Análisis, Daniel Almazán

Opinión | Daniel Almazán | “Marinita”

Por Daniel Almazán Jiménez*

Durante horas observo a “Marinita“. Así le puse a una golondrina que anidó justo en el ángulo que hace la pared y la marquesina de mi casa.

Al inicio de las lluvias, ella y yo nos observamos a través de la ventana. Me evaluaba para ver si era digno de albergar su nido y sin más, se dio a la tarea de pegar pequeños pedazos de lodo, uno a uno hasta que por fin, después de tiempo, lo terminó.

Al concluir su nido, ese día “Marinita” voló a la perfección y planeó en el aire tan bien que por momentos daba la impresión de que se estrellaría, pero en fracción de segundo cambiaba su curso como mostrándome que nunca es tarde para esquivar obstáculos o problemas por muy cercanos que estén.

Ese día, como otros, “Marinita” volaba a ras del suelo -y alegre- rozaba pequeños charcos para elevarse y volver a planear en el aire dejando ver su envidiable libertad, su tan anhelada alegría, su frescura en el pico, su destreza aérea y su ejemplo de precisión que la hacía volver a su nido…

Golondrina volando sobre el agua

Desde su gran obra de arquitectura, volvía a fijar su mirada en mi para medir su distancia y reclamar su pequeño espacio de mi casa, que ella misma se compró y que pagó con invaluables horas, que me ha dado para verla durante su inigualable espectáculo aéreo en los días de lluvia, de aromas y de paz que sólo “Marinita” sabe dar…

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