Opinión – El Bastión de Papel | Los lobos que rondan Totolapan

Por Julián Andrade Jardi*                                             

Ser alcalde en Tierra Caliente, Guerrero, es jugarse la vida. El abandono en que se encuentran los poblados, desde hace años, permite que quienes impongan su ley sean los criminales.

En San Miguel Totolapan, mataron al alcalde Conrado Mendoza y a otras 19 personas porque así lo quisieron «Los Tequileros».

Inclusive en un video, difundido horas antes de la masacre, anunciaron que habían regresado a lo que consideran su territorio.

Sí, se dieron el lujo de promover su retorno. Es probable que el alcalde Mendoza ya supiera de los peligros que lo acechaban, porque unos días antes, murió en un extraño accidente carretero, Nazario Domínguez, el director de Desarrollo Rural del Municipio.

«Los Tequileros» se sienten fuertes porque establecieron una alianza con el Cártel de Jalisco Nueva Generación. Antes fueron un brazo de sicarios de los «Guerreros Unidos».

Un drama que muestra los pliegues más complicados de la inseguridad que azota a regiones del país y que está arraigada, en usos y costumbres alimentadas por la debilidad institucional. Es ahí, en esos lugares, como Totolapan, donde se advierte el daño enorme que causa no contar con policías municipales, donde la presencia estatal es limitada y la federal poco frecuente.

Es dejar a poblaciones enteras en manos de los lobos, a su merced y capricho.

Hace algunos años, un funcionario de las Naciones Unidas, solía hacer el símil de las poblaciones que en la Edad Media tenían que encerrarse por las noches para no ser presas de la fauna nociva. Un terror oscuro recorría las horas y los días. Esa es una de las mejores descripciones de la debilidad en seguridad pública si lo observamos desde prisma del presente.

Lo terrible es que resulta un cuento de nunca acabar, una crónica anunciada de las muertes que seguirán azotando a los municipios, mientras en los tres poderes de gobierno se escabullen de su responsabilidad primaria y elemental: garantizar la vida de los ciudadanos.

Ricardo Mejía, el subsecretario de Seguridad, señaló que la masacre es consecuencia de las disputas criminales entre el CJNG y la «Familia Michoacana».

Es un discurso que suena conocido, porque lo es, porque llevamos escuchando décadas. Y no es que no sea correcto, lo es, pero rara vez se acompaña de planeamientos que puedan incidir en un cambio de la situación en que se encuentran quienes habitan en Tierra Caliente y, por supuesto, en otros lugares del país.

No es que no funciones la estrategia de seguridad, en Totolapan nunca la hubo, y por eso las muertes se van sucediendo en una espiral que no termina.

Se trata de obviar lo evidente, el crimen organizado quita alcaldes por la vía del asesinato. Sí, así de crudo, de salvaje y silvestre.

* Periodista, editor y escritor mexicano / Twitter: @JAndradeJ

Columna anterior: Ayotzinapa, el desastre procesal de la FGR

Julián Andrade Jardi | @SociedadN_

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