Opinión – El Bastión de Papel | Un Maximato a la 4T

Por Julián Andrade Jardi*                                             

Bertha Luján, la presidenta del Consejo nacional de Morena, dijo sin tapujos que el presidente Andrés Manuel López Obrador no se debe retirar de la política.

Es un llamado ante la canibalización interna y adelantándose a las consecuencias que tendrá la designación de candidata o candidato para 2024. No se tienen confianza entre ellos, y hacen bien, sobre todo si se atienen a su propia historia.

López Obrador ha dicho, en diversas ocasiones, que una vez que termine su mandato en octubre de 2024, reducirá su agenda al mínimo, se podrá a escribir sobre los conservadores y se irá a vivir a Palenque.

En teoría es un guiño para quien lo suceda en el cargo, aunque no esté muy convencido de que vayan a estar a la altura, ni la más favorecida, ni los otros dos. Por eso les quiere dejar de tutores a los militares, encargados de las obras emblemáticas de la 4T, que no parece que vayan a servir pera mucho, pero que son un claro símbolo del gobierno obradorista.

Al periodista René Delgado, Luján le dijo en El Financiero: “yo le diría que recapacite (López Obrador), el movimiento de transformación del país lo necesita, es un factor de unidad, de decencia, de honestidad, de transformación y sería muy duro para el país, para la gente, para nosotros, el que se retirara de la política.”

En efecto, Morena sigue sin tener un aliciente superior al que proviene de su líder y, por supuesto, de ese pegamento de conveniencias que es el poder y su venta de futuros.

Luján, quien es una política experimentada, sabe que la guerra interna en Morena no hará sino profundizarse. La sucesión adelantada genera división, pero además los grupos que integran al movimiento, porque eso es, son disímbolos.  Ahí conviven personajes de la izquierda radical, maoístas, viejos comunistas, una larga lista de antiguos priistas, la ultraderecha evangélica y toda clase de arribistas. ¿Quién los une? Hasta ahora solo López Obrador.

La tradición política mexicana indicaba que los expresidentes deberían tener un papel discreto para dar margen a su relevo. Era el secreto del antiguo sistema y los malos recuerdos del Maximato que impuso Plutarco Elías Calles y que terminó Lázaro Cárdenas. Con la normalización democrática esto empezó a cambiar y ahora hay exmandatarios que tienen un papel interesante en la agenda pública como Vicente Fox y Felipe Calderón, ambos expanistas, por cierto.

Del lado del PRI, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo han optado por una distancia que solo se rompe en coyunturas específicas. Enrique Peña Nieto, en cambio, se decantó por un silencio bastante conveniente, mientras observa desde Madrid como se derrumba lo que queda del partido que lo llevó al poder.

Más que el llamado de Luján, será la circunstancia específica la que defina la suerte de retiro de López Obrador o su necesidad de control de tribus y corrientes que se van a disputar los espacios con toda la fuerza. Una suerte de Maximato, al estilo de la 4T, pero Maximato al fin y más aún si las cosas no salen como esperan.

* Periodista, editor y escritor mexicano / Twitter: @JAndradeJ

Columna anterior: Cuando no estén Córdoba y Murayama

Julián Andrade Jardi | @SociedadN_

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