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Análisis, Mario A. Medina

Opinión | Mario A Medina | Que no le digan… | Lo que está en juego

Por Mario A. Medina*

Poco más de 92 millones de mexicanas y mexicanos en todo el país estamos siendo bombardeados por un cúmulo de propuestas de una multitud de candidatos que buscan nuestro voto para  renovar la Cámara de Diputados, lo mismo en 15 de 32 gubernatura; además de un sinnúmero de municipios y alcaldías; 16 en la Ciudad de México.

La elección del domingo 6 de junio a la que se le ha dado por llamar “la más grandes en la historia de México”, tendrá como resultados, en pocas palabras, volver al pasado o continuar por el camino de la 4T. 

Desde la campaña presidencial el presidente Andrés Manuel López Obrador fue claro al señalar que, de ganar el propósito principal de su administración, no era un cambio de gobierno sino un cambio de régimen, es decir un cambio radical.  

Creo que en ambos términos se ha centrado el debate político-social-económico entre el jefe del Ejecutivo mexicano y el grupo de opositores quienes lo veían, efectivamente, como un “peligro” pero para ellos, cuyos  miedos los socializaban, es decir nos repetían hasta el cansancio que era “un peligro para México” o sea, para todos. No es así.

Es claro que hay decisiones que no sólo le disgustan a la “mafia del poder”, sino a muchos ciudadanos que incluso simpatizan con López Obrador. Por ejemplo, el tema de las reformas  aprobadas este viernes con las que se amplían por dos años la presidencia de Arturo Zaldívar al frente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que a decir de constitucionalistas son “a todas luces inconstitucionales”.

Interesante fue la intervención de la diputada federal de Morena en la tribuna de San Lázaro. Aleida Alavez dirigiéndose a sus pares priístas y panistas, les reclamó: “ahora resulta que son unos defensores a ultranza de la constitucionalidad cuando se encargaron de deshacer las instituciones de la carta magna: el ejido, el derecho al trabajo, la cancelación de la soberanía energética, la educativa”, entre otras muchas.

Les recordó cuando les estorbó el 97 constitucional, y por ello, “desde el ejercicio del poder eliminaron la facultad de investigación de la SCJN en materia de violaciones graves a derechos humanos”, esto, en tiempos de Ernesto Zedillo. Con tono enfático les recordó: “Aquí en San Lázaro cada reforma constitucional era un negocio”. Y sí que lo fue. No se diga en tiempos de Enrique Peña Nieto. Y los que reclaman hoy  en ese entonces no dijeron nada. 

Hizo memoria de la reforma al 94 constitucional, al poder judicial de la federación que significó “un golpe de raíz pero no una mejor impartición de justicia”; que  “hicieron valer el retiro forzoso de los ministros, entrometiéndose por dos décadas en la integración de la Suprema Corte, donde quien decidía la asignación de los ministros era precisamente el Presidente de la República, Ernesto Zedillo”. Fue efectivamente una reforma a modo.

Podremos estar de acuerdo o no con esta reforma pero, ¿qué acaso cuando las reformas estructurales del peñismo a la fracción parlamentaria del PRI le preocupó el respeto a la supremacía constitucional? Desde luego que no. ¿Qué acaso en tiempos de Fox y Calderón no sucedió lo mismo? La respuesta es la misma.

Reitero hay temas, situaciones decisiones con las que no coincido: enfrentamientos muchas veces innecesarios, descalificaciones generalizadas contra periodistas, “perdones” inconcebibles como sucedió con Alonso Ancira: “Roba ahora, paga mañana y en abonos chiquitos”.

Pero también creo que es importante que el Presidente exprese abiertamente sus desacuerdos contra sus opositores, sus diferencias con periodistas o con los que él llama “intelectuales orgánicos”. Antes, con una llamada desde Los Pinos se arreglaban las diferencias, se acallaban las críticas o se echaban a la calle a reporteros y analistas incómodos al gobierno o simplemente se les retribuía buenos apoyos económicos que los hacían coincidir y aplaudir al poder. 

En fin, esta elección, de manera destacada, va a definir el rumbo de México no sólo en los próximos tres años de gobierno lopezobradorista que de una u otra manera ha logrado llevar a cabo transformaciones, metamorfosis que no ha sido del agrado de quienes en el pasado reciente, digamos en los últimos 35 años, fueron beneficiados de un sistema político-económico que enriqueció a unas cuantas familias hasta hacerlos aparecer en los primeros lugares de los hombres y mujeres más acaudalados del mundo. Otros muchos también fueron ganadores gracias a la grosera corrupción que aun padecemos, pero también gracias a reformas constitucionales que se publicitaban como una “decisión acertada para el país”.   

Que siga prevaleciendo o no el estatus quo del neoliberalismo es el fondo del asunto, pero no sólo la prevalencia del libre mercado en sí mismo, donde la competencia sea la que dicte quién es el ganador, no. Lo que hicieron prevalecer, claro, son las leyes del marcado sobre el Estado pero bajo el axioma, “primero los míos, los socios, los amigos, claro, a costa de la nación. 

El resultado de las elecciones sin lugar a dudas va ser fundamental. Cuando era mayoría el PRI, el proyecto de gobierno era el mismo por el que pugnaba el PAN. No había muchas diferencias salvo unos pequeños matices. Es por esto que hoy no sólo se suman en un frente PAN y PRI, junto con  la derecha empresarial, con los llamados “abajo firmantes” y otros tantos quienes fueron “salpicados” del botín, y por eso extrañan el pasado reciente.  

Para el mundo la pandemia por el Covid 19 ha sido una tragedia. No hay gobierno que se salve, pero en el caso de México, para la administración del presidente López Obrador ha sido una desgracia mayor porque seguramente le ha significado una dificultad de grandes proporciones que le ha impedido el cambio de régimen como se lo propuso. 

Seguramente muchos de quienes votaron en el 2018 por Morena no lo harán en esta ocasión, pero creo que de nueva cuenta este partido volverá a tener mayoría en la Cámara de Diputados que le permitirá al Presidente avanzar en lo posible hacia la 4T, reformas que beneficien verdaderamente al país, a la sociedad misma.     

La consecuencia de esta elección podría ser el resultado de lo que será México en los próximos diez años: Podrían regresar los que se fueron, pero no regresar jamás lo que se llevaron. Hoy esos mismos que van por México, buscan, le piden al tiempo que vuelva, que regrese su pasado “exitoso” de grandes negocios y que para eso reformaron a modo la Constitución. Hoy, evidentemente, fingen demencia, dicen defenderla. Frente a estos está el proyecto lopezobradorista, el de la 4T. Esto es lo que está en juego.

Que no le cuenten…

La nalgada del candidato de Morena a la gubernatura de Zacatecas, David Monreal a la también morenista, aspirante a la alcaldía de Juchipila, Rocío Moreno Sánchez es un acto  de vil “superioridad” de un hombre sobre una mujer, una violación flagrante.

Un hecho que lamentablemente es común sobre todo en el ámbito político y empresarial, como lamentable es el abuso sexual del que se le acusa al diputado federal morenista Saúl Huerta a un joven de 15 años, a quien tenía como su asistente. La madre del muchacho ya dio a conocer un audio donde el legislador le ofrece a ésta llegar a un arreglo económico a cambio de que no “destruya” su carrera política. Urge que la comisión respectiva de Morena haga lo que corresponde y no se diga que todo esto es parte de una guerra sucia. Lo que sí es, es una vergüenza.  

*Periodista: @MarioA_Medina

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