Descubre cómo Tijuana consolidó la cocina Baja Med, una propuesta creada por Miguel Ángel Guerrero que combina ingredientes regionales, tradición mexicana e influencias mediterráneas y asiáticas.
Por Deyanira Vázquez | Reportera
Tijuana convirtió su diversidad cultural y la riqueza de sus ingredientes en una identidad gastronómica propia, impulsada por la cocina Baja Med, una corriente que fusiona sabores mexicanos, técnicas mediterráneas e influencias orientales.
Creada por el chef Miguel Ángel Guerrero a principios de los años 2000, esta propuesta coloca los productos de Baja California en el centro de cada preparación y conecta los recursos del mar, los valles agrícolas y las tradiciones de las comunidades que habitan la frontera.
A 25 años de su surgimiento, la cocina Baja Med mantiene su presencia en la oferta culinaria de la región y forma parte de los atractivos que acercan a viajeros nacionales e internacionales a la gastronomía tijuanense.
Una cocina con identidad fronteriza
La propuesta de Guerrero nació de la combinación de tres influencias: la cocina mexicana, las técnicas mediterráneas y los sabores orientales, presentes en la historia migratoria de Baja California. Su filosofía privilegia los ingredientes frescos de la península, entre ellos pescados, mariscos, verduras, hierbas y productos agrícolas de temporada.
El aceite de oliva, los vinos regionales, las salsas, los adobos y las preparaciones tradicionales conviven en una cocina que aprovecha la diversidad del territorio. La influencia asiática, particularmente de las comunidades chinas y japonesas asentadas en la región, también forma parte de este intercambio culinario.
El concepto se desarrolló alrededor de La Querencia, restaurante fundado por Guerrero en 2001, donde comenzó a tomar forma una propuesta que buscaba expresar el carácter de Baja California a través de sus ingredientes y de la experiencia personal del chef.
De Tijuana a nuevos escenarios gastronómicos
La cocina Baja Med surgió en un entorno marcado por la cercanía entre Tijuana y Estados Unidos, la actividad pesquera del Pacífico, la producción agrícola y vitivinícola, y la convivencia de distintas culturas. Esa combinación favoreció una cocina que no depende de una sola tradición, sino que integra técnicas e ingredientes de procedencias diversas.
Otros cocineros, entre ellos Javier Plascencia, desarrollaron propuestas propias vinculadas con los productos y la identidad gastronómica bajacaliforniana. Aunque cada chef mantiene su estilo, sus trabajos contribuyeron a ampliar la atención sobre la cocina de la región.
La evolución de esta corriente también ha impulsado el interés por los restaurantes, los productos locales y las experiencias culinarias que conectan la ciudad con los valles vitivinícolas y las comunidades costeras. –sn–


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