Los síntomas pueden confundirse con otros padecimientos gastrointestinales, lo que contribuye al retraso en el diagnóstico y al inicio tardío del tratamiento oportuno.
Por Gabriela Díaz | Reportera
La Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), que agrupa a la enfermedad de Crohn y a la colitis ulcerosa, representa un desafío tanto por su complejidad para ser diagnosticada como por su impacto en la calidad de vida de quienes la padecen.
A nivel mundial, la incidencia y prevalencia de la EII han mostrado un incremento en las últimas décadas y se está convirtiendo en un problema de salud mundial, lo que refuerza la necesidad de fortalecer capacidades de diagnóstico y seguimiento.5 En México, se estima que cerca de 60 mil personas viven con esta condición.
En la mayoría de los casos, la EII es una enfermedad crónica que se caracteriza por alternar periodos de remisión, en los que los síntomas disminuyen, y otros en los que estos empeoran mientras la enfermedad progresa.6 En etapas iniciales, los síntomas pueden parecerse a los de otros trastornos gastrointestinales comunes, lo que dificulta su identificación temprana. Aunado a eso, el diagnóstico de la EII es complejo y requiere un abordaje integral que combine la historia clínica, exploración física, estudios de laboratorio y procedimientos especializados como colonoscopia o endoscopia. –sn–


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