generar emergencias y dispone de equipos especializados para realizar evaluaciones, apoyar operaciones de búsqueda y rescate e identificar necesidades en las comunidades afectadas.
La organización sostiene que contar con información meteorológica no es suficiente si la población no sabe cómo utilizarla para tomar decisiones. Por ello, la educación comunitaria ocupa un papel central en la prevención: reconocer riesgos, interpretar alertas, identificar rutas de evacuación y saber cuándo trasladarse a un sitio seguro pueden reducir la exposición ante un fenómeno extremo.
“La información sólo es útil cuando las personas saben cómo convertirla en una acción”, señaló Tronllan. –sn–


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