El Servicio de Urgencias del Estado de México cumple 50 años de historia, con socorristas que transmiten su experiencia, vocación y compromiso con la atención de emergencias.
Por Mireya Estrada | Corresponsal
La vocación de salvar vidas ha pasado de una generación a otra durante cinco décadas en el Servicio de Urgencias del Estado de México (SUEM), institución que cumple 50 años de trabajo en la atención de emergencias y auxilio a la población mexiquense.
Desde su creación en 1976, el servicio ha reunido historias de compromiso, preparación y fortaleza emocional de quienes acuden a situaciones en las que cada segundo puede marcar la diferencia. Hoy, sus integrantes reconocen el legado de los pioneros y transmiten sus conocimientos a quienes comienzan esta labor.
La experiencia de médicos y socorristas también revela la dimensión humana de las emergencias: detrás de cada uniforme hay familias que comparten la incertidumbre de una profesión en la que ayudar a los demás implica afrontar riesgos.
SUEM: una historia que comenzó en 1976
El médico Héctor Linares Bocanegra, integrante del SUEM, recuerda que la institución surgió a raíz de un accidente ocurrido en la curva de Río Hondito, hecho que evidenció la necesidad de contar con un servicio especializado para atender siniestros carreteros durante todo el año, las 24 horas del día.
A cinco décadas de aquel origen, Linares considera que uno de los principales frutos de esta trayectoria es la continuidad de la vocación entre los integrantes de la institución. Algunos trabajadores han visto cómo sus propios hijos se incorporan al servicio y dan paso a una nueva generación de personal de emergencias.
El médico compara esa transmisión de conocimientos y compromiso con una flor que, al abrirse, produce nuevas semillas capaces de germinar y continuar el ciclo.
Una vocación que nace del ejemplo familiar
Para Raymundo Espíndola Ortega, socorrista del SUEM, el interés por atender emergencias surgió desde la infancia, inspirado por el ejemplo de su padre. Comenzó como voluntario y, a los 23 años, se incorporó formalmente a la institución.
Con el paso del tiempo, convirtió esta actividad en una forma de vida. Su satisfacción, explicó, proviene de ejercer una profesión que ama y que le permite ayudar a otras personas.
“Siempre le he dicho a mi hija que nunca he venido a trabajar, me pagan por hacer lo que amo y pocas personas tenemos el privilegio de poder decir eso”, expresó.
Sin embargo, la pasión por el servicio no elimina los riesgos. Cada emergencia presenta condiciones diferentes y puede poner en peligro la integridad del personal que acude a brindar ayuda.
Espíndola reconoce que pensar en su hija le recuerda que quienes atienden accidentes y otras situaciones críticas también tienen una vida familiar. Sus padres, parejas, hijos y amigos permanecen pendientes de su regreso, mientras ellos enfrentan la incertidumbre propia de cada intervención.
Veteranos del SUEM, referentes para las nuevas generaciones
La experiencia acumulada durante 50 años constituye uno de los principales legados de la institución. Para Telémaco Martínez de la Cuadra, titular del SUEM, el trabajo de quienes iniciaron esta labor permitió establecer las bases sobre las que hoy se forman nuevos integrantes.
Al dirigirse al personal veterano, reconoció que su ejemplo ha sido fundamental para mantener viva la vocación de servicio y agradeció los conocimientos y experiencias que han compartido a lo largo de los años.
El reconocimiento pone en perspectiva una trayectoria construida no solo a partir de la atención de emergencias, sino también del aprendizaje entre compañeros y de la preparación para responder ante circunstancias que exigen decisiones oportunas. –sn–


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