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Opinión | Mario A Medina | Que no le digan… | El fracaso del discurso de la derecha

Por Mario A. Medina                                                            

El fotógrafo contó: “una, dos y… treeess”. El clic de la cámara se escuchó levemente. Los tres dirigentes nacionales sonrieron, pusieron sus mejores caras con su pulgar arriba. El escenario, el frontispicio de la Cámara de Diputados, la obra del maestro guanajuatense José Chávez Morado donde destaca, en relieve, el águila nacional.

Ahí con diputados panistas, priístas y perredistas, Marko Cortés, Alejandro Moreno y Jesús Zambrano se veían algo así como los tres mosqueteros. “¡Uno para todos, todos para uno y todo para nosotros”!   

“¡Sí por México”! repetían en voz alta. Su propósito, ganarle al Presidente López Obrador y a Morena la mayoría en las elecciones intermedias. Aunque sí lograron disminuir algo al partido guinda en la Cámara Baja, pero su objetivo plenamente no se cumplió.  

Hay quienes consideran que el “triunfo” del PRIAPRD fue menos que pírrico. Esas alianzas en las elecciones intermedias no significaron al final de cuentas un espacio de partida que cambiara el punto de vista de las mayorías de los mexicanos y, desde luego, el rumbo político del país.

La realidad se estrelló en la cara de los aliancistas comandados por el derechista Claudio X. González, pues López Obrador volvió a ganar 11 de las 15 gubernaturas en disputa. En la CDMX, bastión presuntamente de la “izquierda”, Morena salió derrotado.   

Pero no sólo la alianza “Va por México” no pudo lograr su propósito, le sucedió lo mismo a la derecha social y a la derecha empresarial que han dedicado, muy probablemente cientos de millones de pesos para posicionar un discurso que permee en todas las capas sociales que tiene como finalidad el “arrepentimiento” de quienes votaron por Andrés Manuel López Obrador

Un hecho es cierto, desde antes de la victoria de López Obrador en el 2018, los partidos de oposición y las cúpulas empresariales no han sido capaces de vencer al Presidente no sólo en su retórica mañanera, les ha ganado muchas de las partidas. Luis Antonio Espino, consultor de comunicación dijo a BBC Mundo: “Desde 2018, podríamos decir que la oposición en México está desaparecida o casi invisible, muy débil, fragmentada o perdida”. 

Y sí, el gran lastre de los tres partidos oposicionistas es su falta de identidad con la ciudadanía la que decidió revocarles su confianza, si es que la tenían, les negaron su voto. Los que se identifican con ellos y conecta con ellos, son ellos mismos, las élites políticas, económicas, intelectuales y la derecha social.  

A una semana de la consulta revocatoria, la oposición sencillamente no cuenta con un argumento sólido que convenza a la población de que el Presidente Andrés Manuel López Obrador se debe ir ¡ya!  a la “Chingada”, a su rancho en Chiapas.   

Desde mucho antes de que «El Peje» llegara a Palacio Nacional, la estrategia para que no fuera el inquilino de este hermoso edificio, ha sido la misma, una retórica ya gastada: “López es un peligro para México”. Claro, sí, López Obrador es un peligro, pero para ellos.

Quienes han emprendido la guerra son los mismos que dejaron de tener privilegios de todo tipo. Políticos, empresarios, intelectuales, articulistas, columnistas quienes dedicaron sus esfuerzos como nunca lo habían hecho para ser unos severos observadores de la administración lopezobradorista.

Es necesario decirlo también, muchos analistas de manera particular han sido duros y serios críticos del Presidente y de su partido que saben enriquecer la crítica inteligente y bien habida. Han exhibido argumentos ciertos y criticas sanas, muchas de ellas, desde mi punto de vista necesarias frente argumentaciones del Ejecutivo que no es fácil aceptarlas, o decisiones que duelen, enojan y sorprenden, como es el caso Notimex y muchos más.

El discurso de la derecha oposicionista ha perdido la esencia de la argumentación seria y ha privilegiado el escenario de la guerra en “un vodevil exaltado”, donde los actores, su arenga ha fracasado producto de un discurso desarticulado, el de una “pandilla” que no ha podido invitar, que no ha provocado que la población renuncie a su Presidente y que decida echarlo de Palacio Nacional.

El conservadurismo ha pretendido crear la idea ilusoria de que México está en llamas, que la corrupción ahora es peor que la que se practicó en el tiempo de Enrique Peña Nieto, de Felipe Calderón y de Vicente Fox, y aún a los anteriores a éstos. 

El golpismo blando, su estrategia rectora, se ha practicado y se sigue practicando. Nos advirtieron y diario nos repiten que vivimos en medio del autoritarismo, que la falta de libertad de expresión es un grave problema, lo mismo que la violación de los derechos humanos. Antes, muchos de los que hoy nos dicen: “¡Cuidado, mucho ojo”! miraban y medían esto con otro racero. Antes aplaudían a los señores de Los Pinos o tristemente guardaban silencio. 

Son los mismos que llaman a salvar a México, pero recomiendan cambiar sus ahorros por dólares, que ni una línea le dan al hecho de que el peso se ha estado apreciando frente al dólar; son los mismos que se quieren vender como unos demócratas y unos verdaderos feministas, a los que se les perdonaban miles y miles de millones en impuestos, pero también son quienes suponen vivimos en el tiempo del medievo o de la colonia y piensan, y reclaman: “¡Todavía hay clases”!

A una semana de la revocación del mandato, la derecha social, política y económica vive en la esquizofrenia. No saben para donde jalar, no tienen un verdadero líder, tienen sí, un patrón. No tienen ni la menor idea de cómo pueden convencer a los mexicanos de que Andrés se debe de ir. Mejor él, muchas veces se ha puesto la “pata”.  

Su discurso, el de la derecha y de quienes arribaron y se sumaron a ésta, sigue siendo bastante pobre, carente de esencia, de imaginación, muestran que no cuentan con un proyecto de país, pues lo único que buscan es recuperar lo creen les pertenece: el privilegio de mandar, de seguir haciendo negocios, de la prerrogativa de la corrupción, del sobre amarillo. 

Una cosa es cierta, durante estos más de tres años de gobierno de López Obrador, la oposición, los neoliberales se han mostrado incapaces, ineptos para generar una moción de confianza hacia ellos, lo que sí es muy probable que ocurra este domingo 10 de abril es la confirmación de que han ganado sí, pero una moción de censura frente al fracaso de su proyecto, de su discurso, de su retórica y de sus fakes news.

Que no le cuenten…

En el pasado una de las formas en que los diarios recibían “chayo”, era en su aniversario. La mayoría de las dependencias federales pagaban una plana, media plana, un cuarto de plana o al menos un cintillo para “congratularse” por el festejo. Los textos añadían que el medio era un “ejemplo vivo” de la libertad de prensa en México. Millones de pesos cobraban los periódicos. El compromiso era no meterse con el que pagaba. 

Las cosas hoy han cambiado, aunque hay quien lo niega. Un ejemplo de un periodismo plural y democrático es el que están haciendo desde SinEmbargo al Aire Álvaro Delgado y Alejandro Páez Varela. Los Periodistas han cumplido su primer aniversario en YouTube apoyados por los “super chats” de su audiencia. Ellos y un pequeño grupo de periodistas ejercen, en términos de Paulo Fraire, un periodismo liberador, despertador de conciencias.

*Periodista: @MarioA_Medina

Columna anterior: Tacos al pastor

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