Jorge Santa Cruz

Opinión | Jorge Santa Cruz | Hipocresía de la propaganda aliada

Por Jorge Santa Cruz                                   

(Publicado de manera original en Sin Compromisos)                          

La actual propaganda aliada tiene dos propósitos muy claros: uno, provocar en Occidente un sentimiento de compasión hacia los ucranianos y otro, de rencor hacia los invasores rusos.

Los medios de comunicación del globalismo presentan de manera persistente las imágenes de la población ucraniana afectada por la invasión rusa.

Se trata de escenas que lastiman la dignidad humana de quienes son exhibidos en fotografías y videos por los medios financiados y/o influenciados por los Rothschild, los Soros, los Clinton, los Obama

Se hace propaganda en lugar de periodismo. La propaganda, según la definición de la Real Academia Española, es la «Acción y efecto de dar a conocer algo con el fin de atraer adeptos o compradores«.1

La propaganda, en el mejor de los casos, difunde medias verdades, si no es que mentiras y ficciones.

El periodismo es —debe ser— la antítesis de la propaganda. Esta busca beneficiar a determinados grupos e ideologías. El periodismo, en cambio, tiene como objetivo encontrar la causa primera de las noticias para bien de toda la sociedad.

La propaganda difunde los significados parciales que convienen a sus intereses. El periodismo tiene la misión, el deber, de presentar todas las reacciones motivadas por la noticia.

«El significado parcial de un suceso puede ser variable, según quien lo juzgue, pero el significado genérico, universal, de sentido común, es uno solo. Y es éste el que constituye la noticia; es el que necesita buscar el periodista», explicó el maestro Salvador Borrego Escalante en su libro Periodismo trascendente que se editó por primera vez en México en 1951, es decir, seis años después de concluir la Segunda Guerra Mundial.2

El referido autor (nacido en 1915 y fallecido en 2018) explicó entonces que «El periodismo […] debe ahondar en los acontecimientos sociales, a través de los significados parciales, hasta encontrar el significado único y universal de estos acontecimientos».3

Con base en lo anterior podemos asegurar que la propaganda distorsiona el sentido de los hechos y desvía la atención de la opinión pública con el fin de que acepte, sin más, la «versión políticamente correcta«.

Dicho lo anterior, regresemos a la idea expuesta al inicio del presente trabajo: la difusión de imágenes del sufrimiento causado por la invasión rusa a Ucrania. La actual propaganda aliada tiene dos propósitos muy claros: uno, provocar en Occidente un sentimiento de compasión hacia los ucranianos y otro, de rencor hacia los invasores rusos.

Es falso que el presidente ruso Vladímir Putin haya ordenado la invasión a Ucrania solo porque sí; también, que los Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte estén exentos de responsabilidades de lo que sucede en Europa del Este.

Los medios globalistas y los que siguen su línea editorial se abstienen de reconocer las culpas de las élites que gobiernan al que fue llamado alguna vez el «mundo libre». Su narrativa reproduce los esquemas propagandísticos que se aplican desde la Primera Guerra Mundial.

Preparemos la conclusión: el sufrimiento de cualquier persona nos debe doler en el alma. Debemos considerar tanto las tragedias que se viven en Ucrania como las que tienen lugar en Rusia (por los soldados que han muerto en el frente o han sido heridos por los militares ucranianos).

En este contexto, nos llama poderosamente la atención la manera masiva, constante y morbosa como se «informa» del éxodo de civiles ucranianos. Digamos por qué: los aliados expulsaron de sus hogares a entre doce y quince millones de alemanes en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial y los años posteriores a la caída del III Reich. Hablamos de la tragedia humanitaria más grande de la historia en materia de desplazamiento forzoso.

Alfred-Maurice de Zayas publicó un minucioso estudio en 1993, cuya tesis es que los alemanes expulsados de sus casas, pueblos y ciudades sumaron casi 15 millones.4

Otros autores, como Ian Connor, estiman que el número de refugiados y expulsados alemanes que huyeron o fueron expulsados de Europa Central y Oriental hacia lo que quedaba del III Reich fue de aproximadamente 12 millones.5

Los medios del globalismo callaron entonces —y callan hoy— esa tragedia premeditada. La población alemana era perseguida por estadounidenses, ingleses, franceses y soviéticos por el solo hecho de ser… aleman. En la actualidad, los desplazados ucranianos huyen del fuego ruso

En 1945, las «democracias occidentales» dejaron que los soviéticos cometieran los crímenes más atroces contra niñas, mujeres solteras, madres embarazadas, religiosas, ancianas… La suerte de las alemanas y de los alemanes en general (excombatientes amputados, hombres enfermos, ancianos, niños, etc.), no les interesó en su momento, ni les interesa hoy. La de los ucranianos, sí. ¿Por qué? Porque para los globalistas hay seres humanos de «primera» (los que les son útiles) y otros, de «segunda» (a los que maltratan de manera abierta). 

Por cierto: ¿ha leído, visto o escuchado usted que los medios de comunicación globalistas se lamenten de que 8 500 niños mueran de hambre cada día en el mundo? La cifra la proporcionó el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en febrero de 2019, y la reprodujimos en este espacio el 20 de marzo de 2020.6

Estimado amigo lector: usted tiene la mejor conclusión.

* Periodista y académico universitario | @JorgeSantaCruz1

Columna anterior: Nietzsche, Putin y el dominio del mundo

(El presente artículo se publicó de manera original en Sin Compromisos y se replica en este espacio con autorización de su autor)

Referencias

  1. Diccionario de la lengua española. (2022). Propaganda. Real Academia Española. https://dle.rae.es/propaganda
  2. Borrego Escalante, S. (1983). Periodismo trascendente (9a, edición). Edición del autor, p. 9.
  3. Íbid.
  4. Cfr., De Zayas, A. (1993). The German expellees: victims in war and peace. St. Marti´n Press. DOI 10.1017/s0008938900009523
  5. Cfr., Ian Connor. (2007). Refugees and Expellees in Post-war Germany. Manchester University Press. (lIBRO ELECTRÓNICO).
  6. Cfr., Jorge Santa Cruz. (´20 de marzo de 2020). ¿Por qué se minimiza la muerte de 8 500 niños cada día en el mundo? Un viaje a las entrañas del Covid-19. Sin Compromisos.
Jorge Santa Cruz | Periodista
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