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Opinión | Que no le digan… | Entre Lázaro Cárdenas y López Obrador

El 7 de julio de 1940 los mexicanos acudieron a las urnas. El candidato ganador debería de suceder al general Lázaro Cárdenas quien pudo concretar varias de las aspiraciones sociales de la Revolución Mexicana:

Por Mario A. Medina                                                            

“El reparto agrario, la educación socialista, la expropiación petrolera, el apoyo a las luchas obreras y sindicales, el asilo a los niños de Morelia”, muchas, muchas más.

“La memoria de Cárdenas se formula como una historia heroica, relativa a un ser poseedor de dotes casi sobrehumanas, (…) es percibido como un héroe y como un santo, es divinizado, adquiere dimensiones mesiánicas. Se le presenta como un héroe que lucha contra el mal: es fuerte, poderoso, bueno, omnipotente, pero con rasgos humanos (…) ´tiene muchos güevos´. Se le atribuyen rasgos arquetípicos como padre (Tata), juez, protector o jefe”, señala Verónica Vázquez Mantecón en su análisis, “Lázaro Cárdenas en la memoria colectiva”.

“El presidente, en concordancia con su discurso, llevó una vida pública de carácter discreto, sin ostentaciones y sin utilizar los cargos públicos para su enriquecimiento personal. Por medio de estas acciones Cárdenas impuso respeto y dignidad a la institución presidencial, fortaleciendo al Estado frente a la sociedad, al tiempo que ofrecía mediante su carisma una cercanía con amplios sectores de la población”, señala.

Era percibido como un radical, como un presidente socialista. De una u otra manera la administración del presidente de los EU, Franklin D. Roosevelt aceptó la decisión de Cárdenas de expropiar nuestro petróleo, atendiendo la política de “buena vecindad”, pero sobre todo para evitar que el gobierno mexicano tuviera una fuerte influencia de las naciones del eje: Italia, Alemania y Japón.

El mandatario estadunidense decía que Cárdenas era “difícil de convencer por los norteamericanos” y lo calificaba de ser un “obstinado” en la defensa de los intereses nacionales, ha señalado Juan Ortiz Escamilla, doctor en historia del Colegio de México.

El 2 de noviembre de 1939, la Asamblea Nacional del Partido de la Revolución Mexicana (PRM) aprobó el Segundo Plan Sexenal 1941-1946, y un día después proclamó como candidato a la presidencia de la República al general Manuel Ávila Camacho.

Los sectores políticos del país suponía que el “bueno” sería el general Francisco J. Mújica por su cercanía a Cárdenas, sin embargo se le percibía “aún más radical”, pero debido a los conflictos con los empresarios “afectados” por la política agrarista y obrerista, las presiones crecientes de la derecha católica y los apremios de las empresas petroleras, hicieron que Cárdenas se decantara por quien después se le llamó, “Presidente caballero”.

Historiadores consideran que Cárdenas dejó en el camino a Mújica porque “quizás estimó que la revolución había llegado a sus límites máximos más allá de los cuales estallaría la violencia contrarrevolucionaria y podría perderse todo lo avanzado”, y ante ese posible retroceso, el politólogo, Daniel Cosío Villegas escribió: [entonces] “supe que la revolución mexicana iba a dar la vuelta (…). Cárdenas pudo haber inventado a un hombre que hubiera proseguido su obra, no frenado. Pero el giro hacia Ávila Camacho representó un cambio de rumbo”.

En libro, “Ideología y Praxis Política de Lázaro Cárdenas” de Tzvi Medin, editorial Siglo XXI, el autor recuerda que cuando se acercaba la sucesión presidencial los rumores de una posible reelección del Presidente, “no surgieron de los círculos reaccionarios”, acaso porque había una petición a partir de una carta firmada “no solo por los gobernadores de los estados y jefes militares sino, inclusive, por miembros del propio gabinete”.

Sin embargo Cárdenas rechazó la solicitud que planteaba la “necesidad” de consolidar su obra, por lo que mostró “su respeto a la Constitución y al cauce institucional”.      

Vendría lo que se llamó la “teoría del péndulo”: un presidente de “derecha” y otro de “izquierda”, dentro del marco de la “revolución institucionalizada”. Fue el tiempo del “tapado”, cuando el Presidente tenía entre sus cercanos a quien lo iba a suceder, el que le aseguraba la continuidad de su proyecto, pero también impunidad.

Se dice que el primer “tapado” como tal, porque en realidad hubo antes muchos, fue Adolfo López Mateos, quien no era considerado como uno de los favoritos de Adolfo Ruiz Cortinez.  En el diario Excélsior, el  caricaturista Abel Quezada creo la imagen de un encapuchado que fumaba cigarrillos; era uno de los gustos del mexiquense. Le “atinó”.

Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel De la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo jugaron al “tapadismo”. Muchos eran los tapados pero solo uno era el bueno.

El presidente Andrés Manuel López Obrador se ha comprometido que de su parte no habrá la imposición de un candidato. A sus cercanos, a sus “hermanos”, les quitó la capucha. Lo mejor es que todos los interesados participen de manera transparente en la sucesión presidencial, ha señalado.

¿Qué tanto se podría extrapolar las condiciones del gobierno del general Lázaro Cárdenas con la administración de Andrés Manuel López Obrador y concluir que las circunstancias en aquel momento son muy parecidas a las confrontaciones de hoy con la derecha económica y política del país? 

Probablemente muchas de las políticas sociales y decisiones políticas de hoy tienen su origen en aquel gobierno lo que ha redundado en beneficio de las capas sociales más olvidadas en las últimas décadas, particularmente por parte de los gobiernos del neoliberalismo.

Así como aquella sociedad percibía a Cárdenas “como un héroe y como un santo, divinizado, de dimensiones mesiánicas”, una buena parte de la sociedad de este tiempo ve de manera muy parecida a López Obrador y piensa que su proyecto debe continuar.

En este año, previo a las elecciones del 2024, muchos no tienen duda que será el propio López Obrador quien decida qué candidata o candidato presidencial deberá de representar a Morena. Él dice que no meterá la mano; que será mediante una encuesta como se decida al o la aspirante morenista a sucederle.

Varios son quienes suponen que las encuestas no serán decisorias, y se preguntan: ¿Por quién se decantará AMLO? ¿Por el o la que signifique la continuidad de su proyecto de manera total y absoluta o se decidirá por quien respete en buena parte su proyecto, pero evite choques con la derecha y sea palomeado por EU? ¿Qué tanto peso tendrá la situación nacional e internacional como sucedió aquel 2 de noviembre de 1939?

Son muchos los parangones que podemos encontrar como presidentes de México entre Lázaro Cárdenas y de López Obrador. ¿La recta final de sus gobiernos qué tanto se parecerá?

Que no le cuenten…

Sí, penoso lo de la tesis de la ministra Esquivel. Aunque pudiera ser verdad que la suya es la original, ya nadie le va creer. ¿Cuántos de los que gritan al ladrón, al ladrón se birlaron otros trabajos y los presumen como propios? ¡Ah, qué mis “respetables” lics!

*Periodista: @MarioA_Medina

Columna anterior: La cara de Jesús Zambrano

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