Morena enfrenta una guerra interna por el control político de Nicolás Romero. Batalla por el poder local.
Por Mireya Estrada | Corresponsal
En el municipio mexiquense de Nicolás Romero, la lucha política interna comenzó con fuerza. No se trató de un enfrentamiento entre partidos, sino de una disputa entre antiguos aliados de Morena que en el pasado compartieron campañas y estructuras, pero que ahora peleaban por el control del municipio. El exalcalde Armando Navarrete López encendió la confrontación con apoyo del senador Higinio Martínez.
Desde el Lienzo Charro de Cahuacán, el grupo que encabezaba Navarrete declaró abiertamente su intención de arrebatar el poder a la actual presidente municipal Yoselin Mendoza en las elecciones de 2027. En ese círculo político acusaban a la alcaldesa de haber roto con quienes la llevaron al triunfo. Argumentaban que fue Navarrete quien impulsó su candidatura y respaldó su victoria.
Una vez en el cargo, Mendoza dejó fuera de las decisiones políticas a su antiguo aliado. En su lugar, formó acuerdos con viejos adversarios, entre ellos el expriista Martín Sobreyra y panistas como Mario Arana y Reynaldo Ramírez Chávez. Estos actores controlaban áreas estratégicas de la administración municipal. El giro político generó fracturas profundas en el movimiento.
La dirigente municipal, con pasado panista, se recargó en la oposición para gobernar. La ruptura con el grupo que la impulsó abrió un vacío de poder que otros actores buscaban llenar. Entre ellos, las hermanas Carrasco, que tejían alianzas y hacían promesas discretas para posicionarse en el escenario político local.
Movimientos de oposición
En el frente blanquiazul, el PAN operaba con doble estrategia. Por un lado, mantenía influencia en la gestión municipal actual a través de sus representantes. Por otro, no descartaba presentar candidatura propia si el conflicto interno en Morena se prolongaba. Contaban con estructura, recursos y posiciones ganadas.
El PRI local también conservaba presencia política. El grupo de Sobreyra mantenía operadores y redes clientelares capaces de activarse en futuros procesos electorales. Si Morena no resolvía sus divisiones, el tricolor podía regresar disfrazado de proyecto independiente para captar electores inconformes.
En la dirigencia estatal del partido, la postura fue el silencio. En Toluca no emitieron llamados a la unidad ni intentos de conciliación. La estrategia parecía ser permitir que los liderazgos municipales compitieran entre sí para después imponer a un perfil alineado al grupo de poder texcocano.
Horacio Duarte optó por mantenerse distante, sin manifestar apoyo a ninguno de los bandos. En cambio, Higinio Martínez definió su respaldo a Navarrete, con la intención de recuperar el control de Nicolás Romero y fortalecer su influencia política en el Valle de México.
Escenario rumbo a 2027
La disputa también abrió espacio a nuevas figuras conocidas como “tercera vía”, que buscaban posicionarse como alternativa ante el desgaste de los grupos en pugna. Estas corrientes pretendían capitalizar el desencanto de la militancia y el electorado.
La situación en Nicolás Romero reflejaba un problema más amplio dentro de Morena en el Estado de México. Las rupturas, ambiciones y traiciones debilitaban al partido que en otros tiempos presumía unidad. El conflicto local se convirtió en un espejo de tensiones en otras regiones.
La ausencia de pronunciamientos oficiales y la permisividad de la dirigencia aumentaban la incertidumbre política. Los operadores de diferentes facciones actuaban con libertad para consolidar su influencia. El municipio se convirtió en un tablero donde cada jugada buscaba ventaja futura.
La fuerza política que alguna vez se presentó como unida ahora enfrentaba divisiones profundas. Las alianzas temporales y los acuerdos circunstanciales se imponían sobre proyectos colectivos. En este ambiente, la lucha por el poder municipal se mantenía abierta.
Un municipio en disputa
La confrontación interna comenzó a desgastar la capacidad operativa de la administración local. Las áreas clave se fragmentaron entre diferentes grupos de interés, dificultando la ejecución de proyectos. Este escenario generaba un clima político tenso que impactaba en la gobernabilidad.
En paralelo, los partidos de oposición calculaban los tiempos para intervenir. Los movimientos estratégicos se mantenían discretos, pero las redes políticas y sociales permanecían activas. Los actores con experiencia electoral aprovechaban la división para ganar terreno.
Mientras tanto, la población observaba el enfrentamiento entre los liderazgos sin señales claras de reconciliación. El desgaste político comenzaba a permear en la percepción ciudadana, abriendo la posibilidad de un cambio en la correlación de fuerzas para las próximas elecciones.
El papel de Higinio Martínez resultaba determinante para definir el rumbo. Su respaldo a Navarrete fortalecía a un bloque, pero al mismo tiempo incentivaba la resistencia del grupo encabezado por Mendoza. El municipio se encontraba así en un punto de tensión máxima. –sn–


¡Conéctate con Sociedad Noticias! Suscríbete a nuestro canal de YouTube y activa las notificaciones, o bien, síguenos en las redes sociales: Facebook, Twitter e Instagram.
También, te invitamos a que te sumes a nuestro canal de información en tiempo real a través de Telegram.

