Sinagoga inflable flota sobre Venecia y resignifica la historia del exilio judío

La artista Anna Kamyshan presentó en Venecia la sinagoga inflable Nabatele, una instalación de 12 metros que homenajea la memoria del pueblo judío y reflexiona sobre el exilio y la identidad.

Por Deyanira Vázquez | Reportera                                        

Una sinagoga inflable de 12 metros de altura se ha convertido en una de las instalaciones más llamativas del verano en Venecia. La obra, denominada Nabatele, flota sobre la laguna cercana al Arsenal, uno de los principales espacios de la Bienal de Venecia, como un homenaje a la memoria del pueblo judío y a la historia del exilio.

Creada por la artista y arquitecta Anna Kamyshan, originaria de Ucrania y radicada en Londres, la estructura está inspirada en las antiguas sinagogas de madera que durante siglos formaron parte de los shtetls, las pequeñas comunidades judías de Europa del Este. Su diseño busca recuperar una arquitectura prácticamente desaparecida tras el Holocausto y convertirla en un símbolo visible de identidad y resistencia.

Una obra que desafía la historia

La instalación adquiere un significado especial en Venecia, donde hace cinco siglos las sinagogas debían permanecer ocultas dentro de edificios comunes y no podían distinguirse desde el exterior.

En contraste con ese pasado, Nabatele permanece suspendida sobre el agua gracias a una estructura inflada con helio, visible desde distintos puntos de la ciudad y concebida para representar una presencia que durante siglos fue invisibilizada.

Para Anna Kamyshan, el hecho de que la sinagoga no tenga cimientos constituye uno de los principales mensajes de la obra.

La artista ha explicado que buscó representar el constante desplazamiento que ha caracterizado a numerosas comunidades judías a lo largo de la historia, reflejando una identidad marcada por el movimiento y la búsqueda permanente de un lugar donde establecerse.

Una historia personal detrás de la instalación

La creación de Nabatele también está vinculada con la historia familiar de la artista.

Anna Kamyshan descubrió a los 11 años sus raíces judías, las cuales permanecieron ocultas durante décadas debido a que su abuelo sobrevivió a la masacre de Drobitsky Yar, ocurrida cerca de Járkov durante la Segunda Guerra Mundial.

Tras sobrevivir a la persecución nazi, el abuelo de la artista cambió su nombre para ocultar su identidad y guardó silencio sobre su pasado durante años, hasta que un viaje familiar a Israel motivó que compartiera su historia.

Memoria, identidad y presencia

La escultura recuerda tanto a las comunidades judías exterminadas durante el Holocausto como a siglos de desplazamientos forzados y dificultades para encontrar un lugar seguro donde desarrollar su vida comunitaria.

El nombre Nabatele, derivado de una palabra en yiddish asociada con un llamado a la acción, retoma un proyecto audiovisual previo de Kamyshan en el que una sinagoga flotante recorría ciudades como Londres, Nueva York, Varsovia, Berlín, Jerusalén y Odesa.

Permanecerá en Venecia hasta septiembre

La instalación permanecerá expuesta hasta mediados de septiembre y requiere vigilancia permanente para evitar daños y mantener estable la estructura suspendida sobre la laguna.

De acuerdo con la artista, diversas instituciones judías de otros países ya manifestaron interés en albergar la obra una vez concluya su exhibición en Venecia.

Con su presencia sobre el agua, Nabatele transforma el recuerdo del exilio en una representación contemporánea de la memoria, la identidad y la permanencia cultural del pueblo judío. –sn–

Sociedad Noticias

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