Esta será la primera vez que Cruz Azul y Pumas se enfrentan en una final del futbol mexicano en 45 años, la última vez fue en la campaña 1980-1981.
Por Eric Gómez | Reportero
El Cruz Azul confirmó su dominio este domingo en el Estadio Olímpico Universitario y conquistó el título del torneo Clausura 2026 tras imponerse 1-2 a los Pumas en una final intensa que se resolvió en los minutos finales. El conjunto celeste alcanzó su décima estrella en el futbol mexicano bajo la dirección técnica de Joel Huiqui, quien escribió uno de los capítulos más importantes en la historia reciente del club. La coronación ocurrió en un escenario que en los últimos meses se convirtió en territorio favorable para la escuadra cementera.
El encuentro inició con precaución por parte de ambos equipos, quienes priorizaron el orden defensivo durante los primeros minutos del partido. Tanto Pumas como Cruz Azul intentaron neutralizar las principales rutas ofensivas del rival en una disputa marcada por la tensión propia de una final. Conforme avanzó el reloj, el cuadro celeste tomó mayor control del balón y comenzó a generar aproximaciones sobre la portería universitaria.
El arquero costarricense Keylor Navas evitó en varias ocasiones la caída de su marco con intervenciones que sostuvieron al conjunto auriazul durante gran parte de la primera mitad. El guardameta respondió ante disparos de media distancia y remates dentro del área que amenazaron con abrir el marcador. Su actuación permitió que el partido permaneciera igualado pese al dominio ofensivo de la Máquina.
Final de alta tensión
En una jugada de contragolpe, los Pumas sorprendieron al rival y se adelantaron en el marcador con una anotación de Robert Morales al minuto 30. El delantero paraguayo conectó un disparo desde fuera del área que superó al portero colombiano Kevin Mier, quien no alcanzó a reaccionar ante la potencia y colocación del remate. La anotación modificó el desarrollo táctico del encuentro y obligó a Cruz Azul a asumir mayores riesgos ofensivos.
La intensidad física marcó el cierre de la primera mitad, donde ambos equipos disputaron cada balón con presión constante en mediocampo. El silbatazo del árbitro central Daniel Quintero permitió que los jugadores tomaran un respiro después de 45 minutos de desgaste continuo. El marcador parcial favoreció a los universitarios, aunque la ventaja lució mínima ante la insistencia ofensiva celeste.
Para el complemento, los auriazules intentaron ampliar la diferencia mediante jugadas a balón parado y ataques por las bandas. Incluso, Juninho Vieira marcó un gol que posteriormente fue invalidado por decisión arbitral tras revisión de la jugada. La determinación provocó reclamos en el conjunto local y aumentó la presión sobre el desarrollo del encuentro.
Reacción cementera
La respuesta de Cruz Azul llegó al minuto 53 con un autogol de Rubén Duarte, quien desvió accidentalmente un centro enviado por Álvaro Angulo. El balón cambió de trayectoria y terminó dentro de la portería defendida por Keylor Navas, lo que devolvió el empate a la final. A partir de ese momento, la Máquina recuperó confianza y adelantó líneas en busca de la remontada definitiva.
Los minutos posteriores registraron oportunidades para ambos conjuntos, aunque las defensas lograron contener la mayoría de los ataques. Pumas intentó recuperar el control mediante transiciones rápidas, mientras Cruz Azul apostó por la posesión y los cambios ofensivos desde el banquillo. La tensión aumentó conforme el partido se acercó al tiempo agregado y la posibilidad de tiempos extra comenzó a tomar fuerza. –sn–
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