Raúl García Araujo

Opinión | En Corto | La militarización y el fracaso de AMLO

Lo que tanto criticó de Felipe Calderón, a quién acusaba de llevar a México a un baño de sangre, ahora lo vemos en su gobierno.

Por Raúl García Araujo                                            

Mientras el presidente Andrés Manuel López Obrador se enfrasca en un falso debate sobre la permanencia o no para que las fuerzas armadas continúen en tareas de seguridad en el país, lo verdaderamente importante es ver como fracasa su estrategia de “abrazos no balazos”.

Le insisto que es un falso debate, porque a pesar de que el Ejército, la Marina y la Guardia Nacional sigan en las calles, todos tienen la orden presidencial de no hacerle frente a los criminales porque según el jefe del Ejecutivo “son seres humanos y merecen nuestro respeto”.

En pocas palabras, de nada sirve que la clase política, sobre todo los dirigentes del PAN, Marko Cortés y del PRD, Jesús Zambrano, se sientan indignados por la propuesta del PRI de mantener hasta el 2029 a las fuerzas armadas en las calles para realizar tareas de seguridad, cuando en los hechos no hacen nada para confrontarlos y detenerlos, solo sirven de disuasión.

Debemos entender que en lo que resta del gobierno de la cuarta transformación, los delincuentes se afianzaron más en su conquista de apoderarse de territorio, sin que nadie les diga algo.

Me extraña que el presidente López Obrador esté conforme de cómo los criminales a través de la violencia extrema estén adueñándose de comunidades y pueblos enteros en el país.

Lo que tanto criticó de su archirrival Felipe Calderón, a quién acusaba de tener a México en un baño de sangre, ahora vemos lo mismo en su gobierno.

La sangre viene de los delincuentes que, en su demostración de poder, están dañando a poblaciones, porque saben que no habrá consecuencias de sus actos, ya que en Palacio Nacional prácticamente los “apapachan”.

Ahí están las “benditas redes sociales” que son testimonio diario de como los grupos criminales se dedican a sembrar el terror en las principales ciudades del país.

El pasado lunes, le tocó al estado de Veracruz. En pleno centro del municipio de Orizaba, con la mano en la cintura, tres delincuentes abrieron fuego contra las fuerzas armadas, sin importarles que en la ciudad había miles de personas realizando sus actividades.

En instantes, los videos de violencia dieron la vuelta al mundo.

La imagen era catastrófica, mujeres corriendo en medio del estruendo de balas, estudiantes corriendo en sus planteles educativos para resguardarse, gente en busca de un refugio.

Incluso, soldados dando indicaciones a la población para que se echaran pecho tierra y evitar así el impacto de las balas.

Eso se llama terror, señor presidente Andrés Manuel López Obrador.

Eso se llama inacción, señor presidente Andrés Manuel López Obrador.

Eso se llama fracaso de su política de seguridad, señor presidente Andrés Manuel López Obrador, aunque diga que se trata de un acto de “propaganda” de bandas.

A pesar de todo esto, aún está a tiempo de corregir y detener el avance de los criminales en México.

En sus manos está la orden de poner a trabajar al secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval; de la Marina, José Rafael Ojeda Durán y construir juntos una estrategia eficaz que se convierta en un muro de contención contra la delincuencia.

Abro un paréntesis aquí, no menciono a la todavía secretaria de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez, pues no venía haciendo nada y ahora que la Guardia Nacional pasa a manos de la Sedena, no queda claro su futuro tanto como funcionaria federal como en el ámbito político. Le cortó las alas, presidente López Obrador.

Retomando el tema, los estados de Zacatecas, Jalisco, Baja California, Chihuahua, Sonora, Morelos, Guerrero y ahora Veracruz, son la fotografía de que la estrategia de seguridad pública del gobierno federal no está funcionando.

Las noticias son insultantes no solo para los mexicanos sino también para quienes forman parte del Ejército y la Marina. Le hablo de esos delincuentes que efectivos de las fuerzas armadas los corren de comunidades y los agreden, pegando en la dignidad de ellos, pero sobre todo en el prestigio de las instituciones castrenses de México.

Este menosprecio, hiere la dignidad de nuestros soldados, y rompe el alma de nuestro patriotismo, que hoy está menguando porque deben seguir al pie de la letra la política de seguridad de “abrazos no balazos” destinada al fracaso.

En Cortito

En Cortito: Nos cuentan que el gobierno de Tlalnepantla y la Fiscalía General de Justicia del estado van contra los líderes de la agrupación “Fuerzas Progresistas” por estar presuntamente involucrados en los delitos de venta de drogas y alcohol adulterado a menores de edad, así como el robo de auto partes en el municipio. Nos dicen que el alcalde Antonio Rodríguez no dará marcha atrás en su programa de regulación de giros mercantiles a pesar de que este grupo agredió el pasado fin de semana a policías y verificadores cuando estaban realizando su trabajo. Ambas dependencias tienen bien ubicados a los incitadores de violencia y no tardan en detenerlos para que rindan cuentas ante la justicia.

Columna anterior: El Cuauh y la espiral de violencia en Morelos

Columna publicada de manera original en Dominio Público

Raúl García Araujo
Raúl García Araujo

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