Con wAIn, LDM inicia una serie de acciones para conectar con líderes de toda Latinoamérica, a través de experiencias altamente significativas y enriquecedoras.
Por Gabriela Díaz | Reportera
La inteligencia artificial salió por una noche de las pantallas para instalarse entre copas de vino, aromas y conversaciones. Esa fue la premisa de wAIn, la experiencia creada por LDM en Mattea, dentro del Hotel Downtown Santa Fe, donde líderes de distintas industrias participaron en una cata diseñada para entender, desde los sentidos, cómo aprovechar mejor las herramientas de IA y abrir nuevas conversaciones alrededor de la tecnología aplicada a los negocios.
La dinámica partió de un ejercicio sencillo pero revelador: degustar dos vinos elaborados con la misma uva y descubrir cómo pequeños matices transforman por completo aromas, sabores, texturas y percepción. El primero, un Villa Antinori Riserva de Marchesi Antinori, se sirvió acompañado de Arancini alla bolognesa, una combinación pensada para resaltar las notas frutales y especiadas del vino y abrir, desde el primer sorbo, la conversación sobre cómo el entorno modifica la experiencia.
«La cata fue diseñada para que los asistentes vivieran, desde los sentidos, una idea que solemos discutir solo en teoría: la experiencia es el mejor vehículo para entender la inteligencia artificial. Cuando una marca o un líder se conecta con la tecnología desde lo sensorial, deja de verla como algo abstracto y empieza a relacionarse con ella como lo que realmente es: una herramienta que cobra sentido cuando se vive y se interpreta«, compartió Alberto Álvarez, CEO de Endavant, sommelier certificado y fue el encargado de dirigir la experiencia sensorial de la noche.
A partir de ahí, Alberto guió a los asistentes hacia la segunda copa, un Brunello di Montalcino DOCG de Castiglion del Bosco, maridado con un montadito de tartar de res cuyo contraste de temperatura y textura permitió identificar la profundidad y la elegancia tánica de la etiqueta. La conversación derivó de manera natural hacia la analogía con la inteligencia artificial: las herramientas pueden ser las mismas, pero el resultado cambia radicalmente dependiendo de quién las utiliza, cómo se construyen las instrucciones y qué capacidad existe para interpretar la información de manera estratégica.
«Un sommelier no inventa el vino, lo interpreta. Sabe leer lo que la copa ya trae y traducirlo en una experiencia que tiene sentido para quien la vive. Con la inteligencia artificial pasa algo muy parecido: la herramienta produce, pero el criterio humano es el que la convierte en un resultado de negocio real. Sin ese criterio, hay producción; con él, hay valor», señaló Israel Santiago, Presidente de LDM. –sn–


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