Opinión | Plural | ¿Preocupados por los pobres?

“Las cárceles están llenas de pobres”, lamentan muchos quienes antes ni los oían, ni los veían.

Por Martín García                                                        

Es lamentable que miles  de personas inocentes estén en las cárceles del país producto de la corrupción de un sistema judicial pervertido durante décadas. 

El tema de la prisión preventiva oficiosa es un asunto nada fácil de resolver, que como sociedad no tenemos una posición uniforme que satisfaga a quienes han sido víctimas de la delincuencia, que han sido secuestrados, violados, extorsionados o asesinado a un familiar, y el victimario se le permite llevar su juicio en libertad o a quienes tienen a un ser querido en las cárceles por un delito que no cometieron.  

Este problema no es privativo de nuestro país. Las injusticias producto de la pobreza y de la corrupción se dan por todo el planeta, pero de manera señalada en nuestro continente.

En septiembre de 2014, la revista colombiana Semana titulaba: “¿Es la cárcel solo para los pobres en América Latina?”: Su entrada era contundente:»¡Cinco años de cárcel por robarse una gallina!”; refería que dos hermanos pobres comieron la ave en un restaurante, después se fueron sin pagar la cuenta.

Mientras que uno de los protagonistas de uno de los fraudes al fisco más sonados de los últimos años en Chile, un empresario conocido con influencias y contactos, pagó una multa luego de un acuerdo y salió libre.

El asunto no es fácil de atender porque de una u otra manera perjudica o beneficia a unos y otros. Inocentes que no tienen un peso para contratar a un buen abogado preparado, justo, no corrupto, que los ayude a demostrar que no son culpables, y que su encierro significa, igual para sus familiares, estar detrás de las rejas.

Pero de igual manera desaparecer la prisión preventiva oficiosa traería consigo un inigualable beneficio en favor del crimen organizado, de narcotraficantes, de violadores, secuestradores, asesinos que al amparo de la desaparición absoluta de esta figura les permitiría abstraerse de la ley, fugarse y, sobre todo, seguir delinquiendo.

Interesante es el debate que se ha venido dando en estos días, donde se ha cuestionado “los mecanismos sociales y teóricos” que existen en los sistemas penales hoy en día,  que nos exige cambiar de concepción, es decir que ya no haya más inocentes purgando penas que no les corresponde pero tampoco que delincuentes probados sigan cometiendo transgresiones en contra de la sociedad y del país, y lo hagan en libertad porque un juez corrupto o amenazado decidió dejarlo en libertad.

Sí, el tema es interesante y apasionante para los eruditos de esta trama como se ha podido ver en los debates de los ministros de la SCJN. Este jueves el ministro Luis María Aguilar retiró su proyecto para proponer uno nuevo con las posiciones de todas y todos los ministros en busca consenso.

El debate continuará y en los próximos días conoceremos la nueva proposición del ministro Aguilar que, esperemos, sea votada por consenso por los integrantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y satisfaga a quien ha sido víctima del crimen organizado y pugna porque su victimario vaya a la cárcel; también a quien sin culpa alguna ha sido encerrado.

Lo lamentable es que todavía se escuchan voces que demandan desaparezca la prisión preventiva oficiosa bajo el argumento único de que les preocupan los pobres, los indígenas. No, pues no.

* Periodista

Fotografía: Axel Hernández | @SociedadN_

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