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Opinión | Que no le digan… | Aquella decisión Estado

Bien vale regresar el cassette, la cinta de nuestra memoria.

Por Mario A. Medina                                                            

Bien vale regresar el cassette, la cinta de nuestra memoria. Recordar aquellas imágenes que circularon por miles en las redes sociales y a través de los noticiarios de televisión que nos dejaban ver a la población de Culiacán en Sinaloa, corriendo, tratándose de resguardar de las acciones del cártel de Sinaloa para liberar a Ovidio Guzmán, el hijo de «El Chapo» Guzmán.

El portal Infobae detallaba en una crónica de aquel 17 de octubre de 2019, y que éste jueves el mismo sitio web recordó: “Era una tarde calurosa y despejada la que marcó el mandato de AMLO. La temperatura rondaba los 32 grados. Los niños ya habían salido de clase y los oficinistas se encontraban en plena hora de la comida cuando tronaron los primeros balazos.

“´Me tocó presenciar un par de balaceras cuando iba por mi hija´”, recordó el académico de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), Juan Carlos Ayala Barrón. “También vi las camionetas que iban y venían llenas de personas armadas, las quemas de vehículos en los puentes de la ciudad y la huida desesperada de la gente”.

“El ´culiacanazo´ los agarró en sus casas o resguardados en algún lugar de la ciudad. La mayoría recibieron una oleada de mensajes, videos y audios por WhatsApp que los informó sobre lo que estaba sucediendo afuera. Se hablaba de una marcha de hombres armados (…). Otros mensajes advirtieron que venían en camino más sujetos armados desde la sierra, la costa y otras ciudades vecinas.

“La peor parte se la llevaron los que estaban en la calle. Mujeres, niños, estudiantes y familias enteras tuvieron que refugiarse en oficinas, colegios, plazas, restaurantes y casas ajenas. Unos se escondieron como pudieron entre los autos que estaban estacionados. Otros se recostaron sobre el pavimento. Nadie sabía a ciencia cierta lo que estaba pasando, pero el miedo ya se había apoderado de los culiacanenses”.

En la televisión pudimos ver el momento de la detención. Un grupo de  soldados rodearon la casa. De una puerta una mano se agitaba, luego salieron un par de jóvenes, una mujer y un hombre; instantes después se escucha: “¡Sal, Ovidio!”. Por fin sale “El Chapito” o  “El ratón”, quien entrega a su amigo una pistola y sale de la casa. Levanta las manos, se quita la gorra y se pega de cara a la pared vigilado por un militar, para luego ordenar a sus sicarios a través de su celular: “¡paren el desmadre!”.

El problema era algo más que un “el desmadre”.  Los sicarios apuntaban sus armas contra civiles. Amenazaban que atentarían contra los habitantes de una unidad habitacional militar. Se reportaban “narcobloqueos” por doquier.

El presidente Andrés Manuel estaba siendo informado por el Gabinete de Seguridad de lo que estaba ocurriendo; veía las imágenes y escuchaba los reportes de los medios. Aquello podría salirse de las manos y escalar problemas gravísimos para su gobierno. Seguramente por su cabeza en segundos pasaron otras imágenes y las posibles “ocho columnas” del día siguiente en el país y en el mundo: “Para liberar a Ovidio, matan a cientos”; “México ensangrentado”, “Masacre en México”.

Fue entonces cuando tomó una decisión que iba a ser políticamente costosa, que iba a ser aprovechada por la oposición para descalificar a su gobierno y afirmar que se protegía al cártel de Sinaloa. Ordenó al Secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval: “Paren el operativo y liberen a Ovidio”. La instrucción se cumplió.  

Ocho meses después en un evento en Cuernavaca Morelos, el Presidente reconoció que la decisión de liberar a Ovidio la tomó él. “Yo ordené que se detuviera ese operativo y se dejara en libertad a ese presunto delincuente para no poner en riesgo a la población, porque iban a perder la vida, si no suspendíamos el operativo, más de 200 inocentes”.

Ya en este 2023, en la víspera del día de Reyes, cuando buena parte del país aún dormía. Antes de las seis de la madrugada, las notas electrónicas en los celulares y las estaciones de radio daban cuenta que Ernesto Alberto Piñón de la Cruz, alias El Neto, había muerto durante un operativo para su recaptura, después de haberse fugado (las primeras horas del 1 de enero) del Cereso número 3 de ciudad Juárez. Todo indicaba que esa era la nota del día, del joven que nunca pudo purgar los 240 años de cárcel por todos sus delitos. 

Momentos después, otro hecho comenzó a cimbrar al país. Se hablaba de narcobloqueos en Culiacán, y las autoridades llamaban a la población a no salir de sus casas. Imágenes, por redes, daban cuenta de cómo desde un helicóptero salía una ráfaga de disparos supuestamente sobre una vivienda o del tiroteo en contra de un avión del Ejército mexicano y de una nave de Aeroméxico. Ya para ese momento se decía que los narcobloqueos  y disparos eran por la detención del hijo de El Chapo. Incluso la agencia de noticias Reuters, informaba que en un enfrentamiento habría muerto Ovidio.

Los días siguientes, las semanas, los meses, un par de años después de aquel octubre de 2019, la oposición a López Obrador siguió cuestionando; hablaron de “incapacidad” de “colusión” con el cártel de Sinaloa; se burlaban de su estrategia de “abrazos, no balazos”.

Hoy, PAN y PRD atribuyeron la detención de Ovidio por la llegada de Joe Biden México. Algunos medios como Reforma cabecearon: “Biden lo pide… y AMLO lo tiene” y El Universal: “Welcome to México presidente Biden”. Era evidente que se pensara –no se podrá demostrar- que la detención tuviera que ver con la llegada del Presidente estadunidense. “Un regalito” se dice. Sin embargo, nadie, al menos cuando redacto este texto, ha vuelto a decir, ha vuelto a reiterar que haber dejado libre a Ovidio fue un error.

Y es que con Ovidio hoy en el Antiplano, donde estuvo preso su papá, y con la información de que el operativo de madrugada, preparado con “inteligencia”-como explicó la secretaria de seguridad, Rosa Icela Rodríguez-, para su detención, no dejó un solo muerto de entre la población civil, lamentablemente sí de militares.

Efectivamente como tuvo que reconocer Ciro Gómez Leyva, “Quizá, el Presidente acertó entonces; sin duda, su equipo de Seguridad, su Guardia Nacional y su Ejército, acertaron hoy”. Sin duda, aquel 17 de octubre, aquella decisión de Estado fue la correcta para evitar un baño de sangre y que bueno que se reconozca.

Que no le cuenten…

En octubre de 2019, The New York Times publicó que la liberación de Ovidio Guzmán había significado una “humillación” para López Obrador. El mandatario afirmó: “Si hicimos bien o hicimos mal, ya la historia lo dirá”. Hoy el diario español, El País, ha anotado sobre la detención del joven narcotraficante, el Presidente “ha vuelto sobre sus pasos”. Lo llama: “La redención de López Obrador”.

*Periodista: @MarioA_Medina

Columna anterior: 2022-2023

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