Cocinar con la milpa es en esencia alimentar el cuerpo y el espíritu con raíces profundas y sabores auténticos.
Por Fausto Hernández | Reportero
Nopales, calabaza, elote, huitlacoche, flor de calabaza, quelites, frijol y un sin fin de plantas comestibles y suculentas forman parte de los nuevos menús inspirados en la Dieta de la Milpa, que se sirven en los 85 comedores populares para el Bienestar que están a cargo del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de la Ciudad de México, que encabeza Beatriz Rojas Martínez.
Sopas de nopales y chile morita y calabaza con hoja santa o crema de elote tatemado, así como entradas de quesadillas de huitlacoche con epazote, tamalitos de maíz rellenos de frijol y queso o gorditas de amaranto y frijol con pico de gallo, se sirven de lunes a viernes a quienes acuden, principalmente personas de escasos recursos, a los establecimientos en los que se sirve comida del día y calientita por la cantidad de 11 pesos.
El recetario inspirado en la Dieta de la Milpa incluye deliciosas ensaladas elaboradas con quelites frescos con amaranto, calabaza tierna y flor de calabaza o nopales con maíz; los platos fuertes pueden ser mixiotes de pollo con vegetales, pescado empapelado con salsa de epazote o bien calabacitas rellenas de huitlacoche y elote.
Postres de nicuatole, flan de requesón con cilantro y helado artesanal de maíz, entre otras delicias inspiradas en plantas comestibles se ofrecen a las más de 200 personas que acuden a estos lugares operados por grupos solidarios que forman parte del programa
De los menús han sido eliminadas las aguas azucaradas y embutidos; las recetas, elaboradas por nutriólogos, buscan rescatar y celebrar la riqueza de la Dieta de la Milpa, mostrando como estos ingredientes tradicionales, basados en la asociación de maíz, frijol, calabaza y chile, pueden convertirse en platillos nutritivos, variados y llenos de sabor.
A través de las nuevas recetas se honra la sabiduría ancestral que entendió que la diversidad es la clave para la salud del suelo, de la comunidad y del cuerpo, esta dieta no solo aporta proteínas, vitaminas y minerales esenciales, sino que también fortalece nuestra identidad cultural y nos conecta con prácticas agrícolas respetuosas con la tierra.
Cocinar con la milpa es en esencia alimentar el cuerpo y el espíritu con raíces profundas y sabores auténticos. –sn–


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